Santa María. Espacios
Casi pisando manos de mendigos y ladrones, Medina entró en la sombra de los arcos del mercado viejo de Santa María y se detuvo para quitarse el sombrero de paja y pasarse el pañuelo por la frente. Mustio, pálido, el gran letrero en tela rezaba: «Escrito por Brausen» […]. Resopló mirando por encima del hombro la canalla andrajosa, silenciada y traidora.
Dejemos hablar al viento, Barcelona, Bruguera, 1970, p. 147.