Por Mara Recatero
He dirigido siete veces a Jardiel, Los habitantes de la casa deshabitada, Cuatro corazones con freno y marcha atrás, Un marido de ida y vuelta, Usted tiene ojos de mujer fatal, Carlo Monte en Montecarlo, por segunda vez Los habitantes de la casa deshabitada, y por último, Eloísa está debajo de un almendro.
Reconozco que leer las acotaciones de Jardiel, para un profesional, es casi tener la comedia montada, porque él escribía como autor y director de sus obras, pero también tengo que confesar que, después de entender lo que él quiere de sus obras, yo lo olvido y hago mi propia versión. Jardiel es complicado, muy complicado, pero a mí me gusta complicarlo aún más. Montar a Jardiel tiene además la compensación que te da después la respuesta del público, ver cómo se ríe la gente con una comedia de Jardiel desde el último piso de un teatro, es lo que más puede compensar a un director, más que el sueldo, la crítica y los premios. Cuando montas una comedia de don Enrique, nunca puedes calcular la duración de la obra, porque los actores tienen que hacer unas pausas que marcan las risas, y por mucho que te imagines dónde se van a reír, el público siempre te sorprende, es lo más gratificante, y también lo es trabajar con tantos personajes distintos. Por muy pequeño que sea un papel de Jardiel, siempre tiene algo dentro, y por eso puedes conseguir que lo haga un buen actor. Pero, eso sí, a Jardiel hay que hacerlo con seriedad absoluta, él es el que se encarga de poner el humor, no vale montarlo en gracioso, y hay que respetar también sus personajes serios, los que explican la función, (casi siempre el galán y la dama) porque él los aprovecha para que el público descanse de reír, y hay actores y directores que se inventan cosas graciosas, en esas escenas, para que el público siga riéndose, y eso es un gran error. Actores en serio, decorados reales y estudio y desglose de las comedias, es la mejor forma de montar a Jardiel Poncela.