Mi retrato de Torrente
Por Damián Flores
Entro en mi biblioteca, no a buscar un libro sino una foto que tengo pegada entre los libros. La imagen es la del retrato de Torrente Ballester que pinté hace años. Recuerdo que cuando me encargaron el retrato, había leído sólo un par de libros suyos (El rey pasmado y Filomeno a mi pesar) y en poco tiempo devoré La saga/fuga de J. B. Esta lectura me abrió a un autor más imaginativo y fantástico y empecé esbozar en mi cabeza los posibles retratos del escritor. Tenía una ayuda excepcional: conocía a su nieto, el también escritor Marcos Giralt Torrente, y él fue descubriéndome a la persona, no al personaje… Me interesaba el espacio de escritura, los objetos que tenía cerca cuando creaba, sus libros más queridos.
Lentamente el retrato fue creciendo. Qué mejor paisaje para un escritor que un rincón de su biblioteca, y que ahí detrás esté todo su mundo, mientras él nos mira sentado al lado de un niño que retrata su infancia.
Enseñé la obra acabada a la famila. «Es él», dijeron Marcos y su madre.
«Sí, pero le falta algo: ponle un cigarro entre los dedos y estará terminado», comentó Gonzalo Torrente Malvido.