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El «Quijote» en América

Cervantes en las letras chilenas

Por José Toribio Medina*

El examen de los registros, o en términos de hoy, de los conocimientos de las naves que desde Sevilla se despachaban a Indias, y, hablando con más precisión, a Puertobelo y Veracruz, ha venido a revelar el hecho curiosísimo de haber sido enviados allí numerosos ejemplares de las primeras ediciones del Quijote, con la circunstancia, ciertamente muy curiosa y no falta de razón, de haberse añadido al título que Cervantes puso a su libro, el nombre del escudero del Ingenioso Hidalgo. Porque, en verdad sea dicho, don Quijote sin su Sancho resulta incompleto, a la vez que éste sin caballero a quien servir, no habría para que haberlo sacado de su aldea: una y otra figura se contraponen para el efecto que el autor tuvo en vista al ponerlos en acción y del contraste entre ambos aparece el realce de las dos creaciones cervantinas. Sin que sea posible olvidar tampoco que llega un momento en que la figura de Sancho aparece en primer término en la novela, llena por entero la acción y se lleva en absoluto el interés del lector, cual es, el punto en que entra en el gobierno de su ínsula.

Pero, aparte de esta ligera digresión que nos sugiere la lectura de aquellas anotaciones escribaniles de tan remotos días, es fácil inducir que en los comienzos del siglo xvii ya la obra de Cervantes debe haber sido de lectura no escasa en los virreinatos de México y del Perú, pasando en éste hasta sus provincias interiores, pues testimonios tenemos de que en el pueblo de Pausa, capital de la provincia llamada de Parinacocha, las figuras de don Quijote y Sancho salieron con sus atributos distintivos en una especie de suntuosa mascarada que allí se celebró no muchos años después de haber aparecido la obra del ingenio alcalaíno.

Mas, tal popularidad debió de haber durado poco, y, en todo caso, motivos tenemos para creer que jamás alcanzó hasta Chile; porque, de no haber sido así, ¿cómo explicarnos que en la lectura de la producción histórica —que, bien sabemos, fue la que predominó durante la colonia entre nosotros, ya como crónicas rimadas, ya en las escritas en prosa—, no se encuentre la menor alusión a figura alguna de las creaciones cervantinas? ¿Ni cómo podía acontecer lo contrario en un país en que sus habitantes se veían obligados a vivir en perpetua lucha para defender sus vidas y haciendas de un enemigo irreductible, y, cuando no de soldados, la clase social que pudiera haber leído estaba reducida a los llamados encomenderos, o como si dijéramos hoy, de hacendados relegados a sus faenas campesinas?

¿Quiénes podían, así, entregarse a lectura alguna? Pero, sin tales consideraciones meramente abstractas, tenemos las pruebas de que nunca se leyó la obra de Cervantes en Chile antes de los últimos años del siglo xviii, prueba que es manifiesta con sólo tener presente que en los índices de las librerías que nos han quedado, ya sean de oidores, de obispos, abogados o eclesiásticos, no se halla jamás registrado el Quijote. Thayer Ojeda en el estudio que ha hecho de las bibliotecas coloniales, sólo ha podido anotar un ejemplar de ese libro en la que perteneció a don Francisco Ruiz de Berecedo, hombre de vasta cultura y a quien se debió la iniciativa de que se fundase en Santiago una Universidad Real, muerto a fines de 1746, cuando no alcanzó a ver logrado aquel su noble anhelo. ¡Un ejemplar del Quijote en la capital de Chile a mediados del siglo xviii! ¡Qué testimonio más elocuente de lo que afirmamos! Y es necesario que pasen unos veinte años más para encontrar inventariados entre los libros de don José Valeriano de Ahumada, después de su muerte, ocurrida por los años de 1770, otros dos ejemplares del Ingenioso Hidalgo, uno de ellos en edición de cuatro tomos en 4.º, y el segundo, un tomo cuarto de otra en 8.º. Buen indicio este último de que su dueño tenía prestados los restantes, y que, por regla invariable seguida hasta hoy, las personas a quienes los facilitara no se los habían devuelto...

Bien se comprende que los sucesos que se desarrollaron en Chile, como en el resto de América, en los primeros años del siglo xix implicaban dificultad punto menos que insuperable para imaginar siquiera que alguien pudiese en Chile dedicar sus ocios a la lectura de obras de imaginación, lectura que, a mayor abundamiento —no estará de más recordarlo—, resultaba rayana en lo imposible, puesto que estaba prohibida la importación en América de las obras de «romance» nada menos que desde mediados del siglo xvi. Si algo hubieron de leer nuestros abuelos, no fueron otros libros que los de filosofía o místicos o algún otro de índole religiosa, de entre los cuales el más corriente fue, por lo que del examen de esos catálogos a que he hecho referencia resulta comprobado, el de Jaime Barón y Arín, intitulado Luz de la Fe y de la Ley, en «diálogo y estilo parabólico entre Desiderio y Electo», impreso por primera vez, a lo que se me alcanza, en Alcalá, en 1717, y repetidamente reimpreso en Madrid en años posteriores. Por testimonio personal puedo decir a este respecto que tal era el libro que servía de solaz a mi abuelo.

Sin todo esto, para llegar a la conclusión de cuán poco leída era en Chile la obra de Cervantes hasta mediados del siglo pasado, bastáranos con decir que en la librería de Cueto Hermanos que en Santiago existía por esos años, la primera en importancia y acaso la única, en el catálogo que hizo entregar a la circulación en 1850 no figura ejemplar alguno del Quijote. Ocho años más tarde, ya las cosas habían cambiado por completo con haberse establecido entre nosotros un librero español, don Santos Tornero, de tal modo, que en el catálogo suyo de 1858 se ofrecían al público no menos de ocho ediciones diversas del gran libro. Más aún, y como sin duda esos ejemplares habían encontrado compradores, en 1863 imprimió en Valparaíso una edición abreviada de la obra, valiéndose, si no me engaño, según luego se verá, de otra de la misma índole publicada en España, siendo a este respecto muy curioso observar que, al paso que Tornero en sus Reminiscencias de un viejo editor recuerda y apunta los libros que salieron de su taller porteño, se dejase en el tintero ese del Quijote...

Así, pues, sólo a partir de tal fecha logra el investigador ir anotando uno que otro título referente a Cervantes, teniendo para ello, a las veces, que hilar muy delgado en medio de nuestra gran pobreza literaria en la materia, hasta llegar, por fin, al año de 1878, en que el primero de nuestros cervantistas y el más convencido de todos ellos hasta ahora, tomó la iniciativa para celebrar en libro aparte el Aniversario CCLXII de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, llamando a colaborar en él a las plumas reputadas en aquellos días en nuestro mundo literario.

Desde entonces, los diarios o revistas suelen registrar alguno que otro artículo más o menos ligados con la vida y obras de Cervantes, hasta que con la celebración del aniversario de la aparición del Quijote en 1906, y diez años después, con ocasión del de la muerte de su autor, se producen florecimientos literarios en que se ven salir a la palestra, en coro unísono de aplausos al Príncipe de los Ingenios, muchos intelectuales, tanto chilenos como españoles.

Diré, por fin, que en vísperas de este último aniversario un ferviente admirador de Cervantes se propuso hacer el inventario de lo que en Chile se había escrito acerca de aquél, en unos breves «Apuntes», que acusan de su parte no poca diligencia; si bien, séame lícito decirlo, junto con mi aplauso a su benemérita labor, con el método de agrupar por orden alfabético las piezas que logró catalogar, que impide darse cuenta de la marcha seguida en su producción, y luego, con la omisión de numerarlas, lo que hace muy engorrosa su cita.

Ese librito del señor Eliz fue sin duda de oportunidad; el que ahora tiene ante sus ojos el lector sólo pretende completarlo con los nuevos trabajos salidos a luz con posterioridad a su publicación, y si bien carece de aquélla, que sea, como él indicaba, «una demostración de afecto y de mayor proximidad de Chile a España y una gloria más para el inmortal Cervantes».

1.—El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra, abreviado por un entusiasta del autor para el uso de los niños y de toda clase de personas. Valparaíso: Imprenta y Librería del Mercurio de Santos Tornero. 1863. 8.º, 604 páginas.

Citada por Briseño, Estadística Bibliográfica, tomo 11, página 168, y por Rius, n. 1060. Colección cervantina de la Sociedad Hispánica de América, por Hornero Serís, 1913. 4.º, n. 124.

Lleva un prólogo, que a la letra dice: «Sale hoy a luz el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, no de cuerpo entero para los que estudian lo que leen, o para los que leen por gusto y pasatiempo, sino en boceto para los que comienzan a leer y para los que poco más que leer saben». ¿Se halla este prólogo en la edición madrileña? No podría afirmarlo, pero sospecho que sí. Además, las abreviaciones que se hallan en la de Valparaíso parece que coinciden por completo con las de la madrileña, según las noticias que de ellas nos da Leopoldo Rius.

Es el Quijote abreviado, cuya tercera edición es de 1867, Madrid, 8.º. Rius cita la del mismo pueblo, 1856, donde nos dice que el abreviador fue don Fernando de Castro. He aquí esas abreviaciones:

«La novela del Curioso Impertinente, los amores de don Luis y doña Clara, los de Claudia Jerónima y los de Ana Félix; la segunda mitad del capítulo VI, que trata del escrutinio de la librería de don Quijote, la última parte del XLVIII, donde el canónigo prosigue la materia de los libros de caballerías; aquellos como prólogos que sirven de introducción a varios capítulos, y especialmente al del IX, en que se interrumpe la batalla con el vizcaíno; casi todas las poesías de la obra, cuentos como el del capítulo XXV, parte I; abreviando: la relación del cautivo, el episodio de Crisóstomo, el de las bodas de Camacho y el de Cardenio y Dorotea, con todos sus incidentes; modificando escenas como la de Maritornes, y substituyendo con otras ciertas palabras nada decentes, según el abreviador».

Rius, n. 227, cuyas son las palabras que quedan transcritas.

Es más que probable que esta edición fuera la que sirvió de modelo al editor de Valparaíso.

2.—«Epístola inédita de Cervantes». Es la que dirigió al secretario Mateo Vázquez, cuyo texto se reproduce del que dio La América de Madrid, en La voz de Chile, diario de Santiago, en su número de 1.º de agosto de 1863, cambiándole la ortografía antigua y con una que otra alteración en la puntuación.

3.—En los Anales de la Universidad, tomo 28, 1866, a la página 180, se halla una noticia de las Ediciones hasta aquí hechas de la inmortal obra de Cervantes. Anónimo.

4.—«La última novela ejemplar de Cervantes», por Adolfo de Castro.

Insertóse en las páginas 681-685 y 697-700 de La Estrella de Chile, año VII; Santiago, 1874, 4.º mayor, sin una palabra de los directores del periódico acerca de la edición española de donde tomaron el trabajo del escritor gaditano, que son no menos de seis. Véase Rius, tomo II, página 434.

5.—«Miguel de Cervantes». Hállase en las páginas 175-177 del tomo II de la Revista de Valparaíso, Valparaíso, 1874, 4.º, y pongo este número a nombre de la señora Rosario Orrego de Uribe, porque está suscrito por «La Redacción», reducida, en realidad, a ella.

El artículo no es otra cosa que una traducción de los párrafos que Jules Janin dedica a la vida de Cervantes en la crítica que hizo del drama en cinco actos y en verso, de M. Muret, representado en París por aquellos días.

6.—«Sobre la lectura de los clásicos». Carta de Zorobabel Rodríguez a Nercasseau con ocasión de haberle pedido un artículo sobre Cervantes o el Quijote. Suscrita en 29 de marzo de 1877. La Estrella de Chile, n. 499, de 29 de abril de 1877. Son 14 páginas.

7.—«Un documento sobre Cervantes» por Domingo Amunátegui Solar. Hállase en las páginas 286-290 de La Revista Literaria, Santiago (de Chile), 1878, 4.º.
El autor del artículo hace una sumarísima reseña de la vida de Cervantes, recoge la anécdota vulgarizada por don Vicente de los Ríos acerca de la frase que se atribuye al embajador francés acreditado ante la Corte de Madrid con ocasión de un miembro de la Casa Real de Austria con otro de la de Borbón; y en cuanto al documento a que se alude, no es otro que el memorial de Cervantes, de 21 de mayo de 1590, en solicitud de un empleo en Indias, que el articulista copia de la Colección de documentos inéditos del Archivo de Indias de Torres de Mendoza. Es lástima que no reprodujera también la providencia recaída en ese memorial, que no le fue favorable a Cervantes, como la supone.

8.—Aniversario CCLXII de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra. Libro compuesto para honrar la memoria del Príncipe de los Ingenios españoles por sus admiradores de Chile. Santiago de Chile, Imprenta de La Estrella de Chile, 1878. 4.º, 159 páginas.

Contiene: Dedicatoria de Los admiradores chilenos de Cervantes; partidas de bautismo y muerte de Cervantes; Vida de Cervantes; La obra de Cervantes, por D. Crescente Errázuriz; Cervantes, versos de don Víctor Torres Arce; En la Mancha, por B. Vicuña Mackenna; La mano del ingenio, versos de don J. A. Soffia; Alboroto en el cotarro, de don Antonio Espiñeira; Apoteosis, fantasía, versos de don Francisco Concha Castillo; Las dos huérfanas, por don Enrique del Solar; Sobre este libro, de don E. Nercasseau y Morán; Índice.

Conste que el libro debiose a la iniciativa de Nercasseau y Morán, el más convencido cervantista de aquellos años y que hasta hoy recuerdan los anales de esta «noble y leal» ciudad de Santiago de Chile. La biografía de Cervantes que da nuestro cervantista es, más o menos la extractada por don Antonio Ros de Olano de la de Fernández de Navarrete y que se puso al frente de la edición del Quijote, de Rosa y Bouret, de 1867.

9.—Sancho en la Guerra. Recuerdos del ejército era la campaña al Perú y Bolivia, obra escrita por L. Lucio Venegas Urbina, ex teniente del Buin. Santiago, 1885. 8.º, 300 páginas.

El título de la obra es prometedor, sin duda, dejándonos por un momento la impresión de que se nos han de contar chascarros y anécdotas al estilo de las del gracioso escudero de Don Quijote, en un campo que no podía menos de ser fecundo para ellas; desgraciadamente para el intento que perseguimos, toda alusión a Sancho no pasa de la que encabeza la portada del libro. Valga siquiera el recuerdo.

10.—Cervantes en Argel, drama en cinco actos y en verso, por Antonio Espiñeira (publicado en la Revista de Artes y Letras). (Epígrafe de Cervantes, en siete líneas). Santiago de Chile, Imprenta Cervantes, 1886.
4.º, 112 páginas de texto y XI para las notas.

Se imprimió primeramente en el tomo VI (páginas 481, 574, 649), y VII (páginas 35 y 110) de aquella revista. Antes se había publicado en España el Cervantes cautivo. Drama en verso, en tres actos y un epílogo, original de Jaime Horta, Barcelona, Imprenta Gaspar, 1867, 8.º, de 120 páginas, según nota que tomo de Rius, tomo II, n. 633.

Habría deseado comparar este drama con el de Espiñeira, para saber hasta qué punto coinciden en el argumento ambos autores; pero no siéndome posible por falta de un ejemplar de aquél, tendré que limitarme a ofrecer al lector un brevísimo resumen de la pieza chilena.

El autor ha procurado ceñirse, en cuanto el desarrollo de la intriga se lo ha permitido, a la verdad histórica, para lo cual ha tomado como base las descripciones de escenas y personajes que se hallan diseminadas en las obras de Cervantes, y luego con los dictados del libro de Haedo y los datos de la biografía de Fernández de Navarrete. A comprobar lo que en algunas escenas pinta están destinadas las notas que insertó al fin de la pieza.

Está fundada ésta en los amores de Cervantes con Halima, hija de Azán Bajá, rey de Argel, de quien es ardientemente correspondido, sin que por sus amores deje por un momento de pensar en libertarse del cautiverio en que se hallan él y tantos otros de sus compatriotas. Como rival poderoso tiene a Dalí, jefe de la guardia del virrey, que en vano aspira a ver compartido su afecto. Cervantes logra preparar todo para huir en compañía de su amada, pero denunciado por un renegado español a tiempo que se hallaban reunidos en la cueva donde debían partir para embarcarse, son apresados y condenados a muerte. Estaba ya Cervantes en el sitio en que debía ser ejecutado cuando obtiene su rescate. Furioso Dalí, se lanza en el acto sobre Halima, la da de puñaladas y en seguida se suicida. Cervantes entonces exclama, alzando los ojos al cielo y diciendo por Halima:

¡Me dáis la vida y me quitáis el alma!

En realidad, la figuración de Cervantes en el curso del drama es mucho menor de lo que pudiera esperarse. ¡No era cosa fácil, en verdad, hacerle hablar! La escena en que más actuación personal le cabe es aquella en que, ya destinado al suplicio, se dirige a sus compatriotas para hacerles su última recomendación, que pondré aquí para muestra de los puntos que calza nuestro poeta:

Aquel que de vosotros logre un día
tornar al grato suelo de la patria,
vaya de puerta en puerta preguntando
dónde se halla una madre infortunada.
Y, al verla, obscurecidos ya los ojos
por el perpetuo daño de las lágrimas,
anúnciele que su hijo ha perecido
con la fe de sus padres en el alma;
bendiciendo, en el último suspiro,
las sagradas memorias de la patria,
y enviando con el alma el postrer beso...
¡el más tierno!... a su madre idolatrada.

Creo que el desenlace en la forma que se produce, tiene mucho de forzado, y, por el contrario, que no se sacó partido bastante de la actitud generosa de Cervantes cuando se declara el único culpable del intento de fuga de sus compañeros de cautiverio.

11.—«Cervantes en Argel». Párrafo de crónica del diario Los Debates, de Santiago en el que se da noticia de haberse colocado una lápida a la entrada de la cueva en que se refugió Cervantes en 1577.

12.—«Pensamientos de Cervantes», en Los Debates de Santiago, 5 de abril de 1887. Tomo la referencia de los Apuntes de Eliz. Véase otro artículo de la misma índole bajo el número 39, de 1905.

13.—«Un documento más acerca de Cervantes. Carta del bachiller Singilia al Dr. Emilio W. Thebussen». Los Debates de Santiago, 16 de junio de 1887. Reproducción de un artículo fechado en Madrid, a 23 de abril de 1887.

14.—«Barón de Ucino. Para el Museo Nacional (Don Quijote)». Artículo humorístico, en Los Tiempos, de Talca, 8 de mayo de 1890. Tomo la noticia de Eliz, si bien la cita no corresponde a la referencia que da.

15.—Sancho Panza, pequeño periódico ilustrado. Valparaíso, 1890. Trae este número Eliz, pero como el tal periodicucho no está en las colecciones de nuestra Biblioteca Nacional nada puedo decir acerca de su contenido.

16.—«Miguel de Cervantes Saavedra». Artículo de Don Cayetano Rosell, inserto en Los Tiempos, diario de Talca, del 23 de abril de 1891.

17.—«Al Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha antes de repetir la lectura de su historia». Versos de Ventura Ruiz de Aguilera, fechados en abril de 1896, y reproducidos en el diario que acaba de citarse.

18.—El Don Quijote. Rancagua, Imprenta de El Crepúsculo. Periodicucho del que salieron dos números, de 1 hoja en 4.º, cada uno, de marzo de 1893.

El prospecto, que no carece de miga, va firmado por Zoro Acosta y reza como sigue:

He pensado y resuelto que siendo necesaria mi presencia en esta ciudad (habla don Quijote), no haya quien detenga mi paso.

Este será sólo mi prospecto; mi triste figura se verá después.

Contra la razón nadie alegue conmigo, yo soy el caballero andante y el mundo entero he recorrido.

Nadie robe a Dios ninguna cosa para vendérmela a mí, como ser, sus gracias y sus dones.

En los más obscuros escondrijos que se oculte el mal o la virtud, yo los sacaré a luz para que el que no haya visto sus faltas las vea y las enmiende, y las virtudes para que el que la practique siempre lo repita, y el que no, lo imite.

19.—Sancho Panza semidiario de buen humor. Santiago, 18 de septiembre de 1893, 26 de enero de 1894. Son 56 números, de 4 páginas, con caricaturas.

20.—Ligero estudio gramatical y literario sobre el capitulo XXVIII del Quijote, por Hernando Adriazola Cruz (viñeta). Santiago de Chile. Imprenta y Librería Ercilla. Bandera, 21-K, 1894. 16.º—Port.—V. En bl.—Págs. 3-13 y final bl.— Suscrito en Santiago, mayo de 1894.

Conviene advertir que el capitulo a que se alude corresponde a la Parte Primera y es el que lleva por título: «Que trata de la nueva y agradable aventura que al Cura y Barbero sucedió en la mesma sierra».

Breve comentario en que se ponen de relieve las voces anticuadas, el uso de las contracciones en de él, de ella, el empleo del de pleonástico, el uso de los infinitivos combinado con el enclítico la, y alguno que otro giro hoy en desuso; y en la parte literaria, se celebra algunas frases, al paso que se aplaude sin reservas la enseñanza que se desprende de la narración. «En una palabra —concluye el comentador—, de todo esto resulta un conjunto en que rivalizan la corrección y armonía del lenguaje con la filosofía de sus pensamientos».

21.—Biblioteca Clásica Española de la juventud. Vol. I. «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha», por Miguel de Cervantes Saavedra. Edición en que se han tenido presentes las mejores publicadas hasta ahora con notas de los comentadores más insignes de esta obra arreglada para toda clase de personas y en especial para uso de los colegios, por don Domingo Abella. Sarria, Barcelona. Tipografía y Librería Salesianas, 1896.

8.º—3 vols.—1: 398 páginas; 11 (1897): 334 páginas: 111: 348 páginas. Citada en el Anuario de la Prensa Chilena, 1897, n. 1657.

Ya esto de «arreglada», que reza en la portada, tratándose de una edición del Quijote, suena mal, porque implica un atrevimiento que sólo alguien que carezca de sindéresis literaria podría cometer; pero se trata de la «decencia» y de un editor de sotana dispuesto a ver palabras y frases pecaminosas en las que eran modos de expresión y costumbres de aquella época, a pretexto de que no se sufrirían hoy, «en nuestra sociedad más culta las groserías e insolencias que entonces no escandalizaban». ¿Y a qué queda reducido entonces, preguntaríamos, lo que podemos saber de esas costumbres de antaño si se pretende medirlas con el cartabón imperante hoy?

Pero no es sólo eso. El editor ha modificado de hecho la estructura de la obra, cambiando los títulos de los capítulos, con supresiones abundantes del texto, que apuntaremos sumariamente.

Sin hacer caudal de los preliminares, que se omiten, y concretándonos al texto, tenemos que de la Parte I faltan los capítulos XII a XIV, de tal modo que el XV pasa a ser el XII, y al fin de cuentas sólo se enteran 34 en lugar de los 52 del original.

Como demostración del extremo a que el editor ha llevado su criterio pudibundo, baste con decir que en el sumario del capítulo XXVI se suprime «que de enamorado...» y que en el XXX de la Parte II, por la misma razón, omitió el calificativo de bella a la cazadora. En esta última parte, los 74 capítulos del original quedan reducidos a 68.

No dispongo en este momento del libro de los Suñé y a esa causa no puedo decir si aparece allí el editor Abella con su verdadero nombre, que fue el del salesiano chileno don Camilo Ortúzar.

22.—Panacea popular contra la crisis, por Sancho Panza. Santiago, Imprenta de La Gaceta, 1896. 8.º —Menor.— 57 páginas. Valga el recuerdo del escudero del Caballero Andante, que, salvo el nombre, no hay cosa en el folleto que a él toque.

23.—El Quijote. Cervantes. España en esa época, por L. Lira Smith. «Extenso estudio publicado en La Unión de Valparaíso, julio de 1897». Tal es lo que nos dice Eliz, que a mí no me fue posible verificar la cita, porque la referencia no pareció.

24.—«Para un busto de Cervantes». Epigrama (en el sentido clásico) de don Eduardo de la Barra (inserto en Santiago Ilustrado, n. I, 10 de diciembre de 1898), que dice así:

Pasé por la baja tierra
como sombra y no me vieron;
y después en mi Quijote
España su orgullo ha puesto.

25.—«Corazón de oro», novela escrita en inglés por Carlota M. Braeme. Traducción del bachiller Sansón Carrasco. Santiago de Chile. Imprenta Valparaíso de Federico T. Lathrop, 1901. 8.º —200 páginas.

No he podido descubrir a quien pertenezca el seudónimo. ¿Si tendría el traductor algo de socarrón, cuando quiso ocultarse con el nombre de aquella figura cervantina?

26.—Don Quijote. Periódico popular de caricaturas. 16 de noviembre de 1902, 11 de enero de 1903, son 16 números de 4 páginas. De Santiago.

27.—«Don Quijote de la Mancha». Traducción en verso castellano del soneto de Leopoldo Pereira, que se halla en las páginas 39-40 de Los cantos del Sabia. Artículos y poesías de los más ilustres escritores brasileños traducidos por Clemente Barahona Vega y Leonardo Eliz, Valparaíso, 1903. 8.º.

Comienza:

Montado en el paciente Rocinante...

Acaba:

Le abandona tan sólo en la agonía.

28.—«Traducción del artículo de Enrique Heine acerca de sus impresiones juveniles sugeridas por la lectura del Quijote». Hállase en Chile Ilustrado, Santiago de Chile, septiembre de 1904.

29.—«Miguel de Cervantes Saavedra». Artículo de la redacción del periódico Chile Ilustrado, encabezado con un retrato de Cervantes. En las cuantas líneas que comprende ese boceto biográfico está la afirmación de haber sido «estudiante pobre en la Universidad de Salamanca».

30.—El Quijote, periódico liberal de actualidades. Santiago de Chile. Salieron cuatro números, 25 de agosto-septiembre de 1904, de 4 páginas cada uno, de las cuales, en todos ellos, van dos llenas con caricaturas.

31.—«Del doctor del Quijote». Contribución al centenario, Profesor A. Bórquez Solar. De la Universidad de Chile y catedrático de castellano en el Internado Nacional. Imprenta Cervantes, 8.º, sin fecha (1905), 31 páginas.

De la nota final: «Este trabajo es la síntesis de una conferencia que el autor, por encargo especial del Ateneo de Santiago de Chile, dio en el Salón de Honor de la Universidad Nacional, en conmemoración del centenario del Quijote, ante una numerosa y selecta concurrencia de profesores universitarios, miembros del Parlamento y del Cuerpo Diplomático, distinguidas señoras y caballeros, representantes caracterizados de nuestra alta cultura». Añade el editor: «El conferencista fue entonces entusiastamente ovacionado».

Primera edición. Se reimprimió en las páginas 57-89 de Dilectos decires, París, Librería Paul Ollendorff, 8.º, sin fecha.

32.—«Juicio (anónimo, pero no creo equivocarme al suponerlo obra de don Manuel A. Román) Del dolor del Quijote», de Bórquez Solar, en el que como síntesis se dice que en ese libro «se convierte lo festivo en épico y elegíaco; el libro más sano, creado para encanto y recreo de la humanidad, en la síntesis del dolor y de la desesperación, y al Quijote en Cristo», La Revista Católica, 1905, páginas 850-52.

33.—«A Don Quijote». Versos de don L. Barros Méndez, insertos en Chile Ilustrado, Santiago de Chile, mayo de 1905, que comienzan:

Te miro, don Quijote, con respeto:
Yo me reí de ti, cuando era niño.
Con la inocente risa del cariño;
Mas hoy no he de reir; te lo prometo.

Y acaban:

¡Humanidad! imita a los andantes
Y tu propia locura no te asombre!
Que para ser Quijote basta el hombre...
Y hay que ser genio para ser Cervantes.

34.—«Apoteosis de Cervantes». Versos (octavas reales) de D. Francisco Concha Castillo, insertos en el número de mayo de 1905 de Chile Ilustrado.

Comienzan:

¡Oh! ¡Dios! ¿Quién puede levantar la frente,
De majestad y gloria coronada,
Ante los rayos de tu excelsa mente
Y el océano de luz de tu mirada?

Concluyen:

Lo mismo que los Andes, donde asienta
Su pedestal azul el Infinito,
Cuando fugaz exhalación argenta
Sus borrascosas sienes de granito,
Con fugitivo resplandor se ostenta
El rostro de Cervantes ya marchito,
Y su alma vuela a Dios; mas deja al mundo
La estela de su genio sin segundo.

35.—«Castigat ridendo mores. Ringorrangos en torno a Cervantes y don Quijote». Artículo don Juan Barros, inserto en el número ya varias veces citado del periódico Chile Ilustrado, que su autor califica de «rasgos anecdóticos desaliñados», y no carecen, por cierto, de fina observación y de originalidad.

36.—«El centenario de Don Quijote». Artículo de don Luis Orrego Luco, adornado de dos láminas, «Don Quijote por de fuera», de un dibujo de Aranda, y «Don Quijote en sus adentros», de Gustavo Doré, inserto en el número de mayo de 1905 de Chile Ilustrado. Pone de relieve el autor la constante lucha entre el ideal y la realidad, para decirnos que si el hidalgo manchego cayó aplastado por la fuerza, en su alma ha triunfado el ideal. «España, concluye, hace un siglo, perdía sus colonias, pero continuará eternamente como patria de Cervantes y como madre de nuestros viejos ideales nobilísimos. Ha conservado a Cervantes».

37.—«Cervantes soldado». Artículo de Juan Flores, publicado en el número de julio de 1905, de Chile Ilustrado, y escrito, supongo que en España, con motivo de un dibujo de don J. de D. Vargas y que se reproduce.

38.—«Don Quijote en Chile». Artículo de Ronquillo (seudónimo de don Egidio Poblete) inserto en el número de mayo de 1905 de Chile Ilustrado, adornado con dos láminas. Escrito en broma.

39.—«Pensamientos de Cervantes». Son 16 frases sacadas del Quijote, e insertas en el citado número de Chile Ilustrado, de mayo de 1905.

40.—Plumadas. Año I. N.º I. «A Cervantes» (grabado en madera con el retrato de Cervantes, en actitud de ser coronado por la gloria). En el tercer centenario de Don Quijote. —4.º (mayo de 1905). Periodicucho que alcanzó a enterar seis números.

41.— «Nueva edición del Quijote». Reproducción del artículo de Pompeyo Gener publicado en El Liberal, de Madrid, relativo a la edición barcelonesa de Seix. En Chile Ilustrado, mayo de 1905. Con una lámina.

42.—«Cervantes» Soneto. Suscrito por N. N. Bdo. Hállase en la Revista Católica, tomo VIII, página 866.

43.—«Don Quijote fuera de España. Apuntes para la historia del quijotismo», por Omer Emeth (seudónimo del presbítero don Emilio Vaisse). En El Mercurio de Santiago. 26 de septiembre de 1908.

44.—«El Viernes Santo de Don Quijote». Poesía de don Víctor Domingo Silva, inserta en Sucesos, de Valparaíso, 1908, y reimpresa en las páginas 231-236 de Las mejores poesías de..., Santiago (1918). 8.º.

Poesía inspirada y de un simbolismo altamente emocional. Copio la parte en que se pinta a don Quijote:

El era el Caballero de la Triste Figura,
que desde luengos días, en eterna aventura
se iba dondequiera pregonando la fama
de su Dios y su tierra, de su rey y su dama.

El era quien cantaba la voz de la leyenda
con sus hechos, el mismo que en singular contienda
venció a aquel Caballero del Bosque,
caballero notable por la enorme nariz de su escudero.

El era quien al pálido fulgor de las estrellas
lanzaba hacia la noche sus íntimas querellas
de amor, y se quedaba llorando sin reposo
mientras partía Sancho, camino del Toboso.

El era el más valiente y el más enamorado.
Intrépido, animoso, gallardo, fino, osado,
no había fama alguna de caballero andante
con él cuando agredía, jinete en Rocinante.

45.—«La sombra de Don Quijote». Hállase en las páginas 77-80 de Impresiones de juventud, de Amanda Labarca Hubertson, Santiago de Chile, 1909, 8.º.

[...] Jamás en ningún tiempo de la literatura hispánica, la figura del ideal caballero inspirara a un mayor número de autores que en el presente ciclo. Se podría tomar al azar una serie de estas nuevas obras y encontrar en todas la huella de su espíritu. Los poetas le cantan como los helenos a los héroes, le cantan en todos los tonos; los prosistas historian de nuevo su paso por el mundo.

Tal es la síntesis del artículo.

46.—«El retrato auténtico de Miguel de Cervantes», por E. Nercasseau y Morán. Hállase en las páginas 527-535 de Los Anales de la Universidad de Chile, tomo CXXXII, 1913, y va acompañado del retrato último de Cervantes, digo, del atribuido a don Juan de Jáuregui. Reproducido, con retrato del autor, en Zig-Zag de 15 de marzo de 1913.

47.—«Romance de Don Quijote», poesía, por Honorio Henríquez Pérez. Inserto en La Mañana de Santiago del 16 de mayo de 1913. Copio la noticia de Eliz, que no he podido ampliar, pues el diario que cita no se encuentra en la Biblioteca Nacional de Santiago, según se me dijo allí.

48.—«Por tierras de Don Quijote». Artículo publicado en El Mercurio de Valparaíso, 5 de mayo de 1914, por Mont-Calm, seudónimo del escritor chileno don Carlos Varas, que como corresponsal en viaje de aquel diario consigna las impresiones que le sugiere su marcha a través de las tierras teatro de las hazañas del héroe de Cervantes.

49.—«Cervantes y la gloria». Correspondencia de Mont-Calm, en El Mercurio de Valparaíso, de 1905. No encuentro comprobada esta cita de Eliz.

50.—Miguel de Cervantes Saavedra. Biografía escrita por Jaime Fitzmaurice-Kelly, profesor de Filología Castellana en la Universidad de Liverpool. Traducción castellana de Graciela Mandulano y M. del Rosario Godoy. Santiago de Chile, Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona, 1914. 4.ºPp. y retrato. La portada se halla sólo en la cubierta en color.

Timbre de honor será siempre para nuestra literatura el hecho de que la obra del catedrático inglés fuera vertida en Chile al castellano antes que en la propia España, con la circunstancia muy digna de aplauso de que el trabajo se debiera a dos señoritas chilenas.

La empresa era, en realidad, más difícil de lo que a primera vista pudiera pensarse, pues como lo advierte con mucha razón el que acometió aquélla en España, «en obras como éstas donde cada afirmación es el resultado de numerosas pesquisas, las palabras tienen un valor perenne, y el traductor no puede usar con mucha extensión el arbitrio de escogerlas entre el caudal de sinónimos de su lengua». Sabido esto, será justo reconocer que mucha disculpa merecen, «las señales de improvisación y distracción», en que, al decir de Omer Emeth (El Mercurio, 12 de julio de 1915), han incurrido a veces las entusiastas y laboriosas traductoras, que en efecto comprueba en su crítica y que sería inoficioso que reprodujéramos, advirtiendo sí, como lo hace, «que no todos los errores pueden achacarse a mala traducción».

De lo que no puede caber duda es de la falta de atención prestada a la corrección de pruebas, hasta el punto de que las llamadas del texto a las notas suelen no ser correlativas, con lo cual se ha producido un laberinto muy desagradable. ¿Por qué se dejaron esas notas para ser insertadas al fin y no colocarlas tal como estaban en el original, al pie de las páginas respectivas?

51.—«Crónica bibliográfica semanal: Miguel de Cervantes Saavedra. Biografía por Jaime Fitzmaurice-Kelly», traducida al castellano por Graciela Manduiano y M. del Rosario Godoy. Por Omer Emeth (seudónimo de don Emilio Vaisse).
Artículo inserto en El Mercurio de 12 de julio de 1915, de que se hizo ya mención.

52.—«Centenario de Cervantes. El llamamiento a la América». Por Blanca de los Ríos de Lampérez. El Mercurio de Valparaíso, 6 de enero de 1915. Tal es la referencia que trae Eliz, pero no se halla en el lugar que indica.

53.—«El centenario de Cervantes en América», por Enrique Rodó. En El Mercurio de Valparaíso, 7 de diciembre de 1915.

54.—«El centenario de Cervantes». Artículo publicado por don Ramón de Lartundo en El Mercurio de Valparaíso, del 22 de agosto de 1915, para felicitar a la colonia española de aquel puerto por el entusiasmo que manifiesta en los preparativos para la celebración del centenario del «Príncipe de los ingenios españoles», a la vez que propone la idea de erigirle allí algún monumento.

Advertiremos que el señor Lartundo es español, y por más señas, madrileño, si no estoy mal informado.

55.—«Cervantes en el folklore chileno. Un proyecto para la celebración del centenario», por Clemente Barahona Vega (de la revista Iberia). Santiago de Chile. Imprenta San Buenaventura, 1915. 8.º—16 páginas.

El título resulta, en verdad, engañoso, pues hace suponer lo que en realidad no existe, ni ha existido jamás, tanto, que nuestro folklorista más versado en la materia, cual es don Ramón A. Laval, sólo ha podido recoger la siguiente décima, la primera de una serie de disparatadas, compuestas con anterioridad a 1850, que todavía se cantan y en que salen a cuento las personas ridículas y lisiadas de Santiago, que dice como sigue:

Cuando Judas Iscariote
andaba de chacarero,
salió la Peta Guargüero
en pelo y vendiendo mote,
y lo supo don Quijote,
y quiso tomar venganza
y le ordenó a Sancho Panza
que le metiera el estoque,
porque estaba el Chucho Bórquez
cantando las Alabanzas.

¡Qué pobreza y qué asco!

56.—«Cervantes y Shakespeare», por Felipe Sassone. Artículo en El Mercurio de Valparaíso, del 13 de diciembre de 1915. Así está indicado por Eliz, pero no encontré la comprobación de la cita.

57.—«Don Quijote en Chile», por Ronquillo (seudónimo de Egidio Poblete). En Chile Ilustrado, Santiago, N.º 34, mayo de 1915, con grabados.

58.—«Don Miguel de Cervantes y la religión. Palique semimístico y semiliterario. 1. Una misa por Cervantes. II. Cervantes nace y muere fiel a la religión». Artículos suscritos por Laborator (seudónimo de don Clemente Barahona Vega) e insertos en Iberia, periódico de Santiago de Chile, números 16 y 17, de 21 y 28 de noviembre de 1915.

59.—«Feria Hidalga sin Caballero», poesía de Enrique Mesa, publicada en el N.º 34, de 13 de marzo de 1915, de Ideales de Concepción. Referencia de Eliz, que no he logrado comprobar, porque falta ese periódico en las colecciones de la Biblioteca Nacional.

60.—«Himno a Cervantes», suscrito por D. J. Peláez y Tapia, e inserto en el número de 21 de noviembre de 1915 de Iberia.

Comienza:

Nos congregan la raza y la patria

con lo que está dicho que el autor es español.

Eliz cita esta misma pieza como impresa por primera vez en España en Chile, revista española de Valparaíso, N.º 1.º, 12 de octubre de 1915.

61.—«El monumento a Cervantes en Madrid». Boceto premiado, obra del arquitecto Anasagasti y del escultor Inurria. El Mercurio de Valparaíso, 31 de diciembre de 1915. Cito este número por referencia de Eliz, pero la que da no la hallo en el diario de la fecha indicada.

62.—«El retrato de Miguel de Cervantes», pintado por Jáuregui. Próxima llegada a Valparaíso de una copia pedida al director de la Real Academia Española. Texto de la carta que a éste dirigió la Junta Directiva del Centro Español. Carta de don Antonio Maura. El Mercurio de Valparaíso, de 19 de diciembre de 1915. Así en Eliz.

63.—«El tricentenario de Cervantes». Artículo de don Antonio Bórquez Solar, en La Unión de Santiago, del 28 de diciembre de 1915.

64.—«¡Pobre lengua de Cervantes!» Artículo de P. Lyon (seudónimo de P. L. Parodi), publicado en El Mercurio de Valparaíso, diciembre de 1915. Referencia que tomo de Eliz.

65.—«Representación de Miguel de Cervantes Saavedra exponiendo sus méritos y servicios hechos en Italia, en la batalla naval de Lepanto, y en otras partes, con motivo de solicitar uno de los oficios vacantes era las Indias». Insertose en Iberia, 28 de noviembre de 1915; tomándola de la revista Hispania de La Paz (Bolivia).

66.—«Supercherías y errores cervantinos puestos en claro por Francisco A. Icaza». Madrid, 1917. 8.º. Juicio crítico de Omer Emeth (Emilio Vaisse), inserto en El Mercurio de Santiago de Chile del 27 de agosto de 1917.

67.—«Un documento más acerca de Cervantes». En Los Debates, de Santiago, del 16 de junio de 1887. Es la carta que el bachiller Singilia envió al doctor Thebussen desde Madrid, a 23 de abril de aquel año. Reproducido en El Mercurio, de Valparaíso, en 1915.

68.—Academia Chilena. Homenaje a Cervantes. Discursos leídos en la sesión solemne con que la Academia Chilena conmemoró, el 23 de abril de 1916, el tercer centenario de la muerte de Cervantes. Imprenta Universitaria, Santiago, 1916. 4.º—92 páginas.

Contiene una breve reseña del acto, suscrita por el director y el secretario, y los discursos siguientes:

  • J. T. Medina, «Cervantes americanista: lo que dijo de los hombres y cosas de América».
  • Enrique Nercasseau y Morán, «Discurso (reseña biográfica y crítica)».
  • Manuel A. Roman, «La lengua del Quijote y la de Chile».
  • Francisco A. Concha y Castillo, «La apoteosis de Cervantes, fantasía (en verso)».
  • Julio Vicuña Cifuentes, «Discurso» pronunciado en Valparaíso como mantenedor de los juegos florales cervantinos, organizados por la colonia española de aquel puerto.

69.—«Al Comité Cervantino de Valparaíso», artículo de E. G. Larraín Bach, inserto en El Mercurio de ese puerto del 28 de febrero de 1916.

70.—«Aplazamiento de las fiestas cervantinas». Artículo de F. Barrios Vallejo, inserto en El Mercurio de Valparaíso del 14 de febrero de 1916.

71.—«El centenario de Cervantes». Artículo del Dr. Francisco Cobos, en la revista España en Chile, N.º 9, Valparaíso, 1 de enero de 1916.

72.—«El centenario de la muerte de Cervantes». Artículo de don Rafael Altamira, inserto en la revista España en Chile de Valparaíso, N.º 9, 15 de febrero de 1916.

73.—«El cura del Quijote». Soneto. Firmado por D Manuel Antonio Román. Hállase inserto en la página 695 del tomo XXX de la Revista Católica de Santiago, número de 6 de mayo de 1916.

Comienza:

Canten otros al noble don Quijote...

Acaba:

Hagas en las llamas auto nunca visto.

74.—«A Miguel de Cervantes Saavedra (en su tercer centenario)». Soneto, firmado por Abel Arellano R.

Comienza:

¡Salve, Manco inmortal! risa del llanto...

Acaba:

Los locos cuerdos y los cuerdos locos.

Va con cuatro notas, a modo de comentario. Hállase en la página 696 del número de la Revista que acaba de citarse.

75.—«Filipinas y la lengua de Cervantes». Artículo de Julián Martín, en España en Chile, de Valparaíso, número 9, del 15 de febrero de 1916.

76.—«La casa de Cervantes en Valladolid. Su adquisición y restauración por don Alfonso XIII». Por el marqués de la Vega Inclán. Artículo reproducido en el número 698 de Sucesos, de Valparaíso, 10 de febrero de 1916. Con varios grabados.

77.—Pedro Recio (Desiderio Lizana Droguett) «Sancho en el cielo». Poema joco-satírico, que obtuvo primer premio en los fuegos Florales Cervantinos, celebrados en Valparaíso el 23 de abril de 1916, en conmemoración del tercer centenario de la muerte del Príncipe de los Ingenios. Santiago de Chile. Imprenta, Litografía y Encuadernación La Ilustración, 1916. 4.º mayor.— VIII-31 páginas y retrato del autor.

Las páginas preliminares contienen la dedicatoria del autor y el juicio de Omer Emeth, artículo inserto en El Mercurio de Santiago del 25 de septiembre de aquel año. Segunda tirada, pues la primera salió sin dicho artículo.

78.—Pedro Recio (Desiderio Lizana Droguett). «Sancho en el cielo». Santiago de Chile, Imprenta Universitaria, 1916. 8.º—48 páginas y retrato del autor.

Tal es el título en la cubierta; en la del texto se reproduce el que se puso a la príncipe. Lleva la dedicatoria anterior, la transcripción del informe de los jurados en la parte pertinente y el juicio citado de Omer Emeth.

El señor Lizana, observa éste, en medio de la unánime seriedad con que todos los poetas cantaron a Cervantes, se atrevió a sonreirse, y su atrevimiento fue aplaudido. Mientras muchos en toda la América, celebraban en versos grandilocuentes las más sonoras (y a veces las más huecas) abstracciones, nuestro autor quiso con sus versos joco-satíricos ahuyentar el tedio, cuya amenaza, a modo de negra nube, se cernía sobre las fiestas cervantinas. Logró el poeta su intento [...]

Y entrando en otro terreno para razonar de cosecha propia, con sus puntas de buen humor también, apostrofa así a Sancho:

[...] no pidas licencia para salir del Paraíso, donde, entre sonrisa, te encerró el señor Lizana. Ya es inútil en la tierra tu presencia. Donde no hay Quijote, ¿qué papel harías tú, escudero sin amo?

Y además, ten presente, ¡oh, Sancho! que ya tu raza se ha multiplicado en el mundo hasta llenarlo [...]

79.—«Que se aclare (postergación de las Fiestas Cervantinas)». Artículo del bachiller Alcañices (seudónimo de Felipe Aparicio) en El Mercurio de Valparaíso del 16 de febrero de 1916.

80.—«El tricentenario de Cervantes». Artículo de don Antonio Bórquez Solar inserto en el número de 28 de diciembre de 1915 del diario La Unión, de Valparaíso, en el que aplaude la idea propiciada por la colonia española de aquel puerto de que se abra concurso para un monumento a Cervantes.

81.—«En el tricentenario del Príncipe de los Ingenios. Cervantinas. Homero, Dante, Camoens y Cervantes» por Leonardo Eliz (de la revista España en Chile). Imprenta Royal, Valparaíso, 1916. 8.º—16 páginas.

Esbozos biográficos de los cuatro grandes «creadores del arte», como los llama el autor, que con especial referencia a Cervantes, dice: «Pensando en él y en sus obras, su figura se agiganta de un modo que pasma ante los ojos de la imaginación». Para exclamar luego: «¡Cervantes es un sol sin ocaso en el cenit del arte y de la gloria!».

82.—«En el tricentenario del Príncipe de los Ingenios. Apuntes para una bibliografía chilena sobre Cervantes» por Leonardo Eliz (de la revista España en Chile). Imprenta Royal, Valparaíso, 1916. 8.º—Menor. —10 páginas.

Al comienzo de estas notas se dijo ya cuán apreciables son esos Apuntes, tanto por haber sido el primer ensayo bibliográfico escrito en Chile sobre Cervantes, cuanto por la paciente y minuciosa labor que suponen.

83.—«Tricentenario del Príncipe de los Ingenios. Apoteosis de Cervantes en el Parnaso», por Leonardo Eliz. Valparaíso, 23 de abril de 1916. 8.º—31 páginas y la final, s. f., para el colofón. —Retrato de Cervantes.

Comienza el autor por decirnos: «Como admirador de Cervantes y lector asiduo de sus obras, deposito esta humildísima flor al pie del monumento universal de su inmensa gloria!». Divide su trabajo en dos jornadas, y en ellas figuran los personajes siguientes: Apolo, las Musas, las Gracias, Minerva, Venus, Cervantes, Luis de León, Garcilaso, de la Vega, una doncella, poetas, la Fama, la Gloria.

El Parnaso está de fiesta: a él se encamina Cervantes, que, viejo ya y fatigado, se sienta a descansar en una peña, a la sombra de un añoso roble, rememorando allí las etapas principales de su vida, a tiempo que llegan Luis de León y Garcilaso, y traban un coloquio, sazonado con versos de propia cosecha, para separarse luego, llamados por algunos otros poetas, entre quienes se cuentan Lope, Quevedo, Rioja; Quintana, Campoamor y Nuñez de Arce. Mientras tanto, «el divino escritor» sigue su camino, hasta encontrarse de improviso con una hermosa doncella, que resulta ser Clío, la musa de la Historia, que se ofrece a acompañarle y le sigue en efecto hasta dejarle en la cumbre del monte, donde han tomado ya asiento centenares de poetas de todas las naciones, antiguos y modernos, sin que falten entre ellos algunos americanos, y de los chilenos, Lillo, Soffía y de la Barra: al centro, culminando sobre todos, Apolo con las Musas y las Gracias, Minerva y otras divinidades del Olimpo, elogiando aquellas una tras otra las producciones literarias de Cervantes en los diversos géneros que cultivó. Llegan, por fin, Venus y la Gloria, esta última enviada por Júpiter, trayendo una corona de laurel en la mano, con la cual ciñe la frente de Cervantes. Tributa éste sus agradecimientos, reclamando para su patria la gloria que alcanzara. Suena la Fama su vocinglera trompeta, los poetas invitados rodean al héroe, le felicitan con efusión y le acompañan en seguida hasta su humilde morada.

84.—«Tricentenario del Príncipe de los Ingenios. Cervantes y las Rosas», por Leonardo Eliz (Rodofilo). Carta del autor y contestación de D. Clemente Barahona Vega. Valparaíso, 23 de abril de 1916. 8.º—92 páginas y la final para el colofón. Retrato de Cervantes, lámina con una rosa y ex libris del autor.

Estudio hecho con mucho cariño y agudeza de ingenio por ambos escritores acerca de la afición de Cervantes por las rosas, de donde le llaman rodólogo. Eliz, lápiz en mano, ha ido anotando los pasajes de las obras del «manco sano» en que recuerda, con un motivo u otro aquella flor, para pedir en conclusión que al celebrarse el tercer centenario de su muerte «no se olviden de las rosas, que abunden y decoren y ornamenten los recintos destinados a la apoteosis de Cervantes».

85.—El tricentenario de Cervantes en Chile. El libro de los juegos Florales cervantistas y otras fiestas organizadas por la colonia española de Valparaíso en los días 22 y 23 de abril de 1916, en homenaje al autor del inmortal libro «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha». Compilación y reseñas por Pelayo de Tapia. Soc. Imp. y Lit. Universo. 4.º Mayor—236 páginas, 3 hojas de música notada y una s. f., de índice. Dos retratos de la reina de la fiesta, uno de Cervantes y otro de don Fernando Rioja, y muchos otros en el cuerpo del texto. Un escudo en color de la reina de la fiesta, y en la cubierta, los de España y Chile y el de la imprenta en donde se imprimió El Quijote. 10 láminas en página llena. Impresión por extremo lujosa, a varias tintas.

Contiene esta hermosa publicación, aparte de la relación de las fiestas, y de índole propiamente literaria:

  • «Discurso» del mantenedor don Julio Vicuña Cifuentes.
  • «El Caballero del Amor», por José Peláez y Tapia, en verso, como las que siguen.
  • Luis A. Hurtado L., «Amor de mis Amores». Claudio Barros, Amor.
  • Fray David Rubio, agustino, «Canto al Amor».
  • Juan Ramón Ramírez, presbítero, «Alabanza a Cervantes».
  • David Bari, «Canto lírico a Miguel de Cervantes y Saavedra».
  • Samuel A. Lillo, «Canto lírico a la Lengua Castellana».
  • Humberto Bórquez Solar, «Canto a la Lengua Castellana».
  • Humberto Bórquez Solar, «Elogio al Libro Inmortal».
  • Ismael Parraguez, «Elogio del Libro El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha».
  • Desiderio Lizana, «Sancho en el Cielo».
  • Luis A. Hurtado L., «La Resurrección de Don Quijote».
  • Leonardo Eliz, «A Don Quijote de la Mancha».
  • «Pórtico», por el Caballero del Amor.
  • Julio Vicuña Cifuentes, «Remembranza» (soneto).

Y 21 composiciones más, en prosa y verso, todas breves, de los señores Miguel Ramis y Clar, Juan de Dios Vergara Salvá, Arturo Solar Vicuña, Roberto Peragallo, P. Pablo Martínez, Juan B. Montané, J. Peláez y Tapia, Luis A. Hurtado, Claudio Barros, Ismael Parraguez, Humberto Bórquez Solar, Leonardo Eliz, Héctor Erazo Armas, Felipe Aparicio, Rómulo Hurtado Rojas, P. Eugenio de San José, P. Mariano Ciudad, Luis D. Cruz Ocampo, La estudiantina Cervantes (serenata) y Desiderio Lizana.

86.—«Juicio de Leo Par (Ricardo Dávila Silva) acerca del libro precedente», en La Nación de Santiago, 7 de mayo de 1917.

«Hay bastante que admirar y aplaudir en este bello y rendido homenaje a la mayor gloria de España. Inspirados por el numen de Cervantes, los poetas nuestros y algunos extranjeros, encontraron, para cantarlo, acentos de entusiasmo, dignos de quien ha sido y será siempre símbolo de la raza, eslabón de oro que una a los dos continentes de habla ibera».

«No cabría aquí de todos los trabajos insertos en el volumen. Indicaré los más importantes».

«El discurso del mantenedor, don Julio Vicuña Cifuentes, me parece una joya de buen decir, de prosa noble y armoniosa, con altura de concepto y magnificencia de dicción. Pocas veces se ha escrito en Chile con más sabor castellano; pocas veces hemos encontrado aquí ese léxico y esos giros tan característicos del habla de Castilla. El del señor Vicuña Cifuentes es un estilo correctísimo, académico. Oíd esta profesión de fe: “Yo venero a Cervantes, señoras y señores, y amo a Don Quijote: amo su divina locura, que nace, no de herencia morbosa ni de amenguamiento de fuerzas, sino de exaltación de ideal, de intensidad de anhelos, de olvido de la realidad ambiente por total inmersión del espíritu en el bello mundo creado por la fantasía. Amo esa locura sin la cual no se conciben los genios ni los santos”».

«Entre las poesías más recomendables del volumen, añade el crítico, figuran las de los señores J. Peláez y Tapia, Luis A. Hurtado, Samuel Lillo y Desiderio Lizana. Elocuentes y conceptuosas todas ellas, tiene, sin embargo, cada una sus peculiares cualidades».

87.—«Fiesta de la Raza. Juicio» de Leo Par, en La Nación, 6 de agosto de 1917.

Al criticar este libro, observa Leo Par: «Ninguna oportunidad más propicia para volver los ánimos a la madre patria que el reciente aniversario de Cervantes, celebrado con gran pompa en nuestro país».

«Al ensalzar al autor del Quijote, buena parte de los elogios prodigados al ingenioso escritor refluyó en su bella patria, que un tiempo dominó dos continentes por la fuerza de las armas, y que hoy continúa vasallándolos con la fuerza más inquebrantable, diamantina, de la gratitud y el amor».

88.—«Cervantes y su “Tía Fingida”». Artículo del presbítero D. Guillermo Jünemann, inserto en La Revista Católica de 5 de octubre de 1918 (páginas 526-31), (Santiago de Chile), en apoyo de la tesis de que la novela no debió ser obra de Cervantes. Es curioso observar en este artículo cómo, a la vez se reconoce en el argumento que «no carece de cierta inventiva», que «no está a las alturas del genio de Cervantes», y en seguida, que si no cautiva «mayormente la narración, contiene no pocos pormenores satíricos y está bien hecha la pintura de la castísima sobrina putativa».

Pero, a raíz de tan manifiestas contradicciones, nuestro presbítero se aíra contra los que han pretendido atribuírsela a Cervantes, por ser obra «anticristiana y antiliteraria» y que, por ende, han hecho mal los que «han tenido la avilantez de introducir esta gentuza de íntima ralea en el aristocrático hogar cervantesco...».

Ya se comprenderá que ante tales argumentos no cabe discusión de un tema puramente literario. Condenar las opiniones ajenas en materia como esta, valiéndose del insulto, acusa de por sí falta de razones para sostener la propia. ¡Con su pan se lo coma el irascible y sectario crítico!

89.—El disfrazado autor del «Quijote» impreso en Tarragona fue fray Alonso Fernández. Estudio crítico por J. T. Medina con una carta prólogo de don Julio Vicuña Cifuentes de la Academia Chilena correspondiente de la Española de la Lengua. Santiago de Chile. Imprenta Universitaria, 1918. 8.º—XXII.—141 páginas.

No es a mí a quien pueda corresponder la crítica de este estudio, tanto menos, cuanto que mi amigo Vícuña Cifuentes ha querido prestigiarlo con su palabra tan autorizada como libre de prejuicios y compadrazgos literarios. Limitareme, pues, por lo que al lector pueda interesar, a transcribir aquí los capítulos de que consta.

I. Preliminar. II. Fernández de Avellaneda era eclesiástico. III. Fernández de Avellaneda era fraile dominico. IV. El lenguaje de Fernández de Avellaneda. V. Reminiscencias que se hallan en la obra. VI. Noticia biográfica. VII. Atando cabos. VIII. Siguen las noticias biográficas. IX. Bibliografía.

90.—«Cervantes en Argel. Su cautiverio. Anécdotas». Artículo sin firma, inserto en Las últimas Noticias de Santiago, de los días 22 de enero y 5 de febrero de 1919.

91.—«El Lauso de Galatea de Cervantes es Ercilla». By J. T. Medina (reprinted from The Romanic Review. Vol. X., N.º I, january-march, 1919). 4.º—Páginas 16-25.

El autor desecha la opinión de los que creyeron ver representado a Ercilla, en la ficción arcádica de Cervantes, bajo el nombre de Larsileo, aduciendo en comprobación de la nueva tesis que sustenta las consideraciones que le pareció hacían al caso; para concluir, en último término, con que el propio Cervantes, por boca de don Quijote, nunca tomó a lo serio tales atribuciones, sino «que las más veces se las fingen por dar subjeto a sus versos».

92.—Novela de la «Tía Fingida» con anotaciones a su texto y un estudio crítico acerca de quien fue su autor, por J. T. Medina con un prólogo de don Julio Vicuña Cifuentes de la Academia Chilena Correspondiente de la Española. Santiago de Chile, Imprenta Elzeviriana, 1919. 8.º—XXX. —494 páginas.

Lleva al fin la «Crítica Literaria» del libro por Leo Par (don Ricardo Dávila Silva). Digo, con vista del libro, lo que ya expresé al tratar del que acabo de colacionar; y si en aquél, puede todavía caber duda acerca de la paternidad que le atribuyo, persuadido estoy que tal no cabe tratándose de adjudicar a Cervantes una novela que a gritos está denunciando la pluma de que procedía.

Útil puede parecer, para los que no tengan a la vista esta obrecilla mía, que copie aquí el índice de las materias que en ella se dilucidan:

Dedicatoria (a don Julio Cejador y Frauca). Prólogo de Vicuña Cifuentes. Al lector. Texto de la novela (con sus notas al pie).

Estudio crítico: I. El primer manuscrito de La Tía fingida. II. El segundo manuscrito de La Tía fingida. III. Primera impresión de La Tía fingida. IV. Publicación del manuscrito de la Colombina. V. El borrador de La Tía fingida. VI. Los candidatos que se dan como autores de La Tía fingida. I. El licenciado don Francisco Porras de la Cámara. VII. Id. II. Fray Alonso Fernández. VII. Cervantes, autor de La Tía fingida. I. Cotejo del vocabulario de la novela. VIII. Id. II. Coincidencias de estilo y similitud de frases. 11. Id. id. III. Identidad de conceptos y frases. I. Id. id. IV. Los personajes de la novela. XI. Id. id. V. De cómo y por qué La Tía fingida es de Cervantes. XII. De la moralidad y otros particulares de La Tía fingida. Registro de voces glosadas.

93.—José de la Cruz Valleio. Homenaje a Miguel de Cervantes. 1920. Imprenta El Comercio, Iquique. 16.º—12 páginas y una s. f., en verso (Décimas. Retrato del autor).

A Vallejo se le llama, en un suelto publicado en un diario de aquella ciudad, «el más joven de los intelectuales españoles residentes en Chile».

Valga la buena intención del autor al celebrar a Cervantes, ya que sus versos son desmayados y flojos al recordarle, junto con Sancho, Rocinante, Sansón Carrasco, Dulcinea y el Rucio. Los he leído todos y en verdad que me cuesta decidirme sobre cual sea la menos mala de sus estrofas, y al fin me quedo con ésta:

Es tu Quijote el tesoro
De la noble raza hispana,
Que en la Lengua soberana
Escrito está en letras de oro.               
Veinte naciones a coro
Proclaman tu excelsitud,
Al compás de algún laúd
En frondosa selva indiana
Atravesará mañana...
Tan veloz como el alud.

  • (*) Originalmente publicado como Notas bibliográficas por J. T. Medina. Santiago de Chile: Imprenta Universitaria, Estado 63, 1923. (Tomado de Medina, José Toribio. «Cervantes en las letras chilenas». Estudios cervantinos. Prólogo del Dr. Rodolfo Oroz Scheibe. Santiago de Chile: Fondo Historiográfico y Bibliográfico José Toribio Medina, 1958. 565-598). volver
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