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Juan Perucho

Biografía literaria. 2 de 4

En 1948 gana la plaza en unas oposiciones y entra en la carrera judicial. Sin embargo, la vida de un juez de pueblo es rutinaria y poco trabajosa. En su despacho analiza casos que no atañen al Derecho Penal: «hay discusiones por los límites de tierras, sobre hipotecas de casas., prácticamente no hay casos criminales». Ello no le impide sostener cierto orgullo: personifica la justicia en un territorio donde el presidente de la Audiencia es sólo una presencia lejana.

[Montaje fotográfico] Perucho con su mujer

Juan Perucho con su mujer. Montaje fotográfico de Ana Santonja.

Aurora per vosaltres(1952), con prólogo de Carles Riba e ilustraciones de Rafols Casamada y María Girona, confirma su habilidad en el campo de las letras. La obra queda finalista del segundo premio de poesía Ossa Menor. Al igual que Sota la sang, es un poemario compuesto por doce piezas. A Fernando Valls le llama la atención en esta entrega «una tristeza existencial, muy de la época». Se ve que el autor no concibe la absoluta felicidad: «siempre hay algo (el paso del tiempo, el recuerdo de la muerte.) que enturbia la existencia. Hay en toda su poesía de estos años un miedo, un recelo a la vida». Al cabo, sólo en la familia y en la religión «encuentra un asidero para alcanzar, si no la felicidad, sí -al menos- la tranquilidad espiritual».

El programa poético de Perucho es firmemente contrario al racionalismo cartesiano. Coincide con esta idea Puntí, quien define el volumen de poemas El médium (premio Ciudad de Barcelona) «como un esfuerzo por dar voz a los cuadros de Antoni Tàpies, Modest Cuixart o Joan Ponç».

A modo de acotación, resaltaremos que no se trata de la ambición de un bohemio cegado por las artes. Es más, Perucho cultiva una maestría poética que también se advierte, a ratos y por vía anecdótica, en su faceta legalista. Dato substancial: Perucho va a permanecer en la Administración de Justicia hasta 1984.

Posteriores libros, como Diana i la mar Morta (1953), le sitúan entre los nuevos valores literarios de mayor empuje. Bajo esa divisa, acude al Congreso de Poesía de Salamanca, que se celebra entre el 5 y el 10 de julio de ese mismo año. Siempre dentro de un margen reducido, las etiquetas más elogiosas recaen nuevamente en él cuando llegan a las librerías El pais de les meravelles y Amb la tècnica de Lovecraft.

Perucho en Congreso de poesía de Salamanca 1953

Fotografía de grupo del Congreso de Poesía de Salamanca (1953). De izquierda a derecha: Joan Teixidor, J.V. Foix, Ricard Permanyer y esposa, Tomàs Garcés, Joan Perucho y su esposa y Joan Maluquer de Motes.

Aunque se trata de un prosista de largos alcances, Perucho prefiere moverse entre metáforas, y por ello se coloca la máscara de poeta en cuanto surge la ocasión: «Te miras en un espejo y te ves a ti mismo. ¿Pero qué hay detrás? Los únicos que lo saben son los santos y los poetas: detrás del espejo, está la eternidad». Y esa es la eternidad que explora en el sentido lírico, siguiendo los pasos de sus admirados Cernuda, Larrea, Dámaso Alonso, Alberti y Gerardo Diego. Desde su centro, el surrealismo de la generación del 27 le conmueve, influye en su estilo y modula sus gustos. También le influye, por supuesto, el benemérito Carles Riba, «como ejemplo de rigor literario». Pero la suma sigue: otro autor con quien mantiene conversaciones y aun discusiones sobre cómo debe ser la poesía es don Eugenio d'Ors, quien le sirve de modelo, junto a Larra y Azorín, a la hora de adoptar el oficio de articulista.

La aparición de la novela Llibre de cavalleries (1957), publicada en Barcelona por Àncora, convierte a Perucho en un heterodoxo: un tipo original que prefiere la fantasía erudita al compromiso literario de orden social. Su buen amigo Antoni Vilanova cree que, más que la negación de una realidad vital, se trata aquí de una declaración antirrealista en el plano poético, que parece tener «sus fuentes originarias en el famoso Manifiesto del Surrealismo de André Breton, publicado en París en 1924, y en su culto de lo maravilloso como compensación de la mediocridad de la vida».

En 1960, se reúne con Néstor Luján y Vilanova en la redacción de Destino, revista en la que permanece a lo largo de diez años. Nuevos amigos, como Martín de Riquer, José María Castroviejo y Álvaro Cunqueiro completan el selecto grupo de compañeros que valoran y comparten la efusión libresca de Perucho. Por esta época, también adquiere prestigio como crítico de arte. Como bien dice Daniel Giralt-Miracle, se apropia de las artes con avidez, llega a nuevos caminos por intuición, «renunciando a los métodos fijos, las terminologías tópicas o las visiones triviales». Las críticas de arte acabadas por Perucho no pueden catalogarse como descriptivas y tampoco «surgen de la investigación, de la clasificación o del cotejo, como las que proceden de la historiografía». Se trata, más bien, de «inmersiones en el mundo del arte», a medio paso entre la erudición y la fascinación.

[Montaje fotográfico] Juan Perucho apoyado

Juan Perucho apoyado. Montaje fotográfico de Ana Santonja.

Les històries naturals (1961) abre nuevos territorios en la obra de Perucho. Al decir de su más profundo estudioso, Julià Guillamon, la evolución de su literatura ha seguido hasta este punto un trayecto lineal: cuando se desvanece la poesía existencial de los primeros libros, la nueva propuesta lírica adquiere la forma del poema en prosa. En adelante, llegan «los cuentos, una primera novela vagamente surreal y un último texto novelesco que supone la aceptación de la nueva estética». Si bien el escritor adopta la concepción culturalista del mundo y de la literatura como fórmula de estilo, Guillamon juzga que las técnicas de la intertextualidad son el genuino ingrediente de la narrativa peruchesca desde los años sesenta. Especialmente, a partir de la publicación de Las historias naturales. Dicho por el mismo analista: en cada artículo y en cada relato, intervienen, además de la voz del propio relator, voces del pasado que propician la interpretación del llamado ambiente de época.

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