Centro Virtual Cervantes
Literatura

Escritores > Gabriela Mistral > Acerca de Mistral > «Gabriela Mistral en la casa de la infancia»
Gabriela Mistral

Gabriela Mistral en la casa de la infancia

Por Anabel Torres*

Gabriela Mistral es un hito en mi infancia y adolescencia. Su nombre y poesía yacen en mí como la melcocha que estirábamos de la panela, los cuentos de espantos, los grandes tarros de galletas de soda y las mujeres en la cocina contando cuentos mientras freían cáscaras de papa y cantaban los grillos. Por eso el pedirme este texto fue como si me dieran una tarea de las que más me gustaban. Es una dicha regresar al hogar de la niñez, plena de sol, voces y asombros, y aquellas sombras que todavía podíamos disolver tan sólo dándoles la espalda.

Hoy me he topado con otra Mistral. Al releer sus versos los encuentro más amargos, pero también más poblados de imágenes. Más allá de lo sombrío, ella sigue exprimiéndole placer a su color predilecto, el dolor, además el color que más le luce. El pincel con que unta sus palabras nos revela que no debemos tomar tan en serio su solemnidad, sino su magistral dominio del lenguaje. La noche profunda de los poemas de Mistral siempre viaja en contravía hacia el rojo del atardecer, y aunque se pinte de negro en su poesía, la aurora nos anega de repente en ella con la luz de sus palabras.

Obstinada, dicharachera entre profundos silencios, Mistral documenta exilios y ausencias, deberes y cuitas, pobrezas e injusticia, agotando a la muerte y esos dos suicidos que tanto la afectaron. También canta su maternidad, sólo frustrada en términos biológicos, pues aunque no parió hijos, creo que ejerció y degustó en su esencia el oficio materno. Sus poemas irradian dolor, soledad y abandono, pero a Mistral nunca la abandonaron las palabras. Ella se adentró en el lenguaje como en un huerto perenne en el cual se sentía holgadamente cómoda, quizás hasta un poco sorprendida ella misma por la gracia y soltura con que cosechaba las palabras, siendo torpe, como era, o como se adivina en sus fotografías.

Su poema «Nacimiento de una casa» ilustra la relación feliz de la poeta con el idioma. Fue escrito en California y describe cómo surge una casa desde la nada, concluyendo: «En torno al bendecidor bullen cientos de cosas: fiestas, bodas, nacimientos, risa y felicidad, y hay una muerte grande tumbada sobre el dintel de la puerta». Qué armonía para concluir este poema, recordándonos que no importa cuán terrible sea la muerte, también es bondadosa como un gran perro manso.

En su vida y su obra, Mistral logró amasar vida y muerte, dolor y alegría, desaliento y deseo: esta vida subrepticia, lenta y a la vez bullente, que encierra el mero hecho de estar vivas. No importa cuán oscura y cuán desnuda surja, por la poesía de Gabriela Mistral corre una brisa y fluye una música como de agua en cada página. Ustedes escucharán esa música leyendo o releyendo cualquiera de varios manojos de sus más bellos poemas. Volvamos a oír cantar a Gabriela Mistral.

Volver a la página anterior Subir al principio de la página Ir a la página siguiente
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es