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Escritores > Gonzalo Rojas > Cronología. El viaje de la poesía y de la vida
Gonzalo Rojas

Cronología

II. El viaje de la poesía y de la vida
«Todo es mudanza para ser, para ser y más ser y en eso andamos los poetas»
(1946-1979)

1946

Culmina su primer libro, La miseria del hombre, que presenta a un concurso de la Sociedad de Escritores de Chile con el seudónimo Heráclito. Aunque resulta premiado, no llega la prometida publicación, de modo que el poeta ha de impulsar privadamente su salida a la luz en la Imprenta Roma dos años después, pagando a plazos su coste.

1947

Trabaja en Valparaíso como profesor, e impulsa la creación de un instituto de enseñanza superior, que con el tiempo habría de convertirse en la Universidad de Chile en Valparaíso. («A esa altura, en el 47, surgió en mí otro animal un poco distinto, hijo del otro, que fue el animal activo y se me ocurrió fundar una facultad de letras en la Universidad de Valparaíso. Desde entonces empezó ese ciclo de trabajo —paralelo al de poetizar con palabras—, que yo llamo la “poesía activa”. Tal vez a eso obedezca el que me gusten tanto esos encuentros de Bello y Sarmiento; cuando se trataba de poner en marcha todo ese mundo de cosas. Y la verdad que enseñar me parecía muy aburrido, no me gustaba nada. No quería encadenarme a eso y por eso inventaba cosas»).

1948

Publica La miseria del hombre, con ilustraciones de Carlos Pedraza, y la recepción crítica es variopinta. («Teófilo Cid me acusó de expresionista. Alone —el crítico oficial— de catastrófico, un señor Rossel de imitador de Campoamor. Ricardo Latcham de morbo nuevo, don Raúl Silva Castro de peligro público por lo sucio. Libertino, obseso enfático. Vociferante dijo Jorge Elliott, quien recién asumía cátedra crítica por esa fecha […] La miseria del hombre sigue siendo mi cantera y “quod scripsi scripsi”. Todo está ahí y perdura; el respiro-asfixia, el desenfado, el vaivén pendular de lo muy abierto a lo críptico, el desollamiento, el tono, la ambigüedad riente. Aprendí a escribir demorándome y en eso ando todavía»).

También hubo valoraciones positivas. Sobre este libro anotaría Enrique Lihn que «fue una explosión de vitalidad poética que no tuvo entonces, ni tiene ahora, un correlato crítico suficiente, una respuesta que asumiera ese desafío», y Pablo de Rokha lo incluyó en la antología Multitud. Gabriela Mistral le anotaría en una carta: «me ha removido y, a cada paso, admirado y a trechos me deja algo parecido al deslumbramiento de lo muy original, de lo realmente inédito».

Rojas aprecia especialmente el comentario de Mistral, por contarla entre sus lecturas preferentes; de ella admira su naturaleza «áspera, pedregosa y luminosa, que viniera de lo mineral», y su vínculo con el habla popular: «Ese contacto con el lenguaje original es importante, porque en mi caso, pudiendo haberme quedado en las afueras de Chile, siempre vuelvo. Vengo a oír a la gente. Junto a la infancia, la patria de los poetas es su lenguaje: todo el murmullo, los modismos, esa vivacidad atropellada, esa desvocalización, esas mutilaciones expresivas son necesarias para mi oreja».

1952

En 1952, ya licenciado en Filología Clásica, se presenta a concurso y gana la plaza de Literatura Chilena y Teoría literaria en la Universidad de Concepción, a donde se desplaza desde Valparaíso. Dirigirá allí el Departamento de Español hasta 1970, cuando Allende lo nombra consejero de cultura en China. Desempeñará en ese tiempo una importante tarea de gestión cultural.

1953

Viaja a París, y conoce a los poetas surrealistas André Breton y Benjamin Péret.

1955

Impulsa la Primera Escuela de Verano de la Universidad de Concepción.

1958

Organiza el Primer Encuentro Nacional de Escritores en la Universidad de Concepción, y el Segundo Encuentro de Escritores en Chillán.

Vuelve a París, con su hijo Rodrigo Tomás, con motivo de una beca internacional para escritores impulsada por la UNESCO, y viaja por Europa.

1959

En París se reencuentra con la que sería su segunda esposa, Hilda Ortiz Veas, que había sido su alumna en la Universidad de Concepción, y que adoptará el nombre de Hilda R. May, por motivos que se apuntan en el poema «Materia de testamento» («…a don Héctor el apellido May que le robaron»).

En la primavera viaja a China, animado por el pintor chileno José Venturelli, que a la sazón residía en Pekín, y donde fue acogido por la Unión de Escritores Chinos. Fue incluso recibido por Mao Tse Tung, con quien pudo conversar largamente la noche del 26 de abril.

1960

En el marco de la VI Escuela Internacional de Verano de la Universidad de Concepción, organiza el Primer Encuentro de Escritores Americanos, al que asisten Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinguetti, Ernesto Sábato, Volodia Teitelboim, Nicanor Parra, Sebastián Salazar Bondy y otros relevantes autores.

Colabora en la organización del primer Taller de Escritores en la Universidad de Concepción, junto con Braulio Arenas, Alfredo Lefebvre y Juan Loveluck, y con la dirección de Fernando Alegría.

1962

Impulsa la VII Escuela Internacional de Verano de la Universidad de Concepción, bajo el lema «Imagen y realidad de América Latina». Asisten escritores como Pablo Neruda —con el que comparte su amistad durante esos años—, José Bianco, Mario Benedetti, Oswaldo Guayasamín, José Donoso, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos, José María Arguedas y Claribel Alegría.

José Donoso recuerda en su Historia personal del ‘boom’ ese encuentro y sus fértiles consecuencias: «por lo menos en lo que se refiere a mi experiencia, trazó una línea clarísima que me dio el pase para atreverme a pensar literariamente ya no en términos de lo ‘nuestro’ en cuanto a lo chileno, sino de lo ‘nuestro’ en cuanto a que lo mío y lo chileno podía, y tenía, que interesar a los millones y millones de lectores que componen el ámbito del habla castellana, y rompiendo las fronteras tan claramente marcadas, inventar un idioma más amplio y más internacional».

1963

Presenta el manuscrito de Contra la muerte al Premio Casa de las Américas, y logra una mención. Obtiene el premio el poeta argentino Mario Trejo.

1964

Sus viajes también le llevan a la nueva Cuba, donde conoce a José Lezama Lima y Julio Cortázar, y también a Cintio Vitier, Eliseo Diego y Fina García Marruz.

Publica el poemario Contra la muerte, con ilustraciones de Julio Escámez. («Empleé el título de Contra la muerte espontáneamente. Sin embargo, yo, buen lector de Breton, no había reparado que en el segundo de los manifiestos hay un párrafo donde se lee algo así como contra la muerte. De manera que podría alguien pensar que yo tomé mis títulos de unos autores determinados. No señor, los títulos salen porque salen. Las palabras están para que se usen […] El nombre de Contra la muerte es también un rechazo a la literatura, si es que ella es embalsamamiento del pensamiento y del lenguaje. Prefiero “un aire, un aire nuevo, no para respirarlo sino para vivirlo”»).

Han pasado 18 años desde su primer libro. («Soy moroso para mis cosas. Hace algún tiempo, aquí en un encuentro en Santiago, el poeta joven Erick Polhammer me preguntó que cómo había logrado escribir lo que he escrito: “Demorándome”, le respondí, “demorándome”. En todo caso, mi segundo libro fue igualmente feo que el primero. Una edición feísima, a pesar de que está bonito en cuanto a composición tipográfica. Pero tiene erratas: ¡56 erratas! La Editorial Universitaria, a la cual le financié el libro, debería haberme pagado a mí»).

Vuelve a Pekín, durante tres meses, con una comisión de profesores universitarios.

Nace su segundo hijo, Gonzalo, al que dedica el poema «Aparición».

1965

Se publica en La Habana la segunda edición aumentada de Contra la muerte, por Casa de las Américas.

1966

Colabora en el Premio Casa de las Américas como jurado.

1967

Muerte del Che Guevara, que lo lleva a la escritura del poema «Octubre ocho», inicialmente titulado «El comandante» y publicado en La Discusión de Chillán en noviembre de ese año.

Es nombrado Hijo Ilustre por su Lebu natal.

Es homenajeado en su cincuenta aniversario por los jóvenes escritores chilenos en el «Encuentro con Gonzalo Rojas», que tiene lugar en Concepción y Santiago. Participan Enrique Lihn, Jorge Teillier, Gonzalo Millán y Jaime Quezada, entre otros.

1968

Participa en un Congreso Internacional en la Habana, donde recibe palabras elogiosas de Julio Cortázar, para quien Rojas «devuelve a la poesía tantas cosas que le han quitado», y al que califica como «poeta del rescate».

1969

Es Director del Consejo de Difusión Universitaria de la Universidad de Concepción, y responsable de la acción cultural de esa entidad.

1970

Salvador Allende lo envía a China como consejero cultural, junto con el embajador Armando Uribe.

1971

Vive en China y conoce de cerca los ecos de la Revolución Cultural. («Estuve un año perdiendo el tiempo no más en China, porque los chinos no querían para nada al gobierno de Allende, ya que lo veían como una criatura del Partido Comunista de Moscú. Fue un año perdido. Yo informé a Santiago de esto y pedí que me cambiaran a La Habana. Llegué a Cuba como encargado de negocios —rango equivalente a embajador— en 1972»).

1972

Se establece en Cuba con tareas diplomáticas, como Encargado de Negocios del gobierno de la Unidad Popular. El poeta cubano Nicolás Guillén le dedica un soneto que se publica en octubre en La Gaceta de Cuba (La Habana), y donde se hace eco de la materialidad de la poesía de Rojas:

Fijo en el Sur tu nombre reverbera.
Tu voz suena a carbón y baja mina.
Vuela tu verso, mas también camina.
Arde tu verso en bosque y sementera.

Alto estás en tu fría cordillera.
Abajo estás en ciénago y salina.
Ya tu entrañable cobre vaticina
el bronce de tu estatua venidera.

De Magallanes a la luz marina
se encorva el duro mapa, de manera
que en tremendo espolón se alza y domina.

Salud, Gonzalo, viva tu bandera.
Su tricolor color jamás se inclina.
Quien pretenda inclinarlo, caiga y muera.

1973

El 11 de septiembre, el golpe de estado de Augusto Pinochet inaugura una larga noche para Chile. El 12 de septiembre, Rojas inaugura con un discurso la Avenida Salvador Allende de La Habana. Una vez que su hijo mayor es liberado de prisión, sale de La Habana rumbo al exilio en la RDA, indocumentado por estar cesadas sus funciones como diplomático.

1974

Es nombrado profesor de la Universidad de Rostock, pero sin docencia. Mientras, en todas las universidades chilenas tiene prohibida la presencia por decreto del 19 de octubre de 1973, según el cual significaba «un peligro para el orden y la seguridad interna». («Fuimos a parar a Alemania Oriental. Me contrataron en una universidad, me dieron un buen sueldo, pero no me dejaron tener alumnos, porque no tenían confianza en mí. No tenía ningún sentido ir a la universidad siquiera. Era lo de siempre: no se puede confiar en alguien que no tenga una formación ortodoxa con respecto de las líneas del socialismo realista o del realismo socialista. Ahí entonces escribí ese poema que se llama ‘Domicilio en el Báltico’, donde de una manera metafórica rompí puertas y ventanas»).

1975

Guillermo Sucre desde Venezuela y Octavio Paz desde México le ofrecen plazas universitarias. Finalmente se instala en Venezuela, con su mujer, Hilda, y su hijo Gonzalo. Trabaja en la Universidad Simón Bolívar hasta 1980.

1976

Mantiene un fértil intercambio epistolar con Roberto Matta, quien le envía una serie de dibujos que después serán publicados como ilustraciones de diversos poemarios de Gonzalo Rojas.

Muere su tía Berta, a la que dedica el poema «La difunta de abril».

1977

Participa en el jurado para el Premio Rómulo Gallegos, junto con Juan Goytisolo, Adriano González León, Gabriel García Márquez, Salvador Elizondo y Gustavo Díaz Solís; se le concede el premio a Carlos Fuentes por Terra nostra.

Publica Oscuro en la editorial venezolana Monte Ávila, con amplia proyección internacional. Curiosamente, el grueso de la obra de Gonzalo Rojas va a coincidir con su madurez, posterior al medio siglo.

Escribe, por encargo de la Editorial del Norte, unas Memorias de allá abajo, con prólogo de Marcelo Coddou, pero como no son prosa, sino poemas, el manuscrito no es aceptado para su publicación.

En la prosa titulada «Paul Celan» anota Rojas este año como fecha en que descubre al poeta rumano, al que dedica el poema «Fosa con Paul Celan» («Si me preguntan quién fue Celan debo decir: yo soy Celan. Tanta es la identidad de dos que silabearon el Mundo en dos lenguas tan remotas, el alemán y el español. Judío él, cautivo en Auschwitz, donde echaron al horno a sus padres, vivió en el mismísimo plazo de mi respiro. Cuando el 70 se arrojó al Sena pude haberlo hecho yo, pero seguí aleteando en mi vuelo. Sólo vine a leerlo el 77, por ignorancia, y sólo entonces pude verme. ¿Zeitgeist, locura? No hay campos de concentración en las estrellas. La noche que llegué a Chile el 80 miré hacia arriba, lo vi en la fosa del amanecer»).

1978

Participa en seminarios sobre Vicente Huidobro y Gabriela Mistral en universidades de Nueva York.

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