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El actual Archivo de la Corona de Aragón
es el resultado de la evolución del Archivo Real de Barcelona, creado por Jaime II el
Justo (1291-1327), que fue el archivo único y central de la Corona desde 1318 hasta 1348,
año en el cual las cortes aragonesas de Zaragoza crearon el Archivo del Reino de Aragón
(aunque este no fue realidad hasta su refundación en las cortes de Calatayud de 1461).
Procede también del Archivo Real de Valencia
(creado en 1419), responsable de los fondos de la magistratura de control económico de la
administración del reino y de los del Maestre Racional del Reino de Valencia, registros
creados específicamente con documentos relativos a la administración valenciana.
El matrimonio de Fernando II de Aragón con
Isabel I de Castilla y, sobre todo, el acceso de la dinastía austríaca al trono
hispánico, produjo importantes cambios en la administración, que tuvieron su reflejo en
la organización archivística de la Corona.
Iniciada bajo Fernando el Católico, y potenciada
por Carlos I, aparece la Administración de los Consejos. La vasta Monarquía
Hispánica se organiza en un régimen polisinodial. Al frente de la administración
de los territorios de la Corona hay un virrey, que crea su propia documentación, cuyo
registro se deposita en los archivos reales de Barcelona, Zaragoza y Valencia. Pero,
simultáneamente, en el seno del Consejo de Aragón, el rey sigue gobernando los
territorios y generando, por ende, registros de la documentación creada a su nombre.
En el año 1714 las tropas de Felipe V vencen la
resistencia proaustríaca de los diversos territorios de la Corona. Las leyes y decretos
de Nueva Planta liquidan la Corona de Aragón. Los diversos archivos reales de los
territorios dejan de ser archivos de administraciones vivas y van, poco a poco,
convirtiéndose en archivos «históricos».
Javier de Garma, que fue jefe del archivo de
Barcelona (1740-1783), intentó crear un verdadero Archivo de la Corona de Aragón
reuniendo en Barcelona, sede del archivo madre, los fondos de la administración real de
los territorios históricos. El proyecto de Garma inspiró la política del que fue el
verdadero creador del Archivo de la Corona de Aragón: Pròsper de
Bofarull i Mascaró (1814-1840; 1844-1849).
Bofarull abrió el Archivo a la recepción de
fondos institucionales y privados que corrieran el riesgo de pérdida por falta de un
sistema archivístico. Esta tarea la continuaron sus sucesores, lo que llevó al Archivo
de la Corona de Aragón más de un centenar de grandes y pequeños fondos. Y, entre ellos,
los que desde 1621 no fueron remitidos a los archivos territoriales.
Entre sus series documentales cabe destacar su
colección de pergaminos (siglos IX-XVIII) y Cartas Reales (siglos XIII-XVIII),
así como los Registros de Cancillería (siglo XVIII-XIX), en los
que figuran las copias que se hacían de los documentos relativos a la Corona de Aragón,
expedidos por sus distintos monarcas, desde Jaime I a Carlos II, último rey de la casa de
Austria. Contiene además fondos procedentes de instituciones que en su época tuvieron
una gran importancia, como el Maestre Racional, la Bailía General de Cataluña, el
Consejo Supremo de Aragón, la Generalidad de Cataluña, Monasterios extinguidos, Real
audiencia, Hacienda, o la Audiencia Territorial, entre otras.
Desde el documento más antiguo, una copia
cuatrocentista de un precepto carolingio del año 844, o desde el original más antiguo,
un documento del primer conde hereditario de Barcelona, Wifredo el Velloso (Guifré el
Pilós), del año 889, hasta los documentos ingresados procedentes de la Delegación
Provincial de Hacienda de Barcelona, mil años de historia de Cataluña y de la Corona de
Aragón conservan gran parte de su memoria en los depósitos del Archivo de la Corona de
Aragón.
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