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Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik: leyenda de una vida tras de su obra

Por Gustavo Martínez González*

Muerta la persona por mano propia vía sobredosis de Seconal hace treinta años, la frágil leyenda de Alejandra Pizarnik resiste el paso del tiempo mediante la descarnada fuerza de su lenguaje.

Así, la poética de Pizarnik ocupa un lugar de relevancia en el ámbito literario; suele señalarse en su obra una densa oscuridad que atrapa luces como relámpagos en la tormenta del alma. No tiene imitadores, pues su estilo resulta inalcanzable en su vertiente ominosa. La exacerbación del aire fatalista de sus textos con el ingrediente anecdótico de la propia muerte ha inducido en críticos destacados opiniones como: estamos ante la escritura de una predestinada; atestiguamos la obra maestra de alguien desorganizado por la locura; presenciamos la apuesta estética de una autora inmersa en la experiencia mortuoria. Tesis aventureras que juzgan al ser de acuerdo a sus hechos lingüísticos, en la más silvestre de las interpretaciones psicoanalíticas.

En 1955, en Buenos Aires, la editorial Botella al Mar publica su primer poemario, La tierra más ajena. A los que opinan que Pizarnik hizo de su vida, una obra, habría que recordarles que a la sazón, la adolescente se hartaba de anfetaminas —aderezadas con alcohol— para disminuir la obesidad, lo que la llevaba de la mano química a largas noches de insomnio. Nacía entonces el primer mito, que Alejandra escribía la noche (Vila Matas dixit).

Entre 1960 y 1964 estudió en París, donde escribió el más perturbador de sus libros, Extracción de la piedra de locura. Es consenso ubicar esta obra en un momento decisivo de la producción de Pizarnik, un antes y un después incluso en el aspecto formal, pues abandona la versificación para extenderse en prosa. En un palmario ejemplo de la mixtura estilística-freudiana que deploro en líneas anteriores, Cristina Piña —su primera biógrafa— opina: «el texto aparece como el original —tanto existencial como temporariamente— del cual la actuación biográfica se presenta como la copia o, al menos, la consecuencia». Según esta autora, «la singular inquietud que nos producen los textos de Alejandra en gran medida se relaciona con el hecho de que su muerte se erige en autenticación retrospectiva de su obra suicida».

Nuestra autora reseñada, regresó a Buenos Aires en 1964, donde escribiría obras maestras. La edición que Lumen hizo en el 2000 de su Poesía completa, a cargo de Ana Becciú, recoge la obra publicada en vida de Pizarnik, poemas póstumos recogidos por Olga Orozco y otros inéditos. Un segundo volumen colecciona su obra en prosa, y habrá un tercero, integrado por sus diarios, en el que los ávidos analistas amateur podrán intentar un acercamiento a la verdadera vida de la escritora.

Cierro con una excerpta de Extracción de la piedra de la locura, para animar al lector al conocimiento de la obra de esta creadora:

No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa. Pero quién habla en la habitación llena de ojos. Quién dentellea con una boca de papel. Nombres que vienen, sombras con máscaras. Cúrame del vacío —dije. (La luz se amaba en mi oscuridad. Supe que no había cuando me encontré diciendo: soy yo) Cúrame —dije.

  • (*) Universidad Autónoma del Estado de Morelos, México. volver
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