Hay quien dice que podría escribir en cualquier sitio, siempre que tuviera a mano un papel y un lapicero. Dudo mucho que yo lograra concentrarme en un sitio cualquiera con un papel y un lapicero. Para escribir, necesito un espacio no muy amplio, a ser posible arropado por libros y por cuadros, en una mesa que no esté vacía, sino provista de libros y papeles, circundándome. Luego necesito un relativo silencio.
[…] Dentro de ese medio, también necesito un papel, que nunca ha sido de buena calidad, puesto que me acostumbré a escribir en las cuartillas detestables de los periódicos, y en ellas he seguido escribiendo hasta que han desaparecido. Al asemejarse al papel secante, hacían fluir muy bien la tinta de la estilográfica, con trazos gruesos […] De manera que siempre he escrito y sigo escribiendo a mano […] y con posterioridad, dado que mi caligrafía es muy mala, ese original lo transcribe a máquina una secretaria que entiende bastante bien mi letra. Finalmente, hago la corrección sobre la novela mecanografiada y no sobre el manuscrito.
Tomado de una entrevista registrada en vídeo, Serie Autores españoles contemporáneos, Centro de las Letras Españolas, Ministerio de Cultura, 1987.