El amor entre un hombre y una mujer es una cosa tan delicada que, naturalmente, un epistolario íntimo casi siempre no admita la lectura de un extraño. El punto de intensidad que la relación afectiva comporta lo hace aparecer, muchas veces, desproporcionado y obvio y, también, con una frecuente cursilería. Por eso, desde la óptica del buen gusto, no es aconsejable darlos a la luz pública; por otro lado, hay también una cuestión de fisgonería impertinente y no del todo lícita en según qué casos. (.)
Eso no obsta que, contra lo que me esperaba, tales consideraciones no rezan con el epistolario amoroso de José Pla (.), presentado con tacto adecuado. Este epistolario contiene la relación amorosa de dos personas alejadas de la obviedad y la cursilería. Desde el comienzo hay el aire de una fatalidad asumida y, por lo tanto, hay un cierto desengaño en lo que se dice con una desconcertante ternura.
(Tomado de «Una novela de amor», Detrás del espejo, Madrid, Mondadori, 1990, p. 146)
