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El Archivo General de Simancas
primer ensayo logrado de organizar en Castilla un depósito de fondos del
estado está ubicado en una fortaleza mandada levantar, en el último tercio del
siglo XV, por los almirantes de Castilla y que, muy pronto, los reyes incorporarían a la
Corona.
Aunque los Reyes Católicos ponen la base para la
formación de un archivo al iniciar el desarrollo del aparato administrativo del poder, es
Carlos V el que convierte en realidad tan importante decisión. El Emperador, al mismo
tiempo que dispone el traslado de los primeros papeles a la fortaleza de Simancas, por
Real Cédula de 16 de septiembre de 1540, elige para su instalación uno de los cubos del
castillo, el Cubo del Archivo, acondicionado entre los años 1542 y 1543, y
nombra a Diego Catalán tenedor del incipiente depósito de documentos.
Si a Carlos V corresponde el honor de haber sido
el fundador del Archivo, es Felipe II quien impulsa su crecimiento y organización.
Mientras prosigue la recogida e incorporación masivas de documentos, el Rey pone en manos
de Juan de Herrera y Francisco de Mora la ampliación y acondicionamiento del espacio, con
tal acierto que la arquitectura se subordina a los criterios archivísticos a la vez que
refleja la imagen del poder: el Archivo de Simancas no es un simple depósito de papeles,
sino el archivo de la Corona. En este mismo sentido, Felipe II se propone, también,
dotarlo de una organización interna a través de una Instrucción, dictada en 1588, que
determina las funciones archivísticas de recogida, descripción y conservación de
documentos, dotación de personal, horario de trabajo, salarios, etc., y que se ha
considerado el primer reglamento de archivos.
El Archivo de Simancas se
constituye así, durante los siglos XVI y XVII, en el archivo de la acción administrativa de la Corona
en sus dilatados dominios y, por ello, es hoy centro de investigación casi obligado de
cuantos estudiosos se ocupan de la Historia de Europa.
La influencia de la Ilustración en el siglo XVIII se
manifiesta, evidentemente, en el Archivo: el predominio de la razón y de la crítica,
aplicados a las fuentes documentales, se concreta en la búsqueda y sistematización de
las mismas, lo que para Simancas significa el desgarro de sus fondos. En 1785 se traslada
a Sevilla la documentación del Consejo de Indias con el fin de reunir todos los
documentos relacionados con América y preparar una historia de la colonización
española, que cimiente derechos frente a las apetencias de otras naciones y sirva para
neutralizar matices tendenciosos de historias escritas por extranjeros. Otros fondos
documentales saldrían de Simancas más tarde: en 1852, la documentación del Consejo de
Aragón y en 1914, la del Consejo de la Suprema Inquisición.
El cambio profundo que a mediados del siglo XIX supone,
en todos los órdenes, la caída del Antiguo Régimen, se refleja en Simancas mediante el
paso de archivo administrativo a archivo histórico. La llegada de la última remesa de
documentos, en 1852, pone fin a su función de archivo administrativo de las monarquías
austríaca y borbónica. Con la apertura a la investigación, en 1844, y la creación del
Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, en 1858, inicia su
andadura como Archivo Histórico y Centro de Investigación para quienes desean adentrarse
en la documentación que generan los consejos de la época de los Austrias y las
Secretarías de Estado y del Despacho de la etapa borbónica, cada cual en el área de sus
competencias y al nivel de la Administración Central del Estado, ofreciendo un conjunto
documental orgánico y fiel a las instituciones que lo generaron.
Sus 80 000 legajos pueden clasificarse en dos
grandes bloques: el producido por la acción de gobierno y gestión política,
administrativa y militar, tanto interior como exterior, y el que comprende la
documentación de hacienda, fiscal y económica. |