He buscado los años de mi vida, / incipientes y alegres, que ponían / un generoso anhelo en todo. / Pero la vida era un recuerdo / que el tiempo parecía derribar. // No obstante, me llamasteis / para mostrar qué alegres son las ruinas / confundidas ahora en el paisaje / en un todo nuevamente alcanzado. / Valía, pues, la pena / beber el vino de esta copa. / Ya una mujer se asoma a la ventana, / ahora que todos los días son ceniza.
(Tomado de «El final de les coses», en Rosa Cabré (ed.), Joan Perucho o la mirada darrere del mirall, Departamento de Filología Catalana, Universidad de Barcelona, Eumo Editorial, 1998, p. 117)