Recopilación de Eva M.ª Valero Juan
Algo de lo que México se enorgullece es de haber sido el primer país hispanoamericano que realizó la primera edición del Quijote, en 1833. Pero los vínculos entre la obra y la en otro tiempo Nueva España se remontan a los primeros años de la publicación de la primera edición, de cuya entrada hay un registro en fecha tan reciente como 1608. Desde entonces, la obra ha estado íntimamente unida a la vida cultural mexicana, hasta el punto de que sus personajes se hicieron tan familiares y cercanos como los frutos de aquella tierra. Lo cierto es que ha existido en la otra orilla la tendencia a quijotizar la grandiosa y polémica empresa que fue la conquista y la colonización de las tierras americanas por los españoles. Textos como los de Luis González Obregón, incluido en esta antología, subrayan la «filosofía quijotesca» de los conquistadores así como el aspecto «sanchopancesco» encarnado en su codicia.
Polémicas aparte, lo cierto es que Cervantes y sus personajes conquistaron estas tierras americanas, donde recibieron la más entusiasta acogida. Don Quijote entró triunfal en el país azteca como adelantado, misionero y capitán y su esforzada voluntad es la de Cortés. No es de ninguna manera extraño ni exótico verlo desfilar desde 1621 en barrocos festejos; o en 1919 en el desfile del «día de la raza» al lado de Colón, de Cuauhtémoc, de los Caballeros Tigres y los Caballeros Águilas, tal como lo recrearon los estudiantes de entonces. Desfilan en esta antología sus más representativos lectores y críticos, como testimonio de esa profunda huella que dejaron el hidalgo y su escudero en México.