Los italianos trajeron a Barcelona la tradición de la pasta italiana. A ellos se debe que los macarrones sean un plato absolutamente barcelonés y que los canelones hayan sido considerados, por muchos tratadistas, como plato catalán a pesar de su ascendencia italiana. Los canelones se han convertido en un plato de una festividad catalana por excelencia: el día siguiente de Navidad, o sea, el día de San Esteban. En el restaurante Suizo había un plato que era el producto de la fructífera colaboración del cliente, del camarero y del cocinero. (.) Don Julio Parellada, magnífico tipo de dandy que dilapidó en flores, perfumes y galanterías más concretas parte de su fortuna, era un gourmet sibarítico y, en sus últimos tiempos, con su plastrón de piqué y su clavel en la solapa, ocupaba con grave autoridad una mesa del Suizo. Un buen día se le ocurrió pedir al camarero Jaime Carabellido un arroz especial, que aportase todos sus tropezones, sin huesos, ni espinas. (.) Bien pronto se popularizó el plato y se incorporó el «arroz a la parellada» a la minuta del Suizo.
(Tomado de El libro de la cocina española. Gastronomía e historia, escrito con Néstor Luján, Barcelona, Tusquets Editores, 2003, p. 234)
