Por Enrique Gallud Jardiel
Jardiel Poncela se sabía un renovador, pero nunca quiso pertenecer a la vanguardia oficial. Nunca se adhirió a ningún manifiesto artístico colectivo, sino que mantuvo siempre un individualismo estético. Pero lo cierto es que perteneció de pleno a la vanguardia artística surgida tras la Primera Guerra Mundial y ese avance sobre su tiempo es seguramente la clave que explica el impacto que aún hoy sigue produciendo su obra. En él se dan todas las características con las que se suele definir a aquel vanguardismo:
Jardiel participa de igual forma de otros postulados del vanguardismo. A nivel personal el suyo se centra en dos objetivos primordiales que a lo largo de su carrera literaria consiguió cumplir: la búsqueda de originalidad y la dignificación del humor.
Esta originalidad es fruto de su inconformismo, que rompe con la tradición y la rutina narrativa del xix. Uno de los caminos por los que Jardiel llega a la deseada originalidad es el de la intelectualización de la lectura. Se asegura de que exista siempre un mensaje oculto en cada párrafo, una denuncia de la hipocresía reinante, una invitación continua a la reflexión sobre el mundo en el que nos ha tocado vivir.
Y otro camino que elige hacia la innovación es el del neo-barroquismo expresivo, mediante los recursos de la acumulación y la exageración, en situaciones, personajes, ambientación y elementos. Su estética es rica y no teme distorsionar la realidad.
Todo lo apuntado antes tiene un objetivo muy preciso. Jardiel quiere reivindicar un género injustamente menospreciado. Trata de dignificar la intelectualidad del humor y especifica los puntos fundamentales de su visión del tema:
- El humor no es un aspecto de la literatura, no es un rasgo estilístico, sino un género literario de pleno derecho que podría definirse como la sublimación de lo cómico, como su superación histórica.
- Como tal género, no constituye un medio, sino un fin en sí mismo.
- La creación y apreciación del humor no son fáciles, exigen una privilegiada capacidad intelectual y una muy depurada sensibilidad.
- En el fondo de toda creación humorística debe subyacer un fondo inalterable de poesía y ensueño, que permita distorsionar la lógica de lo cotidiano.