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España en Europa

España en Europa (5 de 5)

En el capítulo de la novela, la recepción en Europa del Quijote es tema de excepcional importancia y que parece de forzada mención. Existen ya abundantes estudios de amplia visión y de indudable valía, muestra del interés continuado, en distintos países, por la difusión e influencia que la obra de Cervantes, y sus traducciones, pudieron tener en la orientación de la novela nacional en esos países y en las grandes creaciones de los escritores a los que el genio del libro cervantino reveló posibilidades y caminos que en él se iniciaban. Queda, sin embargo, por llevar a cabo el trabajo completo sobre la presencia en Europa del Quijote, desde las traducciones en el primer tercio del siglo xvii, y la huella que el texto de esas traducciones y del original dejó entre todos aquellos que lo leyeron, tradujeron e interpretaron. Mucho espacio y mucho tiempo haría falta para valorar la gran deuda que la novela europea tiene contraída con el Quijote y para recoger todo lo que selectos espíritus vieron y apreciaron en la novela de Miguel de Cervantes. Me limito a señalar el largo proceso que se inicia con aquel recalcar la comicidad del Quijote, como «libro de burlas», en el siglo xvii, hasta la interpretación trascendental de la novela y mitificadora de sus personajes que se inicia en el siglo xviii, hasta las consecuencias últimas en la gran obra creadora entre los novelistas universales europeos de los siglos xix y xx. Estudios monográficos recientes van llenando lagunas, matizando y ampliando el ancho campo que abarca el eco del Quijote desde tierras de ultramar en América hasta el norte y el este de Europa132.

Muchas veces se olvidan géneros cuya chispa generadora en el Renacimiento se encuentra también en las formas de algunas obras de autores españoles que igualmente se abrieron camino en la literatura europea y que acabaron por cristalizar en un género literario. Hace unos años el profesor alemán Peter M. Schon señalaba la importancia de ciertos autores españoles en lo que él consideraba precedentes de los célebres Essais de Miguel de Montaigne. En un estudio sistemático de las formas que pueden emparentarse con los Essais, en Francia y en Europa, mencionaba los libros de Pero Mexía y de Fray Antonio de Guevara, autores españoles del siglo xvi. El gran especialista de Montaigne, y editor de los Essais, P. Villey, había señalado concretamente los préstamos de esos libros españoles en la obra francesa. Después de los eruditos preocupados por las fuentes librescas de los Essais, entre las que estaban la Silva de varia lección de Mexía y las Epístolas familiares de Guevara, han venido los que han tenido clara intención en caracterizar la originalidad e intimidad de Montaigne y la diferencia que le separa de las lecturas que le sirvieran, muchas veces, de incentivo para escribir, poniendo de realce su psicología y una personalidad señera que trasciende constantemente en los Essais. Aunque estemos aquí tal vez más cerca de la realidad, un nuevo análisis a la luz de estudios modernos sobre las «formas» de los Essais, sobre el fondo anecdótico de muchos de ellos, y la manera de Montaigne de montar su discurso sobre citas de autores que fueron lecturas preferidas, tal vez nos obligue a tener más en cuenta esas «Vorformen», esos precedentes españoles del género, que, partiendo de materiales secundarios, se convirtió, en todos los países, en el más característico medio de expresión del intelecto europeo133. Y lo mismo podríamos decir de los aforismos o máximas morales que se hicieron tan comunes en ciertos períodos de la cultura europea. La tradición española, que culmina en Baltasar Gracián y en algún contemporáneo suyo, fue continuada por La Rochefoucauld y otros moralistas franceses del siglo xvii y encontró su culminación en Schopenhauer y Nietzsche en la Alemania del xix134.

No me atrevo tampoco a abordar ahora, dentro del breve espacio de que dispongo, el eco, en otras literaturas, de un género del que suele suponerse resulta de difícil exportación y aclimatación en un mundo no español. Me refiero al de la poesía lírica. Y, sin embargo, sabemos que, dentro del impulso general de curiosidad y atracción hacia las letras españolas de los siglos xvi y xvii, hubo ingenios europeos que sintieron afición por la poesía castellana y que se decidieron a correr la aventura de verter a su lengua materna las obras de unos poetas españoles con los que sentían afinidades. La disparidad y falta de conexión de los casos conocidos y la sutileza y variedad de los temas que caracterizan esas relaciones entre la poesía española y sus traductores de distintos países y épocas hace difícil reducir a un cuadro único o a líneas generales comunes lo que pudiéramos llamar acogida o adopción de la lírica castellana en las letras europeas. Ya hicimos alusión a las traducciones de Sir Philip Sydney de dos poemas de la Diana, y lo mismo podríamos referirnos a algunos traductores ingleses de poemas de Góngora en el siglo xvii. En su día llamó la atención el que William Drummond of Hawthornden hubiera traducido, entre otros, unos poemas de Garcilaso y de Boscán, y luego que Marino, Scarron y otros poetas extranjeros hubieran imitado a poetas españoles en el siglo xvii. Y también que poetas religiosos alemanes como Quirinus Kuhlman y Angelus Silesius tuvieran sus fuentes en San Juan de la Cruz y otros místicos españoles que igualmente influyeron, por otro lado, en algunos místicos franceses. Queda todavía pendiente la cuestión de las relaciones de autores españoles con el poeta inglés John Donne135. Nuevas perspectivas sobre las influencias de temas religiosos españoles en la poesía inglesa ha abierto la aparición, hace unos años, del libro The Poetry of Meditation de Louis Martz, en que se pone de relieve la importancia del espíritu ignaciano en muchas obras inglesas136. Recientemente, un gran especialista de Góngora, Walter Pabst, ha publicado un extenso estudio sobre la presencia de la obra del gran poeta cordobés en la poesía y la crítica alemana desde el siglo xvii hasta el siglo xx137. En este libro cabe encontrar muchos y poco conocidos detalles de la atención que escritores y eruditos han prestado a Don Luis de Góngora a lo largo de los tiempos. Para quien busque la influencia de la poesía de Góngora en la poesía alemana antigua, la consideración de las fuentes y relación posible con el poeta español de algún soneto de Andreas Gryphius, célebre representante de la escuela silesiana, y también con otros poetas del Humanismo barroco del xvii, sigue siendo tema apasionante para los que persiguen las huellas lejanas de poetas españoles en Europa. Pero la poesía tiene muchos caminos y puede ejercer su influjo calladamente, y mucho tiempo después de haber sido escrita, en raras circunstancias, y cuando menos se espera su presencia, u otras veces son distintas fuentes librescas, por complicadas sendas, las que alimentan la inspiración de los poetas. Casi en nuestros días encontramos a un gran poeta contemporáneo francés, Paul Valéry, que descubre, en una antigua traducción francesa, a San Juan de la Cruz, y escribe un ensayo, en 1944, sobre él138. La sacudida debió de ser fuerte y pudo ser trascendental, aunque el poeta se confirme luego en su racionalismo y en la idea de su poesía, y rehúya otras consecuencias. Otro gran poeta, el alemán Rainer Maria Rilke, mezcló en su vena poética reminiscencias de un libro ascético español, el Flos Sanctorum del P. Pedro Ribadeneira, traducido por un jesuita alemán, P. Johannes Horning, a principios del siglo xviii. Este libro, que obraba ya en poder de Rilke desde su juventud, está muy dentro de su creación literaria a partir de 1912, especialmente en lo que se refiere a célebres poemas «marianos» suyos, a la poesía escrita durante su estancia en Ronda y algunas de las célebres Duineser Elegien139. Vemos, pues, cómo la poesía de grandes escritores de otras naciones sigue, de manera casual, pero con pertinacia, recurriendo a la eternidad de las fuentes españolas, tesoro de moral y de belleza.

No sé si los aspectos de la recepción y difusión de la lengua y la literatura española en Europa que he expuesto y comentado brevemente, parcialmente, ante vosotros, pueden ser atisbo suficiente de lo que España y su cultura han supuesto para ese mundo en el que irrumpen, por derecho propio, con las obras de su espíritu, durante los siglos xvi y xvii, contribuyendo a forjar, al mismo tiempo, una unidad cultural. He tratado de señalar de algún modo, tal vez torpemente, y en lo que ha estado al alcance de mis limitados conocimientos, la presencia de lo español en la sociedad y cultura de la Europa del Renacimiento y la huella que entonces dejó, y que se ha mantenido luego, entrañada en su unidad, como elemento orgánico y necesario. He tratado de hacer justicia a esa contribución española que algunas veces se olvida indebidamente, y también a todos aquellos estudiosos, extranjeros y españoles, que se empeñaron en que esa presencia de España en Europa y en la literatura universal fuera conocida y reconocida.

  • (132) Véase la bibliografía seleccionada que di en mi artículo de Cahiers d’Histoire Mondiale, VI, 1961, págs. 983 y sig., notas 32, 33, 34 y 35: Pueden añadirse, entre otros, los siguientes estudios: G. Fredén, Don Quijote en Suecia, Madrid, 1965; S. T. Williams, The Spanish Background of American Literature, I-II, New Haven, Conn., 1953-55; H. Levin, «Don Quixote and Moby Dick», en Cervantes Across the Centuries, New York, 1948, págs. 217 y ss.; A. Serrano Plaja, Realismo «mágico» en «Don Quijote» (visto desde «Tom Sawyer» y «El Idiota»), Madrid, 1966, etc. volver
  • (133) Sobre Mexía y Guevara como fuentes de Montaigne, cité en mi contribución «Humanistas creadores» a la Historia General de las Literaturas Hispánicas (ed. por G. Díaz-Plaja) II, págs. 437 y ss., los libros de P. Villey, Les sources des «Essais», Burdeos, 1920; y de F. Billeskov-Jansen, Sources vives de la pensée de Montaigne. Étude sur les fondements psychologiques et biographiques des «Essais», Copenhague, 1935. En la bibliografía de Cahiers d’Histoire Mondiale, VI, 1961, pág. 972, nota 11, mencionaba el libro de P. M. Schon, Vorformen des Essays in Antike und Humanismus; ein Beitrag zur Entstehunggeschichte der «Essais» von MontaigneMainzer Romanistische Arbeiten», I), Wiesbaden, 1954. Véase respecto a las nuevas orientaciones críticas sobre el «ensayo» en Montaigne: E. Wittkover, Die Form der «Essais» von Montaigne, Basel, 1935; C. H. Eickert, Die Anekdote bei Montaigne, Erlangen, 1937; M. Metschies, Zitat und Zitierkunst in Montaignes «Essais»Kölner Romanistische Arbeiten», N. F., 37), Genève, 1966. volver
  • (134) Véase la bibliografía recogida en Cahiers d’Histoire Mondiale, VI, 1961, pág. 975, nota. 27. volver
  • (135) Véase sobre todo ello la bibliografía citada en mi artículo de Cahiers d’Histoire Mondiale, VI, 1961, pág. 976, notas 29 y 30. volver
  • (136) L. Martz, The Poetry of Meditation, New Haven, Conn., 1956. volver
  • (137) W. Pabst, Luis de Góngora im Spiegel der deutschen Dichtung und Kritik (17. bis 20. Jahrhundert) («Beiträge zur neueren Literaturgeschichte», 3. Folge, 1), Heidelberg, 1967. volver
  • (138) Véase H. Hatzfeld, «Paul Valéry descubre a San Juan de la Cruz», en Estudios Literarios sobre Mística Española (2.ª ed.), Madrid, 1968, págs. 324 y ss. volver
  • (139) Véase J. Ferreiro Alemparte, España en Rilke, Madrid, 1966, págs. 53 y ss. volver
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