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Mujer e independencias

Presentación del I Encuentro Internacional Mujer e Independencias

Por María José Moreno. Asesora de la Comisión Nacional para el Bicentenario de la Guerra de la Independencia. Fundación Zaragoza 2008

A finales del siglo xviii el descrédito de la monarquía española empezaba a tener consecuencias en los dominios americanos.

En 1808 comienza la guerra de España, llamada aquí de la Independencia, y con ella el desmantelamiento del Antiguo Régimen, que produjo en América sus previsibles resultados. Desde ese momento, y hasta 1826, casi la totalidad de los territorios de Iberoamérica se abocaron a lograr su independencia de España.

En un artículo publicado en la Gaceta de Madrid en 1810, un afrancesado se preguntaba «¿Por qué en la insurrección española las mujeres han mostrado tanto interés, y aun excedido a los hombres en el empeño de sostenerla?».

Este asombro es patente también en buena parte de la correspondencia de los oficiales franceses, lo que evidencia hasta qué punto los contemporáneos fueron conscientes de estar asistiendo a un hecho insólito.

En España quizás sea Zaragoza donde las mujeres permanecen con mayor fuerza en la memoria colectiva, y el mito recorrió velozmente toda Europa. Ellas ya habían dado muestras de su protagonismo en la reacción contra el mal gobierno, las alzas de los precios y la crisis de subsistencias, y, cuando el ejército napoleónico avanzaba por las calles zaragozanas, rubricaron algunas de las páginas más trágicas y más hermosas de nuestra historia.

Integradas en un mosaico en el que la divergencia de estratos sociales y sexos las unía en la defensa común de los valores que entendían como propios y enajenables fueron inmunes al riesgo, al cansancio, a las heridas y a la enfermedad, anduvieron en primera línea, guerreando, espiando, abasteciendo, auxiliando, compadeciendo, y —sin duda, con su ejemplo— manteniendo el ánimo y la esperanza de los hombres.

María de la Consolación Azlor, María Agustín, Casta Alvarez, Manuela Sancho, la madre Ráfols, Agustina Zaragoza, Josefa Amar y Borbón, son algunas de ellas. Hicieron lo que sabían hacer y lo que no, lo aprendieron.

De las nobles tenemos referencia por su relación con el poder; de las demás solo porque más tarde se les concedió alguna pensión de la que hay prueba documental. Todas volvieron a sus quehaceres, las más murieron pobres de solemnidad, ninguna mejoró de condición.

Es revelador que la menos conocida sea la más intelectual, Josefa Amar y Borbón, pedagoga y escritora ilustrada. En un tiempo en que se consideraba la desigualdad como piedra angular del ordenamiento social, se niega a pensar en función del otro, y escribe «la razón no tiene sexo y aceptar cualquier diferencia supondría romper la unidad sustancial de la especie, quebrando el distintivo específico de la humanidad». Propone potenciar las capacidades de las mujeres como algo específicamente femenino y no como una anomalía de la propia naturaleza. Mantiene la igualdad como piedra fundamental, apuesta por la valía personal y rechaza el modelo de mujer varonil, tan en boga en la Ilustración.

Josefa Amar alcanzó una erudición más que notable y la ejerció con independencia de juicio: dominaba cinco lenguas además del latín y el griego, y publicó entre 1786 y 1790 el Discurso sobre la educación física y moral de las mugeres, y el Discurso en defensa del talento de las mugeres y de su aptitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres.

Fue consciente de que cuando el éxito acompañaba a alguna de sus empresas su fugacidad mostraba que se trataba más de una concesión que de una conquista. Treinta y un años antes de la muerte de doña Josefa Amar, Latassa, el mayor de los bibliógrafos de las letras aragonesas, hablaba de ella en pasado y sus teorías sobre la educación no se oyeron en las Cortes de Cádiz. La primera referencia a Josefa Amar aparece en 1940.

En Iberoamérica el papel de las mujeres en el proceso emancipador y la formación de las nuevas naciones tuvo gran relevancia; su manifestación activa y combativa contribuyó de una forma incuestionable al impulso de las diferentes guerras de independencia. También se ocuparon de fomentar sus ideas de igualdad y el acceso a la educación, ensalzaron el valor de la mujer y mostraron la valentía que hace falta para serlo.

Pero en ambos continentes ellas y sus ideas corrieron la misma suerte: algunas murieron luchando hombro con hombro con los patriotas, encarceladas o fusiladas. Su labor fue enmascarada o forzada al olvido.

En este Encuentro de Mujer e Independencias Iberoamericanas tendremos ocasión de sacar a la luz, a través de sus biografías y de sus textos, lo que estas mujeres significaron y lo que les debemos, porque, visibles o invisibles, para la sociedad y para el derecho, las mujeres han estado muy presentes en nuestra historia reciente.

Recordarlo nos ayudará a plantear mejor algunos de los problemas que nos atañen a todos ya que, como decía doña Josefa Amar, «la violencia no puede establecer leyes universales pero provoca efectos de larga duración» porque se convierte, para todos, en costumbre.

En primer lugar intervendrá María Ángeles Vázquez indagando en los antecedentes independentistas a través de las biografías de Micaela Bastidas o Antonia Nava Catalán, la Generala, para llegar a los textos de Clorinda Matto en su lucha por la igualdad o a la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, cuya candidatura a la Real Academia Española no fue aceptada, y no por falta de méritos.

Concepción Bados nos revelará cómo la historiografía oficial ha ocultado imaginarios femeninos poco convencionales en su construcción de las heroínas, y de qué forma ellas superaron y rebasaron los controles y límites impuestos por el sistema patriarcal dominante.

Consuelo Triviño nos presenta el perfil de una de los mitos del imaginario hispanoamericano para desmontar los conceptos de lo femenino y masculino en un periodo en el que Hispanoamérica se reinventaba, rompiendo su relación con una metrópoli ya en decadencia.

Eva Valero analiza, a través de las cuatro mujeres mas destacadas, el proceso de independencia política y cultural del Perú, y cómo la «igualdad» que sirvió de base ideológica a las revoluciones burguesas se diluyó mediante la exclusión, el olvido o el silencio.

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