Santa María. Personajes
De todos modos, cinco años después de la clausura de aquella anécdota, Larsen bajó una mañana de la parada de los omnibuses que llegan de Colón, puso un momento la valija en el suelo para estirar hacia los nudillos los puños de seda de la camisa, y empezó a entrar en Santa María, poco después de terminar la lluvia, lento y balanceándose, tal vez más gordo, más bajo, confundible y domado en apariencia.
El astillero, Obras completas, Madrid, Aguilar, 1970, p. 1049.