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«Los mandarines. Historia del bosque de los letrados», de Laureano Ramírez.

 


El tercer Premio Nacional de Traducción de España que le correspondió al chino fue dado a Laureano Ramírez en 1992 por su larga traducción de Rulin waishi de Wu Jingzi (1701-1754) o Los mandarines. Historia del bosque de los letrados 1.

La obra está considerada como una de las grandes novelas de ese país con cuatro grandes novelas que es China: Sueño en el pabellón rojo, Viaje al Oeste, Shuihu zhuan (Relatos del hampa) y Sanguo yanyi (Novela de los tres reinos). Pero la importancia de Los mandarines dista mucho de ser universal, como sucedía con la de los otros dos libros premiados con el Nacional.

La obra en cuestión consiste en una serie de anécdotas de diversa índole cuyos protagonistas son, invariablemente, los letrados de la dinastía Qing. No existe una trama que unifique la obra: la unidad está en el tema, que son los letrados, con sus miserias, sus grandezas, sus rarezas, sus diversiones y sus manías.

 

Tibor «Familia rosa». China, dinastía Qing, primera mitad del siglo XVIII. Porcelana. Altura: 88 cm; diámetro: 43 cm. Palacio de La Granja de San Ildefonso, Segovia, Patrimonio Nacional [10027298].

  Tibor «Familia verde». China, dinastía Qing, primera mitad del siglo XVIII. Porcelana. Altura: 90 cm; diámetro: 27,5 cm. Palacio de La Granja de San Ildefonso, Segovia, Patrimonio Nacional [10026324].

Las dificultades de traducción del libro son esencialmente distintas de las que presentan el Cancionero chino y el Libro del Tao, pues se derivan del género novelístico. Pero, a pesar de dichas dificultades, la prosa de L. Ramírez es capaz de (re)producir maravillosamente cambios de registro, plantear metáforas, lanzar insinuaciones, gastar bromas, ser irónica y crear una sensación tanto de naturalidad como de extrañeza en el lector que se deriva del estilo elegido, un estilo que parece buscar un tono literario a veces antiguo y en desuso (en los tratamientos con vos, por ejemplo), sin renunciar por ello a emplear, en general, los términos y las estructuras sintácticas del castellano moderno. La traducción lanza implícitamente al lector el mensaje de que está leyendo literatura antigua, pero sin que por ello toda la traducción imite la prosa, digamos, del Buscón. El traductor consigue un equilibrio, un punto medio, gracias a ese lenguaje suyo que no es ni plenamente antiguo ni totalmente moderno, sino una mezcla de ambos, una fabricación ad hoc. La obra, por lo demás, está salpicada de un sentido del humor brillantemente mantenido en la traducción.

Fue la primera gran novela china traducida íntegramente al español.

Notas:

1. Seix Barral, Barcelona, 1991. Volver

 

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