Las orejas son importantes, como lo demuestra el hecho de que cada uno de los cuatro evangelistas cuenta, en el momento de la pasión del Señor, la circunstancia de haberse producido por la espada el corte limpio de la oreja de uno de los esbirros. Eso da pie a una escena casi surrealista (muy poco conocida, sólo contada por San Marcos): la del joven desconocido que, desnudo, huye perdiéndose en la noche sin que nadie le reconozca.
Desde el punto de vista médico, ya en el siglo xviii, la Encyclopedie, en su artículo Oreille, organe de l'oui, da fórmulas sensatas como la introducción de almendras amargas, un poco tibio, en el oído obturado por tapones cerúleos, et on la détacre avec une curette des parois du conduit. (.) La filosofía china es muy concreta respecto al sentido corporal del oído y su órgano, la oreja. (.) El doctor Andrés Ferrer de Brocaldino, (.) extractó la filosofía auditiva en su tratado De las orejas.
(Tomado de «Audiciones y delaciones», La máscara de hierro y otras máscaras, Pamplona, Pamiela, 1999, pp. 56-57)