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Juan Perucho

Cronología 1919-1955

1919-1955: Infancia y juventud en Barcelona al lado de un padre bibliófilo que le ofrece un amplio horizonte de lecturas donde el joven Perucho se encuentra a sí mismo y donde descubre su verdadera vocación leyendo a los poetas del Siglo de Oro, además de a los franceses: Balzac y Hugo, entre otros. Periodo difícil que abarca la guerra civil, y es llamado al frente donde se le asigna la tarea de vigilar los aviones. Comienza sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras donde conoce a otros escritores con quienes entabla amistad. Asimismo publica sus primeras obras, como Sota la sang y Aurora per vosaltres.

1919

El 12 de agosto Manuel Perucho y Jesusa Gutiérrez Duque, padres del escritor, contraen matrimonio en la iglesia parroquial de Sant Joan de Gràcia, en Barcelona. Jesusa, viuda con dos hijos de un anterior matrimonio, procede de la localidad vallisoletana de Medina del Campo. Dato curioso: una hermana del primer marido de Jesusa tuvo por esposo al músico Isaac Albéniz. Don Manuel posee una tienda de tejidos en la calle Ramón y Cajal.

[Fotografía] Juan Perucho de niño

Retrato de Juan Perucho de niño.

1920

Juan Perucho, bautizado con el nombre del abuelo paterno, viene al mundo el 7 de noviembre en el barrio barcelonés de Gràcia, cerca del comercio de su padre. «Esta tienda —escribe— tenía muchos escaparates que daban a la calle o al interior del vestíbulo, y un almacén con salida a la calle de Menéndez Pelayo [Torrent de Olla]. En esta misma calle, en una casa frente a la calle de la Providencia, nací yo. Fue el primer domicilio conyugal» (Los jardines de la melancolía).

Éste es el hogar donde ha de transcurrir su infancia. Razonablemente, el escenario de su crecimiento condiciona los gustos del chiquillo: el padre, bibliófilo vocacional, pone a su disposición esa biblioteca familiar en la que el futuro escritor empieza a encontrarse a sí mismo. «Mi padre —dice— era catalán y mi madre nació en Medina del Campo. Me he educado leyendo tanto a Ramón Llull y Ausiàs March como a Quevedo y Cervantes» (Mora, El País).

El pequeño estudia en el colegio de las Hermanas de la Presentación, en la calle Torrijos. Posteriormente, es trasladado al de los Hermanos de las Escuelas de la Doctrina Cristiana.

1930

Cuando llega a la edad de comenzar el bachillerato, ingresa en las aulas del Instituto Salmerón. Entre las lecturas que frecuenta por estos años, se alternan Balzac y Hugo, Carner, Baroja, Lorca y Juan Ramón Jiménez.

La familia veranea en la playa de Calafell, viaja a Montserrat y disfruta de la vida popular en Barcelona.

Juan Perucho de niño en Premiá de Mar 1930

Juan Perucho de niño en una caseta de baños en Premià de Mar, 1930.

1936

«Durante la guerra civil —escribe— mi padre pasó momentos difíciles, como todos los industriales y comerciantes de Cataluña. Los dependientes se le fueron al frente uno tras otro, y tuvo que tapar agujeros como pudo. En aquel momento, le ayudé rudimentaria y precariamente en la tienda»(Los jardines de la melancolía).

1937

A la edad de diecisiete años es movilizado. Cumple su misión en las baterías antiaéreas del Carmelo, al norte de Barcelona. «Era vigilante del cielo: avistaba los aviones italianos que venían a bombardear Barcelona desde sus bases de Mallorca» (Massot, La Vanguardia).

Gracias a los Servicios de Cultura en el Frente descubre la vocación literaria y reconoce su identidad de poeta. «Pero no todo era el refugio de los versos —escribe—. También estaba la realidad espeluznante de aquellos días, con la visión de los muertos (montañas de cajas de muerto, goteando sangre, en los patios del Hospital Clínico), las grandes hogueras de las iglesias quemadas, las barricadas en las calles (volverían con los sucesos de Mayo, en las luchas entre el POUM y el PSUC), según constataría años después George Orwell en Hommage to Catalonia» (Los jardines de la melancolía).

1939

Cuando la Guerra Civil toca a su fin, Perucho se encuentra en las filas del bando perdedor. El azar va a cambiar los colores de su uniforme. «Cuando perdió la República —declara—, yo estaba solo [desarmado], sentado en un parapeto desde el que se veía el mar, y recitaba versos en catalán de Sánchez Juan. Un oficial se acercó y me dijo: "Si eres de Barcelona, me doy la vuelta y te vas a tu casa". Salté enseguida del parapeto y fui a casa». Al poco, es reclutado nuevamente por las tropas nacionales. Como su madre es vallisoletana, le envían hasta San Quintín, «un cuartel que parecía un monasterio, en cuya entrada había este letrero: De aquí se sale para la muerte». Su columna es llevada hasta Menorca, que figura como el último reducto republicano. «Allá había cuatro cañones Vickers, temibles, los más grandes del mundo. Pero no llegaron a disparar. Cincuenta años después, exactos día por día, me hallaba en Sicilia y se acercaron unas personas que nos pidieron compartir mesa. Resultaron ser menorquines. Uno de ellos había servido en las baterías de Mahón y reveló el misterio. No dispararon por un acto de sabotaje que las dejó inutilizadas: después sirvieron para rodar Los cañones de Navarone» (Massot, La Vanguardia).

1940

Según relata Néstor Luján, Perucho y él coinciden en la Universidad de Barcelona, dentro del claustro de la Facultad de Filosofía y Letras, que compartían los alumnos de esta carrera y los que, como Joan, estudian Derecho. Allí es donde traban amistad ambos escritores; un sentimiento que asimismo une a otros espíritus afines, como Antoni Vilanova, Francesc Mayans, Manuel Valls, José M. de Martín, Carles Fisas, Bonaventura Torres Muntán y Josep Riera. «En el Patio de Letras—recuerda Perucho—, donde un lema proclamaba con grandes letras Si eres español, habla la lengua del imperio, conocí a mis grandes amigos Néstor Luján y Antoni Vilanova» (Massot, La Vanguardia). Al decir de Luján, «Joan Perucho tenía una vocación clara de poeta; tenía vocación de escritor y, posiblemente porque era un poco mayor que Antoni y que yo, poseía una experiencia que iba más allá del marco literario» (Cabré, ed., Joan Perucho o la mirada darrere del mirall).

A partir de esa afinidad entre Perucho y sus amigos, se produce su ingreso en Alerta, revista del SEU. La redacción está en un piso de la plaza de Letamendi, lindante con Enric Granados. Cuenta Perucho que los despachos de esta publicación «fueron asaltados por un pelotón de las Juventudes Falangistas, que seguramente —y en contra de la benevolencia de Luys Santamarina— no encontraban correcta nuestra actuación desde el punto de vista doctrinal. Esto, en lugar de acobardarnos, nos dio una gran fuerza moral y un evidente prestigio entre el público de estudiantes que constituía nuestro círculo de lectores» (Perucho, Los jardines de la melancolía).

1941

Obtiene la licenciatura.

La revista Poesía, publicada clandestinamente por Josep Palau i Fabre, difunde tres poemas de Perucho: dos en castellano y uno en la lengua de su padre.

Retrato de Juan Perucho

Retrato de Juan Perucho.

1945

Aunque Perucho comienza su andadura poética en castellano, profundiza en el orgullo de su idioma paterno mientras colabora en Alerta junto a Néstor Luján, Antoni Vilanova, el músico Manuel Valls y el pintor José María de Martín. Las indicaciones de Josep Palau i Fabre le llevan a concebir poemas en catalán.

1946

Por las fechas en que la revista Ariel (1946-­1948) publica sus colaboraciones, traba amistad con Carles Riba, José María Valverde y Salvador Espriu. También conoce a Joan Miró. Los restantes redactores de Ariel son Joan Triadú, Josep Romeu, Jordi Sarsanedas, Enric Jardí, Alexandre Cirici, Nani Valls, Joan Barat, Miquel Tarradell y Francesc Espriu. «En esta última revista —escribe—, además de unos cuantos poemas, publiqué artículos sobre literatura y sobre arte. He sido desde el inicio de mi vida literaria un autor bilingüe, sin que me importase el bilingüismo. La utilización del catalán, en aquella época, era, sin embargo, una exigencia moral y una actitud de protesta contra todo un estado de cosas» (Los jardines de la melancolía).

1947

Llega a manos de los lectores el libro Sota la sang, adornado con ilustraciones de Ramón Rogent. Quien se responsabiliza de la tirada es Carles Fisas.

En su experiencia como padre, Perucho también conoce la tragedia: «Un hijo mío falleció a los quince días de haber nacido, y tuve que bautizarlo yo mismo, con mis manos, porque no había capellanes. Hay hechos en la vida que te marcan para siempre y frente a los que no cabe hacer nada» (Riva, Avui).

1948

Desde la obtención de su licenciatura, oposita a notarías. Reside en Madrid, en el Colegio Mayor César Carlos. Conoce al hispanista Mauricio Mölho, a Benjamín Jarnés y al diplomático Julián Ayesta, autor de una de las obras predilectas de Perucho: Helena o el mar del verano (1951).

José Luis Cano le invita a colaborar en dos números de Ínsula.

Gana las oposiciones y entra en la carrera judicial. Tras ejercer en Borges Blanques (les Garrigues) y en Bañolas (Pla de l'Estany), se instala como juez en Gandesa.

Perucho y su esposa

Juan Perucho y su esposa, Maria Lluïsa Cortés, en el Ebro.

1949

El 27 de octubre contrae matrimonio con María Luisa. Sin duda, ella será su mejor compañera y ayudante en los menesteres literarios y periodísticos. Mientras apuran la madurez, ella pasa a máquina los textos que redacta su esposo. Cuando ambos lleguen a viejos, María Luisa se encargará de transcribir, al dictado, los artículos que Perucho piense en voz alta. La pareja cría y educa a cuatro retoños: Montserrat, Oriol, Sofía y Eulalia.

Ediciones Cobalto publica el ensayo Miró, escrito por un buen amigo suyo, el poeta Juan Eduardo Cirlot. «Recuerdo que Cirlot —escribe Perucho— venía a visitarme en casa. Era un hombre serio, bien plantado, incapaz de actuar con frivolidad. Todo era, para él, importante, todo se ataba en la profundidad del cosmos, y sabía que no todo quedaba explicado por la razón» (La máscara de hierro y otras máscaras).

1951

La primera edición de Aurora per vosaltres, con prólogo de Carles Riba e ilustraciones de Rafols Casamada y María Girona, sale de los talleres barceloneses de Proa. El domicilio de Riba y Clementina Arderiu se halla muy cerca de la casa donde habitan los Perucho.

Gracias a su determinación como estudiante y opositor, Juan Perucho ya ejerce profesionalmente como juez. Mantendrá esta responsabilidad en la Administración de Justicia hasta 1984, fecha en la que ha de pedir la excedencia. «El oficio de juez no me ha gustado nunca —declara—. Tienes siempre la impresión de que te están enredando. Unas veces lo adivinas y otras no. Y piensas, ¿qué culpa tiene de ser así? Nunca lo sabes. Cuando dictas una sentencia condenatoria, piensas: ¿estás seguro?, ¿y si me equivoco? Lo único que da tranquilidad es saber que hay otra instancia» (Massot, La Vanguardia).

1953

La bibliografía de Perucho, aún discreta, se enriquece con Diana i la mar Morta, cuyo primer lanzamiento dispone de una serie de ilustraciones realizadas por F. Todó García. La génesis del libro tiene un trasfondo íntimo. «Ejercí como juez en las Garrigues, luego en Bañolas, después en Móra d'Ebre y finalmente en Gandesa. En todos estos lugares he ido dejando un rastro de amistades y de vivencias. Todo ello lo quise recoger en un libro. Ese libro salió con una tirada de cien ejemplares, en una edición muy hermosa. Cayó en el olvido, y ahora (2003), al cabo de cincuenta años, no sé por qué motivo, lo ha recuperado Edicions 62» (Cervera, Avui). Merecidamente, Diana i la mar Morta obtiene el premio Xandri, otorgado en Brasil durante los Juegos Florales de la Lengua Catalana en el exilio.

Fotografía de Perucho y otros en el Congreso de Poesía de Salamanca

Congreso de poesía de Salamanca. En primera fila y de izquierda a derecha: J.V. Foix, Tomàs Garcés y Carles Riba. Detrás, del centro a la derecha: Joan Perucho y señora, y Clementina Arderiu.

El Congreso de Poesía de Salamanca se celebra entre el 5 y el 10 de julio. Perucho asiste por iniciativa de Carles Riba: «había dado mi nombre —escribe— para participar en los Congresos de Poesía que, con la nueva política iniciada por el ministro Ruiz Jiménez, había organizado Joaquín Pérez Villanueva, entonces Director General de Enseñanza Universitaria, bajo el impulso de una idea de Rafael Santos Torroella. Los nombres del grupo catalán (.) fueron comunicados por Carles Riba a Santos e inmediatamente cursadas las invitaciones. Iban con los nombres de Mariá Manent, Clementina Arderiu, Tomás Garcés, Ricard Permanyer, J.V. Foix y Joan Teixidor» (La máscara de hierro y otras máscaras).

Gracias a Riba, también asiste a los congresos poéticos celebrados en Segovia y Santiago de Compostela.

Juan Perucho y amigos en Santiago de Compostela

Joan Fuster, Juan Perucho y Antoni Vilanova en Santiago de Compostela.

1954

En su edición primera, El médium llega a las librerías con un prólogo de Joan Teixidor e ilustrado con el retrato del escritor que lleva a término Antoni Tàpies. En su vejez, Perucho recordará con afecto esta etapa de su vida: «Empecé a colaborar en revistas como Alerta, Poesía, Ariel y Destino. En 1954 gané el Premio Ciudad de Barcelona por El médium y Eugeni d'Ors me dio un gran consejo: Usted será un gran escritor, pero ha de creer siempre en lo que hace, porque sin vocación no hay destino» (Massot, La Vanguardia).

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