Por Michael P. Predmore
Ahora bien, si queremos buscar, a modo de orientación, un precedente dentro de la tradición literaria al «simbolismo moderno» de Juan Ramón lo encontramos en la poesía del gran poeta inglés William Blake. Si buscamos mayor comprensión del proceso psíquico exteriorizado como drama poético, tanto en Jiménez como en Blake, lo encontramos en los estudios magistrales del gran psicólogo C. G. Jung. Y si buscamos términos y conceptos críticos para describir y analizar adecuadamente el fenómeno poético que aquí nos interesa, los podemos encontrar en lo que sigue siendo un indispensable manual: Teoría literaria, de Wellek y Warren. Intentaré elaborar brevemente cada una de estas afirmaciones. El parentesco entre la poesía de William Blake y la de Juan Ramón Jiménez es notable. Veamos cómo el ejemplo de Blake es muy aleccionador para los que leemos al poeta español 15.
En sus grandes obras, Blake intenta dar una historia completa de la caída y resurrección del hombre que se ha de leer con un doble sentido: como historia del cosmos y como psicología individual. En la visión de Blake —y esto es lo que más nos interesa aquí- cada individuo repite la totalidad de la historia espiritual. El resultado es que Blake presenta el arquetipo de la historia bíblica como un correlativo simbólico del estado interior del alma humana. La caída es consecuencia de una escisión o desintegración de la personalidad unitaria en partes autónomas o semiautónomas. La caída es, pues, una falta de armonía entre los cuatro componentes de la psique humana (razón, sensación, emoción e imaginación que guerrean entre sí. La resurrección resulta de la restauración de esta armonía psicológica. La salvación se consigue a través de la facultad de la imaginación y el apocalipsis acompaña y da máxima expresión a la reintegración triunfante del hombre íntegro.
Por breve e inadecuado que sea este resumen de las obras visionarias de Blake, quizá es suficiente para llamar la atención a paralelos importantes entre los dos poetas: la creación de un gran sistema simbólico que se continúa y se elabora a través de múltiples obras (The Four Zoas, Milton y Jerusalem, de Blake; Diario de un poeta recién casado, Eternidades y Piedra y cielo, de Juan Ramón) 16, el empleo simbólico del Apocalipsis de la historia bíblica para dramatizar un conflicto y su resolución triunfante y, a pesar de una reelaboración brillante del mito arquetípico, la suficiente liberación de la imaginación poética de formas heredadas para inventar nuevos símbolos, símbolos privados -origen, a mi juicio, del «simbolismo moderno» 17-.
Trataré de dar un ejemplo concreto de esto último. La guerra en The Four Zoas, de Blake, aunque representada en el gran macrocosmos, es una guerra puramente psicológica, una guerra entre aspectos de la personalidad humana y, por consiguiente, privada y única en su más íntimo contenido y desarrollo. Este fenómeno simbólico en Blake nos hace pensar en seguida en «la pugna entre el cielo, el amor y el mar» de que nos habla Juan Ramón. La pugna en Juan Ramón, como en Blake, es psicológica; «el mar» y «el cielo» en Juan Ramón (así como en Blake) son símbolos, en parte privados, de fuerzas y estados interiores del alma. Digo «en parte privados» porque «el cielo» y «el mar» no pierden su significado universal al adquirir un valor privado. Al contrario, el significado mítico-arquetípico (universal) y el privado viven juntos; se confunden y se enriquecen mutuamente.
Estas consideraciones nos llevan a destacar la importancia del mundo onírico en las obras principales de los dos poetas. Escuchemos el comentario de un gran estudiante de Blake con respecto a The Four Zoas. Salvo la primera frase, se aplica perfectamente al Diario donde el sueño como tema y como técnica de elaboración poética es tan notable:
Perhaps Blake's greatest contribution to literary methods occurs in this poem: his invention of the dream technique. It was also the cause of the greatest confusion among his earlier critics. This technique destroys the effect of a continuous and logical narrative. It permits the tangling of many threads, abrupt changes of subject, recurrent repetitions, obscure cross references, sudden intrusions, even out-and-out ontradictions... this technique is closest to our deeper mental processes, and it was Blake's ideal — complete freedom of the imaginative. It permits the correlation of actions on different levels... 18