por Ignacio Arellano
[p. 331] Aunque la poesía satírica de Quevedo en su conjunto no se caracteriza por su facilidad, pocos poemas ofrecen tantos obstáculos como los tres sonetos antigongorinos del ms. 108 de la Biblioteca de Menéndez Pelayo, que forman una serie de técnica análoga, y que tienen en la edición de Blecua los núms. 834, 836 y 838.1 De ellos, el más hermético es, quizá, el 836, que me propongo examinar aquí, y que transcribo según el texto fijado por Blecua:
Sulquivagante, pretensor de Estolo,
pues que lo expuesto al Noto solificas
y obtusas speluncas comunicas,
despecho de las musas a ti solo,huye, no carpa, de tu Dafne Apolo
surculos slabros de teretes picas,
porque con tus perversos damnificas
los institutos de su sacro Tolo.Has acabado aliundo su Parnaso;
adulteras la casta poesía,
ventilas bandos, niños inquïetas,parco, cerúleo, veterano vaso:
piáculos perpetra su porfía,
estuprando neotéricos poetas.
La crítica suele ver en esta vorágine verbal un remedo caótico de la técnica culterana cuya potencia expresiva radicaría precisamente en su ininteligibilidad: así lo estima Gariano, en reciente artículo donde considera que el v. 6 «suena a jitanjáfora»; o Rangel, que comenta el vago sabor procaz y el extravagante caos de neologismos del soneto; o Profeti, que insiste en el efecto incomprensible y desenfrenado de estas series de cultismos que le recuerdan la enumeración caótica surrealista.2 Manuel Durán,3 que ha dedicado reiteradas reflexiones a su elucidación, se sitúa también en esta línea, aunque intenta descubrir el sentido de ciertos juegos y alusiones.
[p. 332] Sin pretender negar el sentido cómico y satírico de la ininteligibilidad (primer efecto expresivo indudable), creo, sin embargo, que hay que buscar, más allá de los aparentes caos quevedianos, la red de alusiones conceptistas que suele constituir la verdadera dimensión de su burla ingeniosa, examinando estos neologismos e intentando una explicación lo más detallada posible.4
El soneto se inicia enderezando a Góngora los primeros insultos. Sulquivagante lo ha juzgado Durán5 un «hallazgo feliz» que «nos recuerda a un sultán que deja vagar su imaginación (quizá lo de ‘sultán’ a su vez porque Quevedo se empeña en hallar rasgos orientales, judíos, a la personalidad de Góngora)». En mi opinión se trata de una palabra compuesta de sulco y vagante: sulco, sulcar, se usaban frecuentemente en contextos marineros; sulcar el mar era expresión cliché.6 En vagante no veo el sentido de ‘indolencia’, sino el etimológico de ‘andar sin rumbo’, como en el Polifemo gongorino (v. 467). Sulquivagante vendría a significar ‘errante por el mar’,7 y lo creo alusión al comienzo de las Soledades (donde el peregrino va errante por el mar incierto hasta su naufragio) que apunta satíricamente a la desorientación artística del propio Góngora. Que se tiene presente el texto de las Soledades me parece obvio, según revela la cercana evocación del v. 2. En cuanto a pretensor, que Durán se explica como posible cruce de pretendiente y tenso, es palabra atestiguada en el propio Quevedo y recogida en los diccionarios:8 significa lo mismo que pretendiente: Góngora es un desorientado pretendiente de Estolo, vocablo este que plantea más dificultades. Durán lo supone «nombre más o menos fabuloso de país imaginario que recuerda Etolia y Epiro».9 Por mi parte no he hallado testimonios geográficos o mitológicos que aclaren este término, pero me inclino a relacionarlo con el latín stolus ‘navegación, trayecto por agua’ (que continúa coherentemente la isotopía marinera inaugurada en sulquivagante), proveniente del griego stólos ‘flota, expedición naval’, y con un representante vernáculo en el catalán estol ‘escuadra, flota’:10 pudiera sugerir, más que un país imaginario, una supuesta divinidad marina, en quien operarían sobre todo las connotaciones suscitadas por el cuerpo fónico de la palabra, que permite evocar, más que Etolia o Epiro, estólido, del cual puede constituir un regresivo macarrónico:11 el puerto de arribada, la meta pretendida de la poesía gongorina resultaría así la quintaesencia de la necedad. El v. 2 se introduce con una conjunción que presenta las razones para las críticas precedentes: la utilización de la terminología marinera se justifica porque Góngora trata esos temas en el pasaje recordado satíricamente, que es el comienzo de las Soledades, en particular los vv. 15-16 «del siempre en la montaña opuesto pino / al enemigo Noto», relativos al barco del peregrino. Solificas parece obvia alusión a las Soledades; expuesto recuerda de cerca el opuesto del pasaje gongorino; en ambos se reitera el Noto. Esta repetición, la paronomasia, y la derivación burlesca solificar, son los mecanismos que conectan el texto paródico con el intertexto ridiculizado. En el v. 3 la referencia satírica se dirige contra otro gran poema de Góngora: speluncas («lo mismo que cueva. Es voz puramente latina», Autoridades) parece aludir a las octavas 5.ª y 6.ª del Polifemo, que describen la cueva del cíclope, pasaje de los más famosos de don Luis,12 a la vez que sugiere la ‘oscuridad’ de su poesía (sema integrado connotativamente en cueva o espelunca). Obtuso se aplicaba ya en latín al ingenio [p. 333] torpe («obtuso ingenio esse») y recoge la idea expresada por Estolo, calificando peyorativamente la habilidad poética de su enemigo: los últimos versos del cuarteto podrían traducirse: ‘escribes versos obtusos, sin ingenio, haces descripciones de cuevas —como la del Polifemo—, que solo entiendes tú’. Se interprete el sintagma despecho de las musas como apóstrofe a Góngora, o bien como imitación paródica del ablativo latino de circunstancia concomitante sin preposición,13 referido al verbo comunicas, el sentido varía poco: los versos de Góngora disgustan a las musas, por malos y oscuros. A ti solo (una de las pocas expresiones sin problemas de entendimiento literal) potencia su valor expresivo al constituir con solificas un juego de figura etimológica y, respecto al sentido de comunicas (‘dar parte y noticia de algo a otros’) una paradoja o agudeza de improporción de valor satírico.
El segundo cuarteto plantea nuevas dificultades. La significación del v. 5 parece clara ‘Apolo rechaza a tu Dafne, en vez de perseguirla’14 Apolo es, sin duda, el sujeto que huye, verbo al que se opone carpa que interpreto como derivado del carpo latino, algunos de cuyos significados podían ser ‘acosar, hostigar, acometer persiguiendo’,15 que proporciona congruencia antitética y contextual en relación al mito a que se refiere, en el cual es Apolo el perseguidor y Dafne la fugitiva. La sintaxis resulta satisfactoria si se interpreta huye como transitivo, ‘evita, elude’, y surculos como su objeto directo:16 ‘Apolo evita, rechaza, los surculos (retoños, brotes) de Dafne’. Surculos es término complejo en su potencialidad alusiva. El sentido más evidente ‘retoño, vástago, brote’ (latín surculus) es, sin duda, referencia a la metamorfosis de Dafne en laurel. La frecuencia de ciertas disociaciones burlescas del tipo parti-cular, cal-cular, Culi-seo,17 a las que Quevedo se muestra especialmente aficionado (mino-culo, 832:9; vín-culo, 828:64; cír-culo, 832:5, y en este mismo soneto piá-culos, v. 13), incita a ver en surculos un juego de este tipo, que inaugura las alusiones groseras y rápidamente intensificadas.18 Aunque en latín surcus ‘rama cortada de un árbol’ (del cual surculus ‘brote’ es diminutivo), y sulcus ‘surco, línea formada al arar la tierra o hendir un fluido’, son palabras distintas; no veo difícil (y menos en su manipulación macarrónica) que la paronimia19 permita la confluencia de sus respectivos sentidos en el surculos del poema, que podrá ser interpretado también como diminutivo de sulcus (o surco): la polisemia de surculos podría, pues, establecerse: a) ‘retoños, brotes’, alusión a la metamorfosis, que apunta maliciosamente a los miembros o cuerpo de Dafne; b) ‘pequeños surcos’ como diminutivo de sulcus: y en este sentido hay que recordar el valor del latín sulcus: «Dícese de los órganos femeninos de la generación»,20 significado obsceno que concreta burlescamente al anterior y que se refuerza con c) el juego disociativo escatológico y obsceno señalado.
El resto del verso lo creo calificación degradatoria de surculos: slabros (adjetivo que concierta con surculos) puede ser un macarrónico participio derivado del italiano slabbrare «tagliar le labbra / Guastare orifizio, orlo, labbro d’un vaso, margini di una ferita»21 a cuyo sentido se sumaría el de labrar ‘arar’ fusión polisémica facilitada por la paronomasia slabbrare/labrar, y por el sentido ‘pequeños surcos’ de surculos, que reclama el de ‘arar’. Ciertos sentidos de labrar, por otra parte (‘herir, ahondar una herida, mortificar’)22 coinciden con los de slabbrare, lo cual apoya la confluencia significativa. [p. 334] Slabros, en resumen, sería tanto ‘labrados’ como ‘de labios cortados, de bordes agrandados y estropeados, magullados’: todos estos sentidos resultan congruentes y estrechamente trabados con los diversos valores metafóricos y alusiones presentes en el verso, que en última instancia se puede entender: ‘Apolo evita los encantos —el sexo— de Dafne, muy labrado y estropeado, muy usado’. La metáfora de labrar en sentido sexual, además de ser coherente con la isotopía iniciada en la metáfora sulcus-surculo = ‘sexo femenino’, es tópica.23 El sentido de slabbrare ‘cortar los labios, mutilar, agrandar la herida…’, resulta igualmente aceptable, ya que labios se puede aplicar al borde de cualquier orificio, vaso o herida (Autoridades) y, sobre todo, tiene un preciso uso anatómico relativo al sexo femenino, además de aparecer en la poesía erótica del Siglo de Oro con el mismo sentido.24
Si estoy en la vía correcta, picas (adjetivado por teretes), debe de ser el agente de la acción de slabrar, introducido por la preposición de, como era normal para el agente de la pasiva. No es difícil conciliar la acción de ‘mutilar, ahondar una herida, cortar, etc.’, con la semántica de pica ‘lanza’. En el plano de las alusiones obscenas resulta perfectamente congruente: la pica (que labra, hiere, perfora, los surculos, ‘retoños’ = ‘miembros, cuerpo’ = ‘sexo’ de Dafne) es metáfora tópica para el miembro viril, innumerablemente repetida, también por el propio Quevedo.25
En otros textos encontramos imágenes semejantes que pueden apoyar, quizá, esta interpretación: en uno de los poemas recogidos en la excelente antología de Alzieu, Jammes y Lissorgues,26 por ejemplo:
El padre que no replica
viendo gastar a las hijas
galas, copete y sortijas,
desde la grande a la chica,
si piensa no usan de pica,
cuando ya saben de gola
mamóla.
y, lo que es más interesante a efectos del soneto que comento, la imagen de la pica con este significado se refiere a Dafne en un poema burlesco de Louis Richer27 modificando maliciosamente el sentido de la frase hecha «pasar por las picas»: Apolo se dispone a alcanzar a Dafne, y es preciso que la ninfa «passe les piques». En el soneto de Quevedo «A Dafne» (núm. 537, texto del ms. de Évora, que subraya el tono obsceno)28 hallamos un primer terceto cuya idea es cercana a la expuesta, y donde aparece la imagen de las saetas, cercana a la de la pica. En «Sulquivagante pretensor» Apolo ni siquiera pretende gozar a Dafne (torpemente descrita por la pésima poesía de Góngora, repelente), rechaza sus encantos, que resultan además excesivamente ajados por el castigo de otras picas. Esta visión degradatoria de la ninfa como ramera es una constante (aunque no exclusiva) de las versiones burlescas del mito en Quevedo: véanse el soneto 536 «A Apolo siguiendo a Dafne» o el 537 «A Dafne huyendo de Apolo».
[p. 335] Teretes viene a apoyar, a mi juicio, la hermeneusis propuesta: adjetivo aplicado a los objetos cilíndricos redondeados a lo largo de toda su longitud, y muy frecuente como calificativo de la lanza o pica,29 y también de diversas partes del cuerpo; de acuerdo, por tanto, con el sentido real de pica, y con el metafórico ‘miembro viril’.30 A mayor abundancia teres -etis deriva de tero31 cuya raíz incluye el contenido semántico de ‘horadar, penetrar, taladrar’, y ‘frotar, restregar con el cuerpo’, referido al acto venéreo: todas las acepciones y connotaciones las considero muy pertinentes en el contexto analizado.
Esta degradación de la ninfa, que responde al tratamiento burlesco del mito, se acumula a la provocada por la supuesta descripción gongorina: la Dafne que Góngora presenta es repulsiva, contradice todas las normas de la belleza y la poesía. El perversos del v. 7 puede ser analizado de nuevo como juego disociativo per-versos, que hace recaer sobre versos las connotaciones de ‘perversión’; es chiste al parecer tópico, que utilizan, entre otros, Lope de Vega y Bernardo de Quirós.32
En suma, los versos perversos de Góngora dañan o damnifican (otra vez la explotación satírica del latinismo) las reglas33 de la poesía (Apolo: dios de la poesía; su sacro Tolo: su templo sagrado, alusión quizá al monte Parnaso). Tolo remite al griego zólos ‘cúpula, edificio abovedado, templo’, con otras posibles connotaciones.34
El primer terceto continúa la descripción de la nefasta actividad poética de Góngora, asimilada a una actividad obscena y corruptora. Los vv. 9 y 10 no parecen ofrecer muchos problemas: Góngora, aliundo (‘de otro lugar, del partido enemigo’, mal poeta por tanto) destruye el Parnaso y adultera la poesía.35 Ventilas bandos, niños inquietas tiene una primera lectura bastante obvia: ‘das a conocer manifiestos, agitas parcialidades en el mundo poético y así desasosiegas y desorientas a los poetas principiantes’,36 pero concentra otras alusiones escabrosas: ventilar puede asociarse al pecado nefando a través de aire, cosas de aire, y —por intermedio de la idea ‘ventosear’— cosas de atrás, alusión a la sodomía, asociaciones todas que aparecen en el Buscón37 y que se refuerzan con las connotaciones de inquietas ‘desorientas, agitas’, pero también (cfr. v. 14) ‘corrompes, perviertes’, en sentido obsceno: recuérdese que quieto «se dice también del hombre que no es dado a los vicios, especialmente al de la deshonestidad» (Autoridades).38
La última estrofa se centra ya en la tonalidad obscena. El v. 12 está formado por una serie de insultos que funcionan en varios niveles alusivos a la necedad de Góngora, parodiando sus cultismos, y apuntando dilógicamente a referencias escatológicas y procaces: parco tiene el sentido latino, que usa Séneca, por ejemplo,39 de ‘apocado, débil de espíritu’. De cerúleo la función más evidente es la sátira del cultismo,40 muy usado por los poetas gongorinos. Su sentido recto ‘relativo al cielo, azul’, queda, sin embargo, desplazado por el burlesco, que lo hace derivar, en un juego de falsa etimología, de cera ‘excremento’.41 Góngora sería pues un cerúleo vaso ‘orinal, bacín’, ya que vaso significa además en una de sus acepciones «vasija en la que se echan los excrementos» (Autoridades). Se trata de una metáfora muy degradadora para referirse al poeta enemigo, continente de babosidades (a las que sus poemas se asimilan). [p. 336] Queda otra posible lectura irónica de vaso «constelación celeste, una de las dieciséis que llaman australes» (Autoridades), coherente con el sentido recto de cerúleo, y capaz de aludir burlescamente a las remontadas poesías del cordobés, que llama sideridades en el soneto 834.42 En veterano me inclino a sospechar otra disociación escatológica veter-ano, además de la acusación de viejo, con sus connotaciones de senilidad, chochez, constantes en los ataques de Quevedo a Góngora,43 sin que puedan descartarse las connotaciones asociadas de ‘porquería, suciedad’, ínsitas en algunos vocablos de la familia léxica de vetus, como veternus ‘enfermedad senil’, y ‘porquería inveterada’, veternosus ‘aletargado, soñoliento’, etc.44 En cuanto a la disociación propuesta, se da en el soneto 832 «Este cíclope, no sicilïano», y, con otras variantes de análoga expresividad en diversos textos mencionados.45 Un ejemplo más de estas disociaciones se halla precisamente en el v. 13, donde piáculos remite, sin duda, al latín piaculum ‘lo que merece expiación, sacrilegio abominable’, como lo encontramos en Pellicer,46 pero también se disocia en piá-culos, integrando la isotopía escatológica y obscena alusiva a la poesía de Góngora (asimilada a excrementos) y a su actividad poética en sí (asimilada al pecado nefando). Ámbito en el que se mantiene hasta el final del soneto, y que culmina en la metáfora obscena estuprar47 aplicada a la influencia que la porfía, término no arbitrario,48 de Góngora produce en los poetas neotéricos ‘aficionados a las novedades’ (alusión a los neotéricos romanos).49
La carga satírica del soneto, en conclusión, funciona en un doble plano:
A mi juicio una lectura apropiada no puede prescindir del complicado conceptismo esencial que caracteriza el ingenioso estilo de don Francisco de Quevedo. Me parece, por tanto, inexcusable el asedio a estos poemas, hasta que (dentro de las posibilidades que su dificultad permite) podamos estar seguros de su sentido. Otros esfuerzos hermenéuticos más hábiles que el análisis propuesto, permitirán seguramente una correcta valoración literaria de poemas como «Sulquivagante pretensor de Estolo», y otros de técnica afín, que en ningún caso renuncian a la «malicia» ingeniosa requerida del lector.