Si mucho debo a Jardiel Poncela, para mí durante algunos años don Enrique, por la ayuda que me prestó en mis comienzos como actor, creo deberle más por el gozo que me ha proporcionado como simple lector de su obra, que sirvió en un tiempo de impulso a mi veleidosa vocación literaria y con frecuencia ha sido fuente inspiradora de mis labores de escritor.