Buenos Aires es una ciudad desmesurada.
La sensación de distancia la adquiere ya el viajero al trasladarse en automóvil del aeropuerto al centro. A propósito de aeropuertos, es oportuno decir aquí que el de Buenos Aires no se sustrae al carácter descomunal, que es la tónica de la urbe. Buenos Aires ha levantado un aeropuerto gigante, de una capacidad exagerada. Aun dando por bueno el argumento de que el aéreo será el transporte del futuro, Buenos Aires en este punto hace el efecto de que se ha excedido.
Conviene tener presente que por mucho que el avión prolifere, la ciudad no dejará nunca de ser un final de trayecto. Por mucho que el mundo progrese, Buenos Aires nunca podrá tener el carácter de ciudad en tránsito, o a lo sumo, lo tendrá para un par de países sudamericanos. Vistas así las cosas, resulta incontestable que a Perón se le ha ido la mano. El aeropuerto bonaerense viene a ser uno de esos excesos monumentales tras los cuales los dictadores encubren su mediocridad.
Mas esto, al fin y a la postre, no es sino un dato. Luego está la enorme extensión de la ciudad.
Tomado de Por esos mundos. Sudamérica con escala en las Canarias, Barcelona, Ediciones Destino, col. Áncora y Delfín, n.º 203, 1961, p. 25