Las fiestas aparecen como espejos donde se reflejan los pueblos. (.) Este dinamismo lúdico nos revela, pues, dónde nace el manantial puro, oculto por los usos y costumbres, posteriormente enmascarado por las sucesivas culturas que se han sedimentado a través de los siglos. Las ferias participan con frecuencia de estos orígenes, si bien obedecen a unas necesidades de economía doméstica, por lo que, en tiempos de intercambio difícil, deben repetirse, de manera fija, con regular periodicidad.
Los orígenes pueden ser rituales y mágicos. Aunque hay que observar que no son los mismos en la montaña o en el mar: campesinos y navegantes son diferentes. (.) Joan Amades clasificó escrupulosamente y con paciencia los [actos festivos] de Cataluña y observó que no todo era alegría desenvuelta, gritería atolondrada, alborozo y jactancia.
(Tomado de «Ferias y fiestas», Teoría de Cataluña, Barcelona, Ediciones Destino, 1987, p. 163)
