Centro Virtual Cervantes
Literatura

El «Quijote» en América > Perú > A. Miró (2)
El «Quijote» en América

Don Quijote en la fiesta de Pausa

Por Aurelio Miró Quesada*

Más importante que las fiestas de Lima y que las esperanzas que alentaba en España, y de trascendencia singular por cuanto se relaciona con la obra más insigne escrita en lengua castellana, la inmortal historia de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, fue la fiesta que, en homenaje de Montesclaros, se celebró en un rincón de los Andes peruanos, en la localidad de Pausa del Corregimiento de Parinacochas, en octubre o noviembre de 1607.

La crónica de este festejo extraordinario, que fue dada primero a conocer por Antonio Rodríguez Villa en el siglo pasado, ha sido sobre todo difundida por el eminente cervantista don Francisco Rodríguez Marín, en su conferencia titulada Don Quijote en América, leída en el Centro de Cultura Hispano-Americana, de Madrid, en 1911, y reproducida varias veces después. El original de la relación, manuscrito en tres pliegos de a folio, había pertenecido a don Francisco Duarte, Presidente de la Casa de Contratación de las Indias, y había venido a parar a la biblioteca del catedrático sevillano don José María de Álava, quien lo obsequió a Rodríguez Marín. Su título dice: Relación de las fiestas que se celebraron en la Corte de Paussa por la nueba de Prouiymiento de Virrey en la persona del Marqués de Montes claros, cuyo grande Aficionado es el Corrgr. deste partido que las hizo y fue el mantenedor de una sortija celebrada con tanta magd. y pompa que a dado motibo a no dejar en silencio sus particularidades1.

Rodríguez Marín da como nombre del corregidor de Parinacochas el de Pedro de Salamanca. Sin embargo, quien ejercía el cargo entonces era Francisco de Álava y Norueña, nombrado corregidor de Parinacochas por provisión del conde de Monterrey, fechada en la chácara de Santo Domingo (o Limatambo), de la ciudad de Los Reyes, el 4 de febrero de 1606, o sea, sólo seis días antes del fallecimiento del virrey. Álava y Norueña, quien hizo su presentación ante el Cabildo el 12 de agosto de aquel año, reemplazó a Juan de Larrea Zurbano (quien participó también en la fiesta de Pausa), y fue sucedido, a su vez, por Juan de Zárate, por título expedido por el marqués de Montesclaros el 16 de febrero de 16092.

Según la sabrosa Relación, quien inició la fiesta —al propio tiempo suntuosa e irónica— fue el mantenedor, engalanado con el título de Caballero de la Ardiente Espada y vestido con un rico traje negro y oro, con gorra de mucha plumería y silla bordada en perlas sobre el caballo bayo. Desfilaron después, entre el aplauso del público asistente: el fuerte Bradaleón; el dios Baco; el carro de los aventureros, con el Tahúr, la Pobreza, la Ira, el Enojo, el Engaño, el Perulero, la Blasfemia, el Demonio, la Codicia y el Interés; el Caballero Antártico, vestido de Inca y seguido por indias que le acompañaban con cantos y con danzas; el Caballero de la Selva; el Caballero Venturoso; el Dudado Furibundo. Y superando a todos, por la atracción y la apostura, el ingenioso hidalgo don Quijote.

A esta ora —relata el expresivo y pintoresco documento— asomó por la plaça el cauallero de la triste figura don Quijote de la Mancha, tan al natural y propio de como le pintan en su libro que dio grandíssimo gusto berle, benía cauallero en un cauallo flaco muy parecido a su rrozinante, con unas calcitas del año de uno y una cota muy mohosa, morrión con mucha plumería de gallos, cuello del dozabo y la máscara muy al propósito de lo que rrepresentaba. Acompañábanle el cura y el barbero, con los trajes propios de escudero e ynfanta Micomicona que su Corónica quenta, y su leal escudero Sancho Panza, graciossamente bestido, cauallero en su asno albardado y con sus alforjas bien proveydas y el yelmo de mambrino, lleváuale la lança y también siruió de padrino a su amo que era un cauallero de Córdoua, de lindo humor llamado don Luis de Córdoua, y anda en este rreyno disfraçado con nombre de Luis de Galves. Abía benido a la saçón desta fiesta por juez de Castro Virreyna, y presentándosse en la tela con estraña risa de los que miraban dio su letra que dezía:

Soy el audaz don quixo-
y maguer que desgracia-
fuerte es brabo y arrisca-.

Por cierto, que luego Sancho Panza, para acrecentar el regocijo, «echó unas coplas de primor que por tocar en berdes no se rrefieren». El premio por la invención más ingeniosa lo obtuvo, como era fácil suponer, el Caballero de la Triste Figura, por la propiedad en presentarse «y la rriza que en todos causo berle». Y caracoleando su caballo se retiró don Quijote de la Mancha, entre los aplausos de seguro redoblados del público; no sin antes dar a Sancho Panza —para que las llevara a su vez a Dulcinea— las cuatro varas de raso morado que le tocaron como premio.

Y así, el nombre del insigne don Quijote, y de su creador, Miguel de Cervantes Saavedra, vinieron a juntarse, en las altas sierras del Perú, con el del virrey poeta don Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros. Tal vez si precisamente por entonces los tres nombres habían llegado también juntos a la localidad de Pausa en los libros llevados por Juan de Sarriá el mozo al Cuzco, y repartidos de allí por los Andes. Los libros habían sido enviados en 1605 por Juan de Sarriá el padre, librero de Alcalá de Henares; habían navegado desde Sevilla para ser entregados en Portobelo a Juan de Sarriá el mozo; quien, a su vez, el 5 de junio de l606, había puesto en Lima en manos del socio de su padre, Miguel Méndez, 45 de las 61 cajas embarcadas en España. El día siguiente, Méndez entregó al mozo más de 500 libros, en dos lotes, por escrituras celebradas ante el escribano de Lima Francisco Dávila, para que los llevara a vender al Cuzco «e otras Partes», por cuenta de la firma y por lo común con algún sobreprecio. Entre esos volúmenes figuraban nueve ejemplares del Quijote que se venderían a 4 patacones (o sea, 8 reales más que los ejemplares del Quijote vendidos en Lima), y dos de la Arcadia de Lope de Vega, para los que se fijaba el mismo precio que en Lima: 12 reales3.

El investigador norteamericano Irving A. Leonard ha vinculado este envío de libros al Cuzco con la celebración de la fiesta de Pausa4. Es posible, en verdad, que uno de esos nueve ejemplares del Quijote fuera el que despertara la afición del corregidor de Parinacochas o del caballero Luis de Córdoba, hombre «de lindo humor». Pero también se puede imaginar que con el Quijote llegó una Arcadia; que allí se leyó el nombre del ilustre marqués de Montesclaros entre los poetas elogiados por Lope; y que alguien pensó que, por lo tanto, la manera mejor de celebrar el nombramiento de este Virrey-poeta era con un festejo de intención literaria.

  • (*) Tomado de Aurelio Miró Quesada, El primer virrey-poeta en América (Don Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros), Gredos, Madrid, 1962, págs. 72-76. volver
  • (1) Francisco Rodríguez Marín, El Quijote y Don Quijote en América, Madrid, 1911. La Relación ha sido reproducida en facsímil en: Francisco Rodríguez Marín, Estudios cervantinos, Madrid, 1947, págs. 575-585. volver
  • (2) Libros de Cabildos de Lima, Libro XV, actas de 12 de agosto de 1606 y 16 de marzo de 1609. En 1611 fue nombrado corregidor de Parinacochas Francisco de Mendoza y Cisneros, en lugar de Juan de Zárate (Libros de Cabildos de Lima, Libro XVI, acta de 14 de junio de 1611). volver
  • (3) Irving A. Leonard, Don Quixote and the Book Trade in Lima, 1606, en Hispanic Review, vol. III, Filadelfia, 1940, págs. 285-304. —Archivo Nacional del Perú, protocolo de Francisco Dávila de 1606, ffs. 338-344 v.; analizado y publicado por Leonard en: «On the Cuzco Book Trade, 1606», en Hispanic Review, vol. IX, 1941, págs. 359-375. volver
  • (4) Irving A. Leonard, Books of  the Brave, Cambridge (Mass.), 1949, pág. 312. volver
Flecha hacia la izquierda (anterior) Flecha hacia arriba (subir) Flecha hacia la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es