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Juan Perucho

Dietario apócrifo de Octavio de Romeu

La biografía de Perucho dispone en sus notas a pie de página de un nombre que reluce, el de Eugenio D'Ors (1882-1954), quien ejecutó su obra en catalán utilizando el seudónimo de Xènius. Desde la encrucijada donde se topan la literatura y la filosofía, D'Ors impulsó el Noucentisme y matizó ese empuje catalanista con la escritura en castellano, lengua en la que aún leemos —minoritariamente, es cierto— sus obras principales: Introducción a la filosofía (1921), Tres horas en el museo del Prado (1922), Guillermo Tell (1926), Mi salón de otoño (1924), Las ideas y las formas. Estudios sobre morfología de la cultura (1928) y El secreto de la filosofía (1947). La deuda de gratitud que Perucho mantiene con D'Ors se mide en anécdotas y asimismo en lecturas reiteradas. No es algo complicado relacionar dos recopilaciones orsianas, las Glosas (1920) y el Novísimo Glosario (1946), con el conjunto fragmentario y flamante que viene a ser este Dietario apócrifo de Octavio de Romeu (1985).

Siguiendo el costado de la falsificación eminente y verosímil, Juan Perucho admite que desconoce cuándo y dónde vino al mundo el tal Octavio de Romeu, «aunque sabemos que fue contemporáneo de Xènius, autor que lo cita con mucha frecuencia, amparándose en su autoridad». Fue Romeu un tipo misterioso, fino, elegante y longevo. El hallazgo de su Dietario, que no está fechado, maravilla al editor (Perucho), quien nos ofrece el contenido de ese cuaderno con la certeza de que, a estas alturas de la página, ya hemos aceptado el pacto ficcional. En adelante, Romeu cobra vida propia, y es él quien eleva la voz, por más que reconozcamos tras su efigie el típico estilo de Perucho: es decir, el del articulista que ha leído a los moralistas franceses y goza con la invención de estribillos fantasmagóricos.

Por ser las del dietario piezas heterogéneas, resultaría excesivo ceñirlas con un lema. Romeu parece haber llegado a esa hora crepuscular en que lo substancial merece la misma atención que lo menudo. Así como le interesan el gorro de dormir, el espejo giratorio y las figuras de cera, también extrae filosofía de la práctica del silencio, sondea la poesía de tradición provenzal, define la estrategia de la palabra en Salvador Dalí, o nos invita a comprobar el arte de ilustradores como Penagos y Laura Albéniz. Volviendo al nivel del lector, lo único verificable es la contraseña del iniciado: la clave que remite a otros libros, a otras lecturas de temperamento robusto, siempre en los confines de una espaciosa biblioteca.

Portada de «Dietario Apócrifo de Octavio de Romeu», edición de 1985

Portada del libro de Juan Perucho Dietario apócrifo de Octavio de Romeu

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