Santa María. Personajes
Abandono el perfume tristón de las flores amarillas y al volverme la veo tal como la había presentido: con las manos en la espalda ofrece al fuego de la chimenea una expresión maravillada y pertinaz, los ojos, muy abiertos, parpadean sin inquietud, como si solo quisieran acariciar y dar lustre a la mirada. Me acerco para preguntar, insistir, interesarme; pero cuando me mira distingo, como siempre, el odio y el miedo, las únicas cosas que ella no puede esconderme, las únicas que tal vez importen en nuestras relaciones.
Juntacadáveres, Obras completas, Madrid, Aguilar, 1970, p. 799.