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El «Quijote» en América

Una superchería manifiesta: de cómo fue a América el primer ejemplar del Quijote

Por Francisco A. de Icaza*

Cuenta González Obregón, en su libro México viejo y anecdótico, que fue Mateo Alemán al pasar a Indias en 1608, quien llevó consigo el primer ejemplar del Quijote que se conoció en Nueva España, y refiere a ese propósito, cómo en casa de un amigo, cuyo nombre calla, dio con cierto manuscrito, apolillado e incompleto, en el que constaba la curiosa noticia. Añade la más peregrina aún, de que, al llegar a Veracruz, fue decomisado el libro por la Inquisición de flotas, incluyéndolo entre los prohibidos en América por ser de historia fingida y fabulosa, y que habríalo perdido Alemán, a no haber venido en su auxilio nada menos que el Arzobispo Fray García Guerra, quien pasaba también entonces a México, para hacerse cargo de su Diócesis. Intervino el prelado —agrega— y por su recomendación y valimiento volvió el libro a manos del autor de Guzmán de Alfarache.

Si documentalmente no pudiera probarse la falsedad de esa serie de invenciones novelescas —pues existen en el Archivo general de Indias los asientos de ida de naos relativos a 1605, y en ellos las constancias, que han sido trasladadas y publicadas varias veces, del envío, ese año, de muchos libros del Ingenioso Hidalgo, destinados a Clemente Valdés, vecino de México—1 bastaría la descripción del manuscrito, en que se dice está consignado el suceso para denunciar al menos práctico en estos asuntos, la superchería del relato. Bien vale la pena de comentarlo, pues pudiera creerse que, si no el primer ejemplar, uno de los primeros de los llevados a América fue el de las supuestas andanzas.

Consígnase el caso —según el propio señor Obregón— en el libro más inverosímil que jamás pudo verse: es un registro de obras decomisadas por la Inquisición de Flotas del puerto de Veracruz, desde 1601 a 1610, en el cual no se apuntan los libros recogidos, por su título, abreviadamente, como es y fue uso y costumbre en listas semejantes, sino que se copian sus portadas al detalle, del modo que hoy se haría la más minuciosa nota bibliográfica. Encabézase, además, el propio libro con una transcripción exacta de cuantas cédulas y disposiciones se habían expedido en España sobre el envío de libros a Indias. El empleado que formó el libro presentía, por las muestras con siglos de anticipación, el título XXIV de la Novísima, de donde las cédulas que se citan están extractadas casi por su orden.

Y aquí, a cualquiera ocúrresele pensar que no se vio jamás reunir en esos casos lo que tiene carácter de consulta permanente, con lo que debe renovarse por el uso. Que ningún negociante juntó el Código de Comercio con el libro de Caja, y nadie en el ejercicio de su profesión empasta sus minutas con los textos de la carrera.

El contenido más interesante, del mutilado y polvoroso manuscrito —sigue diciendo el señor Obregón— estaba en el folio 10, vuelta, pues en dicho folio se dice que en la flota de 62 naves que se hizo a la vela en la bahía de Cádiz el jueves 12 de junio de 1608, mandada por el general don Lope Díez Almendárez, la cual ancló con favorables tiempos la tarde del martes 19 de agosto del mismo año en el puerto de San Juan de Ulúa, «fue recogido y mandado a este Santo Oficio de la Inquisición de México, un libro en 4.°, aforrado en pergamino, que dice en su carátula: El ingenioso hidalgo Don Qvixote de la Mancha, Compuesto por Miguel de Ceruantes Saavedra, Dirigido al Dvqve de Béjar, Marqués de Gibraleón, Conde de Benalcaçar, y Bañares, Vizconde de la puebla de Alcozer, Señor de las Villas de Capilla, Curiel y Burguillos. (Escudo.) Año 1605. Con privilegio. En Madrid, Por Juan de la Cuesta, que pareció al Comisario de la Veracruz y Oficiales Reales de la Real Aduana, ser Romance que contiene materias profanas, fabulosas y fingidas». No proporciona más pormenores el importantísimo expediente; pero al margen de estas líneas que he copiado, con caracteres minúsculos, casi borrados, y de letra diferente, encontré una apostilla que decía: «se volvió el libro por súplica de S. Illma. d. fr. garcía guerra a su dueño Matheo Alemán, Contador y Criado de Su Magestad». Por parcas que sean las líneas que he trasladado, el contenido de ellas no puede menos de ser interesante para los admiradores del gran príncipe de las letras españolas, Cervantes de Saavedra, hoy que el mundo entero celebra el tercer centenario...2

El simple empleo de la palabra carátula, en el sentido de portada, al hablar de la del libro, sería indicio del engaño que hay que deshacer; porque ningún español de ahora, ni mucho menos de comienzos del siglo xvii, habría usado ese americanismo, de origen relativamente moderno. El ejemplo más antiguo que halló Cuervo, y del cual da cuenta en sus Apuntaciones críticas,3 es siglo y medio posterior, y aparece en la Astronómica y Armoniosa Mano, de Gamboa. Carátula quería y quiere decir careta, o «la propia cara cuando ésta es desproporcionada o ridícula», y, en tal sentido escribió Esquilache en sus Rimas:4 «Aunque parezca del mayor teólogo Tu venerable calva y tu carátula».

Del significado que, por extensión, tiene la palabra, en lo que toca al ejercicio del farsante, nadie lo expresa más claro que Cervantes mismo, cuando escribe: «desde muchacho fui aficionado a la carátula, y en mi mocedad se me iban los ojos tras de la farándula».

Unas líneas ajenas, muy mal acomodadas al principio del párrafo copiado, son también muestra evidente de la superchería en cuestión.

¿Por qué y para qué, a propósito del libro decomisado, iba a anotar el comisario en ese cartapacio incongruente, cuántas naves traía la flota en que había venido el libro, quién la mandaba, cuándo salió de España y hasta qué vientos corrió en el viaje? ¿Qué tenía que ver todo eso con la obra retenida? Pues todo depende, únicamente, de que el señor Obregón quiso dar carácter de época a su falsificación, copiando el primer párrafo de los Sucesos de D. Frai Garcia Gera, donde dice Alemán, a la letra:

Iueves doze de Iunio de seis cientos i ocho, en conserva de sesenta i dos naves, de q vino por jeneral, don Lope Diez de Almendariz, con favorables tienpos i vientos, llegaron a surjir en el puerto de San Iuan de Vlua, Martes en la tarde, diez i nueve de Agosto.

Y bien, ¿no es penoso que personas de los conocimientos y antecedentes del señor González Obregón, malgasten el tiempo en esos embustes que, afortunadamente, ni siquiera tienen el mérito de estar bien fraguados? Y digo afortunadamente, porque de otro modo serían más difíciles de evidenciar. Cuando hay todavía tanto por hacer en nuestra historia literaria en España y en los países de habla española, es verdaderamente lastimoso que se dediquen a oscurecerla y enredarla, por ansia de notoriedad o de lucro, o por simple pasatiempo, los pocos que podían contribuir a levantarla y esclarecerla tanto como merece.

  • (1) Registros de ida de naos, 18, 4, 68/18 y 69/19. «Sólo en dos de las cajas que en 13 de julio registró Andrés de Hervás en la nao Espíritu Santo, para entregar en el puerto de San Juan de Ulúa, a Clemente de Valdés, vecino de México (fol. 144), se contenían respectivamente setenta y seis y ochenta y cuatro libros del Ingenioso hidalgo Don quixote de la Mancha a doze Rs». Nota de Rodríguez Marín, en la página 35 de El Quijote en América, Madrid, 1911. Ya antes, con ocasión del Centenario, en 1905, y en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, había publicado las noticias referentes al envío del Quijote a América, desde 1605. volver
  • (2) Véanse las listas, antes citadas, de las idas de Flotas que mencionó Rodríguez Marín, así como las del libro de la Hermandad de Impresores de Madrid, copiada, en parte, por Pérez Pastor en sus Documentos Cervantinos. En ésta como en aquéllas los apuntes son abreviados: apenas si se dice en una lista 5 Don quixotte de la mancha, o bien enmendándole la plana a Cervantes se asienta tantos don quijote y sancho pança. volver
  • (3) París, 1907, p. 399. volver
  • (4) Soneto 132. volver
  • (*) Francisco A. de Icaza, «Una superchería manifiesta: De cómo fue a América el primer ejemplar del Quijote», en Supercherías y errores cervantinos, Renacimiento, Madrid, 1917. volver
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