|
Manuel Chaves. Presidente de la
Junta de Andalucía Excmas. e Ilmas.
Autoridades, Sras. y Sres.:
A los quince días de la salida de Colón de Palos en la ribera de Huelva, Elio Antonio de
Nebrija, entregaba a la imprenta en Salamanca el original de su Gramática castellana.
No acabaría el año 1492 sin que la lengua española, gracias al Diario del almirante,
dejara constancia escrita de su presencia inicial en América.
Comenzaba así una relación que, por, encima de avatares y circunstancias políticas y
económicas, constituye aún hoy día nuestro más importante activo patrimonial y nuestra
más preciada seña de identidad.
La lengua es, en efecto, el hilo conductor que comunica a Cervantes con Borges, que hace
inteligibles los versos barrocos de Góngora o Sor Juana Inés de la Cruz y que permitió
expresar a Neruda, en un pasaje inolvidable, su admiración estremecida cuando conoció
una tarde a Federico en Madrid.
Español en una y otra orilla atlántica, el mismo y también diverso, porque se fue
enriqueciendo con aportes culturales y lingüísticos hasta producir ese espléndido
mestizaje de tonalidades, donde se funden los sentimientos e ideas que todos compartirnos.
Manuel Alvar ha dicho con frase feliz que al llegar a América «el español se aindió»,
no sólo porque aceptara términos nuevos, sino porque al hacerlo cobró inusitado valor y
realce.
Quisiera destacar, en este contexto, el protagonismo de Andalucía, patria de Nebrija y
puerto donde embarcó la imprenta. Además de hombres, productos, estilos o creencias, se
hizo a la mar, sobre todo, el habla viva de una lengua, que contribuyó de manera decisiva
a configurar el español de América.
De regreso, como si fueran «cantes de ida y vuelta», nos llegaron en entrañables cartas
de emigrados nuevos conceptos con los que ampliar nuestro vocabulario cotidiano.
Cinco siglos después, la lengua de Nebrija vive un proceso de expansión y crecimiento.
Este es un indudable motivo de satisfacción que, a pesar de todo, nos preocupa por las
consecuencias que pudiera tener en su conservación y en su proyección de futuro.
Vivimos una etapa de cambios acelerados, de fluidos contactos interlingüísticos, de
avances tecnológicos, de mimetismo e influencia audiovisual. No podemos permanecer ajenos
a este escenario, si queremos consolidar el castellano como uno de los idiomas básicos
del siglo XXI. |
|
Para ello es preciso impulsar su difusión y su correcta utilización. Las Academias
de la Lengua y el recién creado Instituto Cervantes, son los organismos destinados a
concretar ambos objetivos. Su aplicación, sin embargo, nos corresponde a todos y en
especial a los profesores e investigadores, a los escritores, a los medios de
comunicación y a cuantos han hecho de la palabra una actividad profesional o una hermosa
tarea creativa.
En nuestros días la lengua española es una pertenencia compartida que nadie puede
monopolizar, porque es mucho más que la expresión de un país determinado. Es el
vehículo de un universo cultural que se desborda por el Mediterráneo, el Atlántico y el
Pacífico, con progresiva influencia en otras zonas del mundo.
Sé que éstas y otras cuestiones van a centrar los debates e intervenciones de estos
días. Al darles la bienvenida más cordial a Andalucía, deseo felicitar al Profesor
Lázaro Carreter por su brillante conferencia inaugural, así como agradecer a los
organizadores, colaboradores y patrocinadores, la celebración en Sevilla de este Congreso
sobre la Lengua Española.
Tal iniciativa en Andalucía, en 1992 año de América y de Nebrija, es un
estímulo y, al mismo tiempo, un compromiso con el idioma que nos une y que nos identifica
ante el mundo.
|