Entre los libros de Cortázar aparece un buen número de obras que presentan alguna curiosidad formal. De su amigo Octavio Paz se encuentran en la biblioteca tres libros de formatos curiosos.
Son Blanco, Discos visuales y un bonito libro-objeto, Vrindaban, publicado en Ginebra en 1966 por Claude Givaudan.
Páginas interiores de Vrindaban, de Octavio Paz.
Blanco es un libro inspirado en los «tantras orientales». Está concebido como un continuo que, impreso a dos tintas y con distintos tipos de letras, permite una lectura abierta del texto. También la encuadernación, a modo de acordeón, presenta cierta singularidad. Al parecer, Paz dudó entre hacer un rollo continuo, o una encuadernación de fuelle, que permitiera al lector desplegar el libro en su totalidad, y finalmente se inclinó por esta última.
Cubiertas del libro Blanco. Joaquín Mortiz, 1967.
Páginas interiores del libro Blanco.
Los Discos visuales se imprimeron en 1968 en México, con dibujos de Vicente Rojo. Son cuatro cartulinas con forma de disco, que pueden girarse de modo que, a través de una serie de ventanas, se construyen poemas. Al parecer, y según cuenta la viuda de Octavio Paz, Marie José de Paz, la idea de estos discos se le ocurrió al poeta en un vuelo a Nueva Delhi: la compañía de aviación con la que viajaban los obsequió con una pequeña guía horaria, circular y móvil, que permitía ver las horas y las ciudades.
Cubierta y discos de Discos visuales. Era, 1968.
De estos discos visuales existen dos ejemplares en la biblioteca. Uno con dedicatoria y otro sin ella, lo que hace pensar que tal vez Cortázar comprara uno, o fuera un regalo, antes de recibir el ejemplar enviado por el autor.
El propio escritor, amigo de los juegos de palabras y las propuestas lúdicas, planteó un original juego en Último Round: el libro está dividido en dos partes: el piso de arriba y el piso de abajo, que pueden abrirse, y leerse por tanto, independientemente.
El de su biblioteca debe ser uno de los pocos ejemplares con la encuadernación intacta ya que lo normal, al leerlo, es que la parte de arriba, al tener un mayor peso, acabara despegándose del lomo.
Cubierta de Último Round, de Cortázar. Siglo XXI, 1969.
Páginas interiores, con muestra del «piso inferior», de Último Round, de Cortázar.Hay otros dos libritos curiosos. Uno de Pierre Bonard y Alfred Jarry, Soléil de primptemps, de forma pentagonal, y otro de Nancy Barcelo, Las coplas de Nico Pérez, que es en realidad una serie de círculos impresos sujetos por una anilla.
Pierre Bonard y Alfred Jarry, Soléil de primptemps. Collège de Paraphysique, s. f..
Nancy Barcelo, Las coplas de Nico Pérez, 1978.
En el de Jean-Claude Grocejean, Poèsie —un curioso libro estrecho y alto— encontramos que Cortázar ha adaptado su firma al formato, jugando con una divertida torre de letras.
Cubierta de Jean-Claude Grocejean, Poèsie. Gallimard, 1961.
Jean-Claude Grocejean, Poèsie. Gallimard, 1961.Y no podemos dejar de mencionar la obra de Raymond Queneau Cent mille millards de poèmes, que presenta un divertido juego literario. El libro, diez sonetos, está troquelado de modo que los versos de cada soneto pueden combinarse con los demás, sin alterar la rima, de modo que jugando con distintas combinaciones pueden llegar a obtenerse un total de diez elevado a la 14 poemas diferentes, exactamente cien mil millones de poemas, que es el título del libro.
Raymond Queneau, Cent mille millards de poèmes. Gallimard, 1961. Cubierta.
Página interior de Raymond Queneau, Cent mille millards de poèmes.Y acabamos con una última curiosidad. El libro de Ernesto Sábato Carta a un joven escritor, impreso por Sudamericana, dentro de su colección El mendrugo, en cartón reciclado y con una camisa de arpillera.

