Por Ángel Augier
El poeta cubano Nicolás Guillén (1902-1989) recibe este año de su centenario los muy justificados homenajes a su memoria, por el significativo aporte de su obra a la poesía iberoamericana, en el siglo donde, sin duda, esa poesía ha reverdecido el resplandor de los siglos de oro de las letras de habla española. En los anales de la literatura cubana ha quedado grabado a fuego este nombre, desde que el poeta dio a conocer sus Motivos de son en el suplemento dominical de un diario habanero, el 20 de abril de 1930. Imperaba en la Isla, entonces, un ambiente de inquietud revolucionaria, en el que coincidían las batallas de las tendencias de vanguardia, en la esfera cultural, con las que se libraban en lo político-social contra la dictadura machadista y el dominio norteamericano sobre la nación. En esta crítica coyuntura, constituyeron una sorpresiva revelación artística nacional aquellos ocho poemas basados en el ritmo y los temas y vocabulario de un género de música y baile popular, entonces muy de moda: el son, donde confluyen factores de las dos etnias que forman el complejo nacional cubano: española y africana, con predominio de influencia negroide.
Aún no apagados los ecos de la sensacional acogida de los poemas-sones, Guillén volvió a provocar la admiración general, al aparecer su primer libro, Sóngoro cosongo (1931) donde temas y formas del folclore criollo negri-blanco alcanzan suprema, sugestiva expresión, y donde encontraron hogar los Motivos de son. El autor subtituló como «poemas mulatos» los de este libro, por considerar lo cubano, lo mulato, como síntesis de ambas razas, en su justa lucha contra la discriminación racista. En ese sentido ocupa un sitio determinante dentro de la poesía negra latinoamericana, pero cuyos límites habría de rebasar en el grueso de su obra poética, para abarcar más amplia significación lírica y social. Debe recordarse, no obstante, cuánto caló esa poesía mulata en el interés de don Miguel de Unamuno, y cautivó a poetas de la generación de 1927 que conocieron a Guillén: Federico García Lorca, Rafael Alberti y Manuel Altolaguirre, quien dedicó un entusiasta comentario a Sóngoro cosongo en la Revista de Occidente. La realidad histórica de su país y, en general, de su época, habría de impulsar la creación poética guilleneana a partir de su libro West Indies Ltd. (1934), impresionante fresco de las Antillas bajo el imperio del trópico y de las potencias coloniales, seguido de Cantos para soldados y sones para turistas (México, 1937) y de España, poema en cuatro angustias y una esperanza (Valencia, 1937), en los que se percibe el pulso agitado de su tiempo y el humanismo combativo de su generación, sin omitir el hallazgo rítmico del son.
Como César Vallejo, como Pablo Neruda y Rafael Alberti, Nicolás Guillén es excepcional testigo, protagonista y cronista de su mundo y de su siglo y, como ellos, los recorrió en tiempo y espacio, en poesía y profundidad. Si El son entero (Buenos Aires, 1947) muestra la fina y fuerte estilización lírica del son, y rasgos de su periplo sudamericano, La paloma de vuelo popular. Elegías (Buenos Aires, 1958) habría de revelar la dramática imagen del destierro junto al combate incesante por la paz y la justicia social, en particular autenticidad poética, que logra vuelo poderoso en sus grandes elegías.
El triunfo de la Revolución cubana en 1959, anunciada y requerida por su acción y su poesía, devolvió al poeta a su tierra tras un prolongado exilio, para recorrer una nueva, esplendorosa etapa de la esperanza cierta. Su activa, constante contribución al proceso cultural de su pueblo, lejos de impedir su prodigiosa creatividad, la estimuló al máximo. Los libros Tengo (1964), El gran zoo (1967), La rueda dentada y El diario que a diario (1972), El corazón con que vivo (1975) y Por el mar de las Antillas anda un barco de papel (1978) son el mejor testimonio de su genio poético y de su permanencia imborrable. En feliz síntesis, caracterizó el dramaturgo español, Antonio Buero Vallejo, la poesía de Guillén: el logro de la cuadratura del círculo, al reunir la alta excelencia estética a la máxima utilidad social. El poeta fue recipendario de diversos honores académicos, y su poesía ha sido traducida a más de cuarenta idiomas, en todos los continentes.
En Guillén, junto al excelso poeta alentó un excelente prosista, presente en crónicas y ensayos reunidos en varios tomos bajo el título de Prosa de prisa y en Páginas vueltas. Memorias, en las que nuestro idioma alcanza garbo y brillo singulares. El centenario de su nacimiento es motivo de orgullo y honor de la cultura iberoamericana.