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Desde que existe la preocupación de traspasar las barreras lingüísticas, el
procedimiento y el producto de la traducción vienen siendo un tema de discusión y
estudio. En todos sus aspectos de teoría, aplicación y uso, práctica profesional y
enseñanza, es un continuo objeto de investigaciones con resultados tangibles en forma de
estudios monográficos, congresos, seminarios y simposios, revistas técnicas, además de
tesis y tesinas dedicadas a las más diversas facetas de la actividad traductora.
En nuestra época, desde los
primeros estudios de Eugene Nida de hace más de cuarenta años, hasta la más actual
escuela de «Translation Studies», pasando por trabajos prestigiosos como los de
Bassnett, Gutt, House, Kelly, Lefevere, Mounin, Steiner o Wilss, llevamos ya unas décadas
caminando hacia un conocimiento y una comprensión de la traducción cuyas finalidades son
nada menos que resolver el enigma de la traducibilidad.
Si en el mundo de habla inglesa las
manifestaciones más destacadas han sido una proliferación de obras como la serie de la
editorial Routledge o la Benjamins Translation Library, en España aquéllas se han
visto más claramente en una expansión de los departamentos y facultades universitarias
de traducción e interpretación y en el nacimiento de revistas especializadas: Sendebar,
Livius, Cuadernos de Traducción, etc.
Cuando los autores de los capítulos
aquí reunidos se encontraron en el «Simposio internacional sobre traducción española e
inglesa», organizado por el Instituto Cervantes de Manchester y el Instituto de Estudios
Europeos de la Universidad de Salford, que se celebró en marzo de 1996 en dicha
universidad, algunos de ellos, no todos, decidieron reformular sus ponencias, no todas,
para constituir las páginas que tiene ahora ante los ojos el lector, con dos
características que creemos de especial interés, a saber: que se centre en dos idiomas
concretos el español y el inglés y que trate de una gama de aspectos: el
ejercicio de la profesión del traductor o intérprete; consideraciones pedagógicas y
prácticas sobre la formación que se imparte en España y la práctica de ciertas
modalidades concretas. Por consiguiente, creemos ofrecer algo de utilidad y de interés a
cualquier lector que quiera tener contacto con la traducción o la interpretación en sus
varias facetas y, sobre todo, al que piense dedicarse al estudio o al ejercicio de la
actividad traductora.
El «Simposio» contó con
ponencias, mesas redondas, coloquios y debates y produjo un importante intercambio de
ideas entre traductores y docentes españoles e ingleses sobre el ejercicio de la
profesión del traductor y del intérprete, la formación profesional y problemas de
evaluación y técnicas de traducción.
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El contenido se encuentra dividido en tres partes,
correspondientes al ejercicio de la profesión, a aspectos pedagógicos, y a la práctica
de ciertos tipos de traducción.
La profesión del traductor, tal y
como se ejerce en Inglaterra, la examina Montserrat
Phillips, quien se centra en la actividad del traductor autónomo que, según la
autora, lleva una vida «monástica y solitaria», marcada por las fechas límite
impuestas por la competencia del mercado. Montserrat Phillips aconseja cierta
especialización en un género o subgénero determinado, a la vez que hace una
comparación entre el campo de la traducción jurídica en Gran Bretaña, donde solamente
se requiere que el traductor dé fe de que a su leal saber y entender la traducción
(realizada por él mismo) esté fielmente hecha, y la situación del mismo en España,
donde el sistema de legalizaciones es más complejo y exigente. También trata aspectos
cotidianos de la profesión, tales como las relaciones con clientes y agencias, tarifas,
problemas técnicos, contactos con colegas y especialistas en diversas
profesiones o simplemente con hablantes nativos de otros idiomas, así como con
asociaciones profesionales.
La demanda del mercado es el tema
central de la aportación de Virginia Cano Mora,
quien puntualiza que hay más traductores en Gran Bretaña que en España y que la
necesidad de traductores e intérpretes se hace más patente en el contexto británico,
donde la gran mayoría trabaja de manera autónoma. Al comentar la profesión de
traductor/intérprete, señala los primeros pasos y las decisiones previas que se han de
tomar: trabajar para una agencia, en una empresa o de manera autónoma. Al centrarse en
los aspectos prácticos del ejercicio de la profesión, la autora detalla el equipo
necesario para montar su negocio.
La cuestión de si el traductor nace
o se hace implica para Patrick Zabalbeascoa
descartar todo misterio o mito que pueda envolver la actividad traductora aunque, eso sí,
afirma que queda sin resolver el problema de saber exactamente cuáles son los procesos
mentales que operan cuando se está traduciendo. Da una relación de los ingredientes
de la competencia traductora, entre ellos, un conocimiento consciente de lo que implica el
traducir, estar al día en lo que respecta a las técnicas y recursos disponibles,
competencia en lenguas, lingüística y tácticas retóricas, formación académica e
intelectual, saber analizar textos, capacidad intelectual y buena memoria. Detallando la
cuestión de los tipos de equivalencia que deben y pueden conseguirse, señala que, si
bien la distinción entre competencia y rendimiento es esencial, es éste lo que en el
fondo importa.
A partir de 1991 está en vigor en
España un plan centralizado y puesto al día para la formación de traductores e
intérpretes, plan que se propone, entre otros objetivos, asegurar un equilibrio entre la
parte teórica y la parte práctica de dicha formación. Roberto Mayoral, al exponer los detalles del plan de estudios vigente,
comenta sus ventajas y desventajas: entre las primeras, lo que denomina la posibilidad de
una semiespecialización, a diferencia del sistema anterior, que sólo permitía
proponerse la formación de traductores generalistas y, entre las desventajas, la todavía
demasiado fuerte identificación entre traducción y traducción literaria. Ya son catorce
los centros donde en la actualidad se imparten títulos de traducción e interpretación
en España, a pesar de que, entre la gran demanda social de estos estudios a juzgar
por el número de estudiantes que desean cursarlos y la demanda de licenciados por
parte del mercado laboral, se da un desequilibrio bastante obvio. |

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En su tratamiento de los objetivos que deben proponerse en la formación de traductores
científico-técnicos, Natividad Gallardo San Salvador expone
su convicción de que se pueden traducir textos científicos muy especializados sin que el
traductor posea conocimientos exhaustivos del tema de cada documento. Un conocimiento de
la lengua, así como del mundo extralingüístico, y un competente análisis del texto en
cuestión serán suficientes para que uno sea capaz de realizar la tarea,
independientemente del grado de especialización de éste. Detalla a continuación la
metodología que considera más apta para la formación de traductores no especialistas.
Según Anabel
Borja Albi, existe una demanda especialmente notable en el mercado de la traducción
jurídica, debido al comercio internacional, la creación de bloques
político-económicos, la creciente movilidad de la población mundial y la
generalización del turismo. Incluso la formación específica exigida por la traducción
jurídica crea su propia demanda. Utiliza el modelo elaborado por Hurtado para definir
esta modalidad de traducción en sus aspectos escrito y oral. Insiste en la importancia
del conocimiento de la dinámica del mercado laboral, de la comprensión de los diferentes
dominios jurídicos, así como de la precisión en el uso de la terminología.
Clasificando los textos jurídicos en géneros y subgéneros, propone una serie de
ejercicios para la formación del traductor jurídico.
Aunque no todos ellos, algunos de
los expertos en la materia consideran que hay una relación estrecha entre traducción e
interpretación. Así lo señala Anne Martin, quien cita como
prueba de ello el que la disciplina o aproximación conocida por «Translation Studies»
abarque a ambas ramas. Explica los distintos aspectos, modelos y métodos pedagógicos de
la interpretación, detallando las fases del proceso en sí, como son el escuchar,
analizar las intervenciones, memorizar o tomar apuntes y reformular lo oído. Relata las
semejanzas y diferencias, así como las diversas modalidades de la interpretación,
centrándose en la consecutiva y la simultánea.
Dos capítulos versan sobre la
traducción literaria, aunque desde puntos de vista diferentes. Antonio
Gil de Carrasco plantea la cuestión de cómo evaluar una traducción, una vez hecha
ésta. Aplica un método de evaluación, considerando la creatividad del traductor, a la
versión española de una novela de Iris Murdoch. Parte de la base de que siempre se
encuentran, en un texto a traducir, tres tipos de transformaciones, a saber, las
obligatorias, las involuntarias o inconscientes que impone el traductor por olvido o falta
de experiencia, y las deliberadas efectuadas por el traductor motivado por el propósito
del texto meta, las características de los lectores de la nueva obra y otras
consideraciones similares. Este tercer tipo de cambios es el que permite una crítica
interesante de las traducciones de las obras literarias.
Al plantearse la difícil cuestión
de qué es la traducción interlingual, Nicholas Round indaga en
la esencia de la actividad traductora en sus aspectos teórico y práctico. De modo
particular, el autor trata la distinción entre traducción y otros modos de rehacer un
texto escrito, centrándose en la parodia que es, según él, una de las múltiples para-traducciones.
Como método de estudio de la teoría de la traducción, el autor, dividiendo las demandas
de ésta en referentes a lo invariante y a lo variante, estudia ciertas versiones de
fragmentos de La vida es sueño.
La práctica de la traducción
médica constituye el tema de la aportación de Malcolm Marsh,
cuya tesis principal es que, por muchas dificultades que cause la terminología técnica,
son los rasgos estilísticos del inglés y del castellano los que más problemas plantean
al traductor. Entre los «escollos» tratados, se encuentran los distintos usos del
artículo y de las preposiciones en los dos idiomas, el empleo de marcas comerciales de
los fármacos en español en contraposición con el inglés que tiende a nombrar los
compuestos químicos, las distintas convenciones, medidas y denominaciones de enfermedades
y sustancias químicas. En resumen, la traducción médica presenta un compendio de los
problemas de todas las modalidades de la actividad traductora.
Si el humor reside o consiste en la
incongruencia no amenazadora, la traducción de textos humorísticos puede llevarse a cabo
extrayendo de los mismos la fórmula o plantilla en la que se basa el humor en
cada caso concreto. Según Leo Hickey, el humor puede dividirse
en tres clases: el que depende de algún fenómeno universal, el que se origina en algo
específico a una sociedad o cultura y el que se deriva de algún rasgo lingüístico,
siendo las dos últimas variantes las más difíciles de traducir. Puesto que lo que
importa no suele ser la semántica sino la incongruencia, el autor recomienda buscar otra
incongruencia basada en aspectos culturales de la sociedad meta o en la lengua meta,
teniendo la libertad de cambiar el importe semántico con tal de encontrar una
manera de reincorporar la misma fórmula que se usó en el texto original no, por
cierto, para traducirla, sino para generar, en realidad, un nuevo texto humorísticamente
análogo.
Las páginas que siguen están
destinadas a todos aquellos que puedan encontrarlas de algún interés o utilidad, sean
traductores en ejercicio, alumnos o docentes. |
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