Centro Virtual Cervantes
Literatura

Escritores > Gabriela Mistral > Cronología 1922-1945
Gabriela Mistral

Cronología

1922-1945

Por Inmaculada García Guadalupe

El periodo que ocupa de 1922 a 1945 nace cuando el gobierno mexicano la invita a participar en el proyecto educativo de la revolución y al mismo tiempo publica su primer libro, Desolación, al que seguirán Ternura y Tala; y finaliza con la recepción del Premio Nobel. Es tal vez su periodo más intenso, ya que publica con asiduidad sobre diversos temas y empieza a tener el reconocimiento tanto de los círculos académicos internacionales como de la crítica.

1922

El gobierno mexicano ofrece a la poetisa participar en el programa educativo dirigido por el filósofo y ministro de educación, José Vasconcelos. Gabriela acepta el ofrecimiento y parte con Laura Rodig, que la acompaña en calidad de secretaria. En México es recibida por el poeta Jaime Torres Bodet y por la también maestra Palma Guillén, a quien más tarde dedicará su libro Tala como reconocimiento a la profunda amistad que surge entre las dos. La escritora recibe un cálido homenaje a su llegada en el parque Chapultepec, donde no solo le esperan las autoridades del país sino también numerosos niños que la aclaman. Durante esta época Gabriela recorre el México rural y se gana el cariño de los lugareños, quienes aprecian su bondad y sencillez: «Esto en donde no estoy, / en el Anáhuac plateado, / y en su luz como no hay otra / peino un niño de mis manos. // En mis rodillas parece / flecha caída del arco, / y como flecha lo afilo / meciéndolo y canturreando […] Me miran con vida eterna / sus ojos negri-azulados, / y como en costumbre eterna, / yo lo peino en mis manos».

Por iniciativa del crítico español Federico de Onís es publicado el primer libro de la poetisa, Desolación, en la editorial que posee el Instituto de las Españas de Nueva York. La obra está dedicada a Pedro Aguirre Cerda, figura esencial en la trayectoria de la poeta, y a Juana de Aguirre. El poemario se cierra con un «Voto» en el que la autora declara: «Dios me perdone este libro amargo y los hombres que sienten la vida como dulzura me lo perdonen también. / En estos cien poemas queda sangrado un pasado doloroso, en el cual la canción se ensangrentó para aliviarme».

La estructura del poemario —que se encuentra dividido en las secciones «Vida», «Escuela», «Infantiles», «Dolor» y «Naturaleza»— nos permite apreciar que muchos de los temas mistralianos aparecen ya esbozados en este primer libro. El título de la obra describe un paisaje desolado que coincide con el estado psicológico de la autora: «La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde / me ha arrojado la mar en su ola de salmuera. / La tierra a la que vine no tiene primavera: / tiene su noche larga que cual madre me esconde. // El viento hace a mi casa su ronda de sollozos / y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito. / Y en la llanura blanca, de horizonte infinito, / miro morir inmensos ocasos dolorosos».

1923

Aparece la segunda edición de Desolación, publicada en Chile por la editorial Nascimento. Gabriela prosigue en México, donde se crea la Escuela Hogar Gabriela Mistral, que publica a la poetisa sus Lecturas para mujeres, obra de la que se imprimen 20.000 ejemplares.

1924

Abandona México, país que le deja un recuerdo imborrable. Las autoridades educativas le erigen un monumento como reconocimiento a su labor en estos dos años. Desde México se dirige a Estados Unidos, donde dicta conferencias en diversas universidades norteamericanas. Luego recorre Francia, Suiza —lugar en que se entrevista con Romain Rolland—, España e Italia —donde conoce a Giovanni Papini—.

Su segundo poemario, Ternura, es publicado en Madrid por la editorial Saturnino Calleja. El libro aparece dedicado a su madre y a su hermana Emelina. El acento poético de Gabriela cambia en este libro, que versa sobre los niños y el mundo que los rodea.

1925

Regresa por barco a Chile y realiza escalas en Brasil, Argentina y Uruguay, lugares donde es homenajeada. Vuelve a La Serena, donde se dedica a cuidar de su madre. Como reconocimiento a su labor docente el parlamento chileno le concede una pensión de jubilación. La Sociedad de las Naciones aprueba su ingreso en el Instituto de Cooperación Intelectual, en el que representa oficialmente a Latinoamérica.

1926

Parte rumbo a París para desempeñar el cargo de consejera del Instituto Internacional de Cooperación Intelectual, lo que le permite entrar en relaciones con personalidades de la época: Henri Bergson, Madame Curie, Paul Valéry, George Duhamet y Francois Mauriac, entre otros. En Chile sale a la luz la tercera edición de Desolación.

1927

En París conoce a algunos de los intelectuales más relevantes del momento, como Paul Rivet o Miguel de Unamuno, quien en ese momento se encuentra desterrado en la capital francesa y de quien dirá Gabriela: «Dos o tres años quedó vacante su cátedra de griego en Salamanca. Yo espero, para guardarlo entre los pocos hechos limpios de nuestro tiempo, el ejemplo de esos profesores españoles que dos o cuatro veces leyeron la convocatoria a concurso para reemplazar a su sabio y no se presentaban, haciendo fracasar el concurso […]. Pero al fin se halló un candidato y, por desgracia, fue un cura. La plaza se llenó: ¡pobre profesor con semejante sombra a su espalda en el pupitre!».

Acude a Italia para participar en un congreso de maestros. Posteriormente viaja a Ginebra para asistir al congreso de protección de la infancia. Es nombrada miembro, junto a Alfonso Reyes y Alcides Arguedas, del comité editorial de la Colección de Clásicos Iberoamericanos, organizada por el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual con el propósito de dar a conocer a los lectores de habla francesa los escritores hispanoamericanos de más renombre, como Rubén Darío y José Martí.

1928

Participa en la Primera Conferencia Internacional de Maestros, que tiene lugar en Buenos Aires, con un texto titulado «Los derechos del niño». Adopta a su sobrino Juan Miguel Godoy Mendoza, de cuatro años de edad —al que cariñosamente llamará Yin Yin—. El niño era hijo de su hermanastro Carlos Miguel Godoy y de una maestra española que este había conocido en la Península, cuando viajó a alistarse como voluntario en la Legión Extranjera. Muerta su madre a causa de la tuberculosis, el niño pasó a manos de Gabriela. A través del artículo «La cacería de Sandino» la escritora toma partido por el rebelde nicaragüense y contra la política intervencionista de Washington ejercida contra Nicaragua: «Mister Hoover ha declarado a Sandino “fuera de la ley”. Ignorando eso que llaman derecho internacional, se entiende, sin embargo, que los Estados Unidos hablan del territorio nicaragüense como del propio, porque no se comprende la declaración sino como lanzada sobre uno de sus ciudadanos».

Representa a Chile y Ecuador en el Congreso de la Federación Internacional Universitaria de Madrid. Por iniciativa del Consejo de la Sociedad de las Naciones acepta un cargo en el Consejo Administrativo del Instituto Internacional de Cinematografía Educativa, institución con sede en Roma. Su primer proyecto al frente de este cargo será la filmación del cuento de Perrault La bella durmiente del bosque.

1929

La poeta sigue viviendo en Europa. Representa a Chile en Madrid, en el Congreso de Mujeres Universitarias. En esta ciudad recibe la noticia de la muerte de su madre, Petronila Alcayaga Rojas, en la población de La Serena, cuya pérdida sume a Gabriela en una profunda tristeza: «Madre mía, en el sueño / ando por paisajes cardenosos; / un monte negro que se contornea / siempre, para alcanzar el otro monte; / y en el que sigue estás tú vagamente, / pero siempre hay otro monte redondo / que circundar, para pagar el paso / al monte de tu gozo y de mi gozo».

Un nuevo revés golpea a Gabriela: el Gobierno de Chile le retira su sueldo de maestra y se queda en Italia sin recursos económicos. Paradójicamente, este percance se convierte en un beneficio para su obra, que se incrementa notablemente al verse obligada a mantenerse dictando conferencias y publicando artículos y ensayos en periódicos y revistas. Poemas suyos son incluidos en la Antología de poetas hispanoamericanos preparada por Alice Stone Blackwell para una editorial de Nueva York.

1930

Colaboraciones de la autora se suceden en las más prestigiosas revistas y suplementos literarios del mundo hispano: El Universal de Caracas, el ABC de Madrid, La Nación de Buenos Aires, El Mercurio de Santiago y el Repertorio Americano de San José publican sus artículos y sus famosos «Recados», poemas que serán recogidos más tarde en su libro Tala. Realiza su segundo viaje a Estados Unidos invitada por la Universidad de Columbia. A lo largo de un semestre dicta cursos de literatura e historia hispanoamericana en Barnard College y en Middlebury College.

1931

Viaja a Puerto Rico invitada por la universidad de la isla. Recorre las Antillas, el Caribe y los países centroamericanos. En la República Dominicana, Cuba, Panamá, El Salvador, Costa Rica, Guatemala —donde recibe el doctorado honoris causa— es recibida con honores por las universidades y la intelectualidad de los distintos países.

1932

El Gobierno chileno otorga a la escritora un cargo consular, siendo destacada a Nápoles, donde no podrá desempeñar sus funciones por impedírselo el gobierno de Mussolini, que confina a la poetisa en arresto domiciliario en Roma. Gabriela será la primera mujer chilena que disfrute de un cargo diplomático, si bien el puesto asignado no es de los más altos dentro del escalafón diplomático; sin embargo, el salario le permitirá vivir dignamente y solventar sus preocupaciones económicas.

1933

Llega a Barcelona, donde recibe una nueva invitación de la Universidad de Puerto Rico para dictar una serie de conferencias. El Gobierno chileno destaca a Gabriela Mistral en Madrid.

1934

Visita diversas ciudades españolas: Málaga, Mallorca y Barcelona. La Secretaría de Educación de La Habana edita su conferencia La lengua de Martí.

1935

El Gobierno chileno aprueba una ley especial por la que se le concede el cargo consular de modo vitalicio, iniciativa promovida por un grupo de intelectuales europeos entre los que se encuentran Miguel de Unamuno, Romain Rolland, Ramiro de Maeztu y Maurice Maeterlinck entre otros. Desavenencias surgidas con los intelectuales españoles la llevan a abandonar pronto el país y a establecerse en Lisboa.

1936

La época vivida en Lisboa es, para Gabriela, feliz, tranquila y de gran producción. En suelo lusitano escribe la serie de poemas llamada «Saudade», que aparecerá incluida más tarde en su libro Tala. Dicta conferencias y colabora en las principales publicaciones portuguesas. Estalla la Guerra Civil española, acontecimiento que la golpea profundamente. Se desplaza a París para formar parte de las reuniones del comité de publicaciones de la Colección Clásicos Iberoamericanos.

1937

Continúa en Portugal desempeñando el cargo consular asignado. Realiza viajes a Francia, Dinamarca y Brasil. Su vinculación con el Comité de Cooperación Intelectual le permite prestar ayuda a los profesores españoles que han dejado el país huyendo de la guerra.

1938

Publica Tala, su tercer poemario. La poeta destina los derechos de autor a los niños españoles víctimas de la guerra civil. Tala es un nombre alegórico que simboliza la cosecha, unos poemas que están esperando a ser recolectados. En esta obra la poetisa quiere entregarse a los niños, a la tierra. En el libro, además, aparece por primera vez su voluntad americanista, su intención de cantar al gran continente al que pertenece, la importancia concedida al mestizaje y al elemento indigenista en el que ella misma se reconoce: «En el campo de Mitla, un día / de cigarras, de sol, de marcha, / me doblé a un pozo y vino un indio / a sostenerme sobre el agua, / y mi cabeza, como un fruto, / estaba dentro de sus palmas. / Bebía yo lo que bebía, / que era su cara con mi cara, / y en un relámpago yo supe / carne de Mitla ser mi casta».

Recorre Uruguay y Argentina. Permanece una temporada en Buenos Aires, invitada por su amiga Victoria Ocampo. Luego de trece años sin pisar suelo chileno regresa a su país, donde es recibida calurosamente y homenajeada por las principales instituciones y por la intelectualidad. Para Gabriela el reencuentro con los paisajes de su infancia resulta muy emotivo. Tiene la oportunidad de visitar nuevamente su adorado valle de Elqui. La comunión con la bella naturaleza de su querido Chile le inspira poemas como «Volcán Osorno» y «Lago Llanquihue»: «Bebo quieta lo que me das, / igual que bebe, curvado, el ciervo, / bebo pausada, regustándote, / bebo y sólo sé que te bebo […] Lago de Llanquihue, arcángel / que se me da prisionero, / gesto que mi antojo sirves, / abajadura del cielo, / doblada y caída, no hablo, / cegada de sorbo ciego, / y de ser tuya nada digo: / te bebo, te bebo, te bebo».

Prosigue su derrota por tierras hispanoamericanas. Viaja por Perú, Ecuador y Cuba. En las principales ciudades de estos países dicta conferencias: en Lima sobre O’Higgins, en Guayaquil sobre Juan Montalvo, en La Habana sobre José Martí.

1939

Realiza su tercer viaje por Estados Unidos. Parte rumbo a Francia, concretamente a Niza, para desempeñar sus funciones consulares. Comienza a hablarse de la candidatura de Gabriela Mistral al Premio Nobel, campaña encabezada por la escritora ecuatoriana Adelaida Velasco Galdós y respaldada por los más destacados intelectuales latinoamericanos del momento.

1940

En Francia se prepara una antología de su obra que irá acompañada de un prólogo de Paul Valéry. Este prologuista no satisface a Gabriela, quien considera que Valéry, pese a ser un hombre de cultura sólida, es incapaz de captar la esencia de la literatura hispanoamericana, situación que había dejado patente en su prólogo a la edición de la obra de Mariano Brull. Por orden de la autora se paga a Valéry el prólogo realizado y se encarga otro a Miomandre. Para huir de la guerra solicita ser trasladada a Brasil, adonde viaja con su sobrino Yin-Yin.

1941

Desde Niteroi, Gabriela marcha a Petrópolis, ciudad próxima a Río de Janeiro. En este lugar entabla contacto con el escritor judío de origen austriaco Stefan Zweig y su esposa, quienes huyendo de los horrores de la guerra y de la persecución nazi se habían refugiado en el país sudamericano. Las visitas de la escritora al matrimonio Zweig son frecuentes y nace de ellas una profunda amistad.

1942

Ante la amenaza inminente de ser entregados a los nazis, Stefan Zweig y su mujer se suicidan, lo que constituye un tremendo golpe para Gabriela. Fruto de este dolor será el artículo «La muerte de Stefan Zweig», en el que la poeta recuerda la última conversación que mantuvo con el escritor austríaco y realiza una semblanza del personaje: «Porque no sabemos todo lo que este hombre padeció desde hace unos siete años, desde que el escritor alemán fiel a la libertad pasó a ser bestia de cacería. Su sensibilidad superaba a la mostrada en sus libros […]. Su repugnancia a la violencia era no sólo veraz: era absoluta. Le importaban todos los pueblos y se había apegado muchísimo a los nuestros».

1943

La muerte vuelve a sacudir los pilares de la existencia de la poetisa: su sobrino Yin Yin se suicida con arsénico. La poesía vuelve a ser el cauce en el que podrá verter tanto dolor: «Todavía, Miguel, me valen / como al que fue saqueado, / el voleo de tus voces, / las saetas de tus pasos / y unos cabellos quedados, / por lo que reste de tiempo / y albee de eternidades. // Todavía siento extrañeza / de no apartar tus naranjas / ni comer tu pan sobrado / y de abrir y de cerrar / por mano mía tu casa».

1944

Continúa colaborando en prestigiosas revistas y periódicos del ámbito literario, en los que publica ensayos y poemas. Prosigue la campaña en favor de su candidatura al Premio Nobel, durante la cual se traduce su obra en el país nórdico.

1945

A sus 56 años recibe el Premio Nobel de Literatura, noticia que conoce por el embajador sueco en Brasil. Viaja hasta el país nórdico en barco para recibir el galardón de manos del monarca sueco. Es la primera vez que un escritor latinoamericano es reconocido con tan alta distinción. En su discurso ante la Academia Sueca declara: «Hoy Suecia se vuelve hacia la lejana América Ibera para honrarla en uno de los muchos trabajadores de su cultura. El espíritu universalista de Alfred Nobel estaría contento de incluir en el radio de su obra protectora de la vida cultural al hemisferio sur del continente americano tan poco y tan mal conocido».

Volver a la página anterior Subir al principio de la página Ir a la página siguiente
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es