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Juan Ramón Jiménez

Lírica de una Atlántida: la plenitud poética de Juan Ramón Jiménez (1 de 5)

Por Alfonso Alegre Heitzmann *

[Fotografía] Juan Ramón leyendo.

Juan Ramón leyendo.

Quiero citar en el comienzo de esta conferencia ** las palabras de un gran poeta, que es para mí además querido maestro y añorado amigo. Me estoy refiriendo al poeta español José Ángel Valente, fallecido en Ginebra en julio del año 2000. Con motivo de la aparición en España en la primavera de 1999 de Lírica de una Atlántida 1, Valente escribió en las páginas de Cultura de un periódico de Madrid, un artículo breve pero extraordinariamente significativo —casi una luminosa nota— que tituló «Juan Ramón Jiménez en su nuestra luz» 2. En él hacía observaciones esenciales, no sólo por su intrínseco valor crítico sino, precisamente, por venir de quien es, sin lugar a dudas, uno de los poetas más importantes en lengua española de la segunda mitad del siglo xx. Iniciaba su texto Valente evocando la figura de un joven poeta que en 1900, con apenas 19 años, llegaba a Madrid, y empezaba su andadura poética con el apoyo de los grandes poetas de la generación anterior. «Años más tarde, —escribe Valente—cuando la Guerra Civil dispersó por el mundo a tantos españoles, Juan Ramón era ya, con Machado, el poeta central de la tradición poética española en el presente siglo. En los años de posguerra, la lejanía, la funesta evolución de la poesía peninsular, la viciosa mala voluntad de las personas, hicieron de Juan Ramón una figura muy metódicamente silenciada, alejada, cuya obra no tuvo gravitación, para desgracia nuestra, en la escritura de estas latitudes. Sus libros finales lo llevan en el mundo de la experiencia poética mucho más allá de lo que alcanzó la llamada Generación del 27, en la que sólo hay dos poetas que acaso pueden ser aproximados a él en el orden de la intensidad creadora: Lorca y Cernuda» 3.

La imagen del poeta adolescente que a principios de siglo llega a Madrid, la volvía a retomar Valente al final de su artículo para recalcar la importancia de la edición completa de su poesía última, precisamente al acabar el siglo que se abrió con la publicación de los primeros libros de Juan Ramón, señalando así cómo, simbólicamente, el siglo se inicia y se clausura con el protagonismo fundamental de su poesía: «Ahora el lector va a disponer [...] de los libros que no tuvimos ocasión de leer debidamente o en su debido momento. En el otro costado, Una colina meridiana, Dios deseado y deseante y De ríos que se van. Esta reaparición en fuerza hace que aquel adolescente de 1900 que evocábamos al principio de estas líneas, cierre ahora el siglo imponiéndose con toda la hondura y riqueza de su palabra. Él nos congrega y él mismo explicó la razón: “Cada vez que en España se levante una minoría, volverá la cabeza hacia mí como al sol”» 4.

Las palabras de Valente, afirmando, desde la actualidad de la poesía y de modo tan rotundo la trascendencia de la obra última de Juan Ramón Jiménez, son enormemente importantes, pues no sólo subrayan la injusticia histórica que ha supuesto el silenciamiento de la obra última de Jiménez en España, sino que ponen de relieve, además, la vigencia que hoy tiene —al menos para una minoría, ojalá que inmensa— la poesía que Jiménez escribió en América durante los veinte últimos años de su vida.

La importancia de este testimonio se explica mejor cuando se repasa la recepción que la obra última de Juan Ramón tuvo en España y la deficiente edición que ha sufrido a lo largo de las últimas décadas. Pocos le han negado a Jiménez su protagonismo en la poesía del primer tercio del siglo. Su influjo tanto en España como en América, en la que constituye una de las épocas más fecundas de la poesía en lengua española, fue fundamental y está fuera de toda duda. Sin embargo, de la dimensión del cambio y de la plenitud poética que luego dio como frutos obras tan importantes como Romances de Coral Gables, Espacio o Animal de fondo, pocos se dieron o se quisieron dar cuenta. No es raro que así ocurriera en España, donde la poesía se situaba, en los años en que se gestaban Espacio y Dios deseado y deseante, en las coordenadas de un «realismo» ajeno en todo a la radical aventura poética en la que Juan Ramón estaba inmerso; extraña más en los que fueron sus discípulos. De ellos, sólo Gerardo Diego saludó públicamente con entusiasmo la aparición de Espacio —ya en la publicación de su «Fragmento primero» en 1943— y por eso Juan Ramón, correspondiendo generosamente a su honradez como crítico, le dedicó la versión completa del poema. En Pedro Salinas y en Jorge Guillén sólo hubo incomprensión 5, no únicamente sobre Espacio, sino en general respecto a toda la obra última de Juan Ramón, incomprensión con toda probabilidad motivada —aunque no la excusa— por el desagrado con que desde hacía años veían todo lo relacionado con quien antes fue su maestro. Similar fue el caso de Luis Cernuda, a quien desde 1954 no le guiará al hablar de la poesía de Juan Ramón su demostrada capacidad crítica, sino una extrema antipatía personal por el poeta que en su juventud tanto había admirado. La concesión del Premio Nobel en 1956, y el reconocimiento internacional que supuso, no cambió mucho las cosas. En España, fuera de las obligadas ediciones de circunstancias, se siguió sin apreciar la obra poética a la que Juan Ramón había dedicado los veinte últimos años de su vida, y, lo que es peor, se siguió sin editar. Cuarenta años después de la muerte del poeta el panorama editorial de su obra última continúa siendo —a pesar del indudable esfuerzo de algunos investigadores por remediarlo— absolutamente desolador. De los cuatro libros que recogen su poesía escrita en el exilio sólo Dios deseado y deseante 6 vio pronto la luz, sin embargo hace casi cuarenta años que no se reedita; Una colina meridiana espera aún su primera edición; De ríos que se van 7 sólo tuvo una edición, en 1974, de escaso criterio crítico y sin apenas difusión. La edición de En el otro costado 8 de Aurora de Albornoz, de 1974, no se ha vuelto a reeditar desde entonces, y hace años que es inencontrable. Es como si se hubiese querido ocultar en España la enorme dimensión de la poesía última de Juan Ramón Jiménez. Hay todavía en la actualidad un gran desconocimiento, un verdadero exilio de su mejor poesía.

El predominio de las corrientes realistas en las primeras décadas de la posguerra española supuso una regresión indudable de nuestra poesía con respecto al esplendor que alcanzó durante los años veinte y treinta. Sin duda una de las consecuencias más nefastas de esa tendencia dominante fue, como subraya Valente, la incomprensión, el silenciamiento y la falta de gravitación de la poesía última de Jiménez en España. Hasta tal punto fue así que se llegó incluso a excluirle de una de las principales antologías de la época, la titulada Veinte años de poesía española (1939-1959) 9, que realizó el crítico José María Castellet, publicada en 1962, seis años después de serle otorgado a Juan Ramón el Premio Nobel de literatura, y reeditada y ampliada en 1966. La causa de esa exclusión era, según el antólogo: «la pérdida de vigencia histórica de la escasa obra que publicó en los últimos veinte años» 10. Lo que en esa antología se considera escasa obra publicada incluye títulos tan importantes para la poesía de nuestro siglo como: La estación total (1946), Romances de Coral Gables (1948), o Animal de fondo (1949), sin olvidar el poema Espacio, publicado en su versión completa en la revista Poesía Española, o la Tercera antolojía poética (1957), que incluía una parte importante de los libros del poeta escritos en América. Lo de «pérdida de vigencia histórica» se entiende cuando se ven los parámetros realistas en los que se funda la antología y la mayor parte de la poesía española de la época. De hecho, el antólogo fue perfectamente coherente con esos parámetros —aunque no lo fuera con la historia— al no incluir a Juan Ramón. Se entiende mejor cuál era la situación de la poesía durante esas décadas en España al leer el prólogo a dicha antología. En él su autor califica toda la poesía de tradición simbolista —citando nada menos que nombres como Mallarmé, Valéry, Ungaretti, Eliot o Benn— como «irrealista y evasiva, formalista y esteticista»; frente a ella el antólogo predica una poesía «de clara significación humana, escrita en lenguaje coloquial y llano» 11.

  • (*) Artículo publicado en Estudios Hispánicos, U. de Puerto Rico, Mayagüez, 23/24, sep./dic., 1974. volver
  • (**) Esta conferencia fue leída el 17 de noviembre de 2000 en la Universidad de Puerto Rico, en el marco de la celebración del Primer centenario de la obra literaria de JRJ, organizado por la Sala Zenobia y JRJ de dicha universidad. Posteriormente este texto fue editado en Revista de Estudios Hispánicos, año XXVIII, núms. 1 y 2, Universidad de Puerto Rico, 2001. volver
  • (1) Juan Ramón Jiménez, Lírica de una Atlántida (En el otro costado. Una colina meridiana. Dios deseado y deseante. De ríos que se van), edición de Alfonso Alegre Heitzmann, Barcelona, Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 1999. volver
  • (2) José Ángel Valente, «Juan Ramón Jiménez en su nuestra luz», Madrid, ABC, 14 de marzo de 1999, pág. 81. volver
  • (3) José Ángel Valente, op. cit., ibíd. volver
  • (4) José Ángel Valente, op. cit., ibíd. volver
  • (5) Guillén, en carta a Salinas del 7 de octubre de 1943, califica el primer fragmento de Espacio —que acababa de aparecer en Cuadernos americanos- como «un fárrago fofo reblandecido por la nota mema que tiene siempre el “pensamiento”del tal Nenúfar». Resulta significativo el hecho de que mientras Guillén califica el prólogo de Espacio como una «nota mema», Octavio Paz afirme sobre el mismo texto que es «de una lucidez extraordinaria». Ver: Pedro Salinas/Jorge Guillén, Correspondencia (1923-1951), Edición de Andrés Soria Olmedo, Barcelona, Tusquets, 1992, pág. 313. volver
  • (6) Juan Ramón Jiménez, Dios deseado y deseante, edición de Antonio Sánchez Barbudo, Madrid, Aguilar, 1964. volver
  • (7) Juan Ramón Jiménez, Ríos que se van, Santander, Editorial Bedia, 1974. volver
  • (8) Juan Ramón Jiménez, En el otro costado, edición de Aurora de Albornoz, Madrid, Ediciones Júcar, 1974. volver
  • (9) José María Castellet, Veinte años de poesía española (1939-1959), Barcelona, Seix Barral, 1962. volver
  • (10) José María Castellet, op. cit., pág. 21. volver
  • (11) José María Castellet, op. cit., págs. 31-32. volver
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