La ornamentación de la casa fue avanzando muy deprisa. Aparte de los chichirimundis, tu madre halló otra fuente de decoración en el Obispado, pinturas y tallas sin valor pero plásticas y sentimentales. Todos estos angelotes barrocos, fragmentos de retablos, santos de palo, litografías y cuadros de época proceden de allí. Mas faltaba lo verdaderamente peliagudo: amueblar la casa en un estilo adecuado. En los alrededores, encontraba alguna insignificancia: aguamaniles, mesillas de noche, atriles, escabeles… Pero todo ello, reunido, no hacía bulto; en una casa de tres pisos ni se veía. No obstante, hablando con unos y otros, se informó de que una tal doña África, familia de indianos, agonizaba en una aldea próxima. […] Tu madre se interesó por el destino de los muebles. Unos irán a los baratillos y otros a las hogueras de San Juan. O ¿es que le gustan a usted?
Tomado de Señora de rojo sobre fondo gris, Barcelona, RBA Editores, 1993, p. 36