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Miguel Delibes

Cronología 1920-1939

Aun admitiendo los límites de toda abstracción biográfica, un compendio peregrino de virtudes literarias y humanas no quedaría lejos, en su pormenor, de la trayectoria vital de Miguel Delibes. Ordenada de acuerdo con el calendario, esta senda dibuja dos estrategias contradictorias: el paulatino retiro en el sosiego campestre y la beligerancia —literaria y también social— frente a las injusticias más comunes del siglo. Con razón esa dualidad permite admirar al personaje en su más hondo sentido, paralelamente a los gozos que suministra su obra.

1920-1939 Se despliega aquí un ciclo formativo, que principia con un curso de dibujo en la vallisoletana Escuela de Artes y Oficios, luego se interrumpe en medio de los horrores de la Guerra Civil, y al fin queda coronado con el ingreso del escritor en la Escuela de Comercio de su ciudad natal.

1920

Miguel Delibes viene al mundo en Valladolid el 17 de octubre de 1920. Es el tercero de ocho hermanos. Su padre, Adolfo Delibes, es catedrático en la Escuela de Comercio. El abuelo paterno del recién nacido lleva por nombre Frédéric Delibes. Se trata de un técnico francés que había llegado a España con el propósito de tender la vía férrea Alar del Rey-Santander. Aunque el amor estaba fuera de este propósito, Frédéric quedó prendado de la abuela de Miguel en Molledo-Portolín, y allá es donde contrajeron matrimonio. «La generación de mi abuelo —dice Delibes— todavía era francesa. Mi abuelo, Federico Delibes, vino a España a tender el ferrocarril desde Reinosa hasta Santander, y en un tramo donde hay un túnel muy largo, que es el de Molledo-Portolín, se conoce que se distrajo demasiado tiempo, y allí conoció a mi abuela, se enamoró, le dio tiempo a casarse, y ya nunca más regresó a Francia, porque se encontraba aquí muy a gusto. Y aquí murió. […] De aquel matrimonio de mis abuelos nacieron tres hijos, dos varones y una muchacha, y lo que han podido multiplicarse estos tres hijos es la cantidad exacta de Delibes que hay en el país» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», entrevista por Joaquín Soler Serrano, Escritores a fondo. Entrevistas con las grandes figuras literarias de nuestro tiempo, Barcelona, Editorial Planeta, 1986, pp. 17-18).

Procedente de Molledo-Portolín, el padre de Delibes creó una nueva familia con una joven burgalesa a quien conoció en Valladolid. Como ya quedó dicho, ocupaba una cátedra, concretamente de Derecho Mercantil, «y no se casó joven, sino talludito. Quizá porque entendió la vida, o tal vez porque la entendió de manera distinta que yo. […] (Se casó) a los cuarenta y pico de años, pero así y todo tuvo ocho hijos. De manera que podemos pensar que si se casa a los veintitrés, hubiera llenado España de pequeños Delibes» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», op. cit., p. 18).

1925

Se ve que don Adolfo procura animar a su retoño en la práctica deportiva. «A mi padre —escribe Delibes— se le adivinaba la ascendencia europea en su afición al aire libre. No es que fuera un sportman, como se decía a comienzos de siglo del señorito ocioso dado a los deportes, pero sí un hombre que con cualquier motivo buscaba el contacto con el campo. Este hecho era raro en España, no sólo a finales del siglo xix sino en el primer cuarto del siglo xx» (Mi vida al aire libre. Memorias deportivas de un hombre sedentario, Barcelona, Ediciones Destino, 1989, p. 9).

1930

Luego de adquirir una formación primaria en el aula de las Hermanas Carmelitas de Valladolid, estudia para ser bachiller en el Colegio de Lourdes, regido por los Hermanos de las Escuelas Cristianas. «Tuve una infancia normal, dentro de lo que cabe —dice el escritor—. Quiero decir que formé parte de una familia numerosa y relativamente estable, y he dicho “en lo que cabe” porque, en realidad, viví una infancia muy alegre en un aspecto, pero con accesos de melancolía más o menos acentuados. Esto lo vio bien un profesor, un fraile […] que hizo mi semblanza y decía: Miguel tiene la mirada lánguida y un poco tristona y sin embargo es el más alegre y juguetón del grupo. Otra característica de mi infancia —que hoy no lo es— fue mi afición a los deportes; concretamente a la caza, en compañía de mi padre, al fútbol y a la bicicleta» (Entrevista registrada en vídeo, Serie Autores españoles contemporáneos, Centro de las Letras Españolas, Ministerio de Cultura, 1987).

1936

Animado por su progenitor, sigue un curso de modelado y dibujo en la vallisoletana Escuela de Artes y Oficios. El estallido de la Guerra Civil coincide con su nuevo proyecto formativo: el ingreso en la Escuela de Comercio.

1938

Tras dos años de estudio de Peritaje Mercantil, el rumbo que toma el conflicto bélico le obliga a tomar una decisión trascendental. «Mi juventud —dice Delibes— se vio amargada por el más terrible de los acontecimientos que han ocurrido en España en los últimos cincuenta años; es decir, por la Guerra Civil. Yo no tenía más que quince años. Era un niño ya mayorcito cuando estalló, pero aquella guerra se prolongaba… y como no quería que me alistaran, tuve que alistarme yo. Hube de anticiparme para poder elegir “arma”. De esta forma pude ir con mis amigos a la Marina» (Entrevista registrada en vídeo, op. cit.).

A bordo del crucero Canarias, el marinero voluntario Delibes se convierte en testigo del enfrentamiento fratricida desde alta mar. «Lo que a mí verdaderamente me estremece en una guerra —dice— es la idea del cuerpo a cuerpo, de apuntar y disparar contra otro hombre o de saltar sobre él con la bayoneta calada. Y por aquella atracción que los hombres de tierra adentro sentimos por el mar (nosotros, acostumbrados a vivir en un mar de surcos), nos alistamos todos en la Marina. Esto ocurría en el año 1938, y aún tuve, por lo tanto, la oportunidad de vivir un año de aquella terrible guerra civil» («Miguel Delibes. Un castellano de tierra adentro», op. cit., p. 25).

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