1980-2010 A pocos autores les depara el destino la ocasión de formar parte de un repertorio que cabría denominar clásico. Delibes obtiene esa gloria en vida, y de hecho, así lo demuestran entregas magistrales como Los santos inocentes y El hereje. Sin duda, cuando recibe el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, el escritor es ya uno de los más importantes referentes de la literatura en lengua española.
Recibe el homenaje del VII Congreso Nacional de Libreros, organizado en Valladolid. El afecto que le demuestra dicho gremio no es casual, tanto por lo mucho que aprecian los lectores la obra delibeana como por el modo en que el escritor suele elogiar a los buenos comerciantes del ramo.
El diario cinegético Las perdices del domingo y la magistral novela Los santos inocentes, obra cumbre de la producción de Delibes, centran la atención de comentaristas y admiradores.
La bibliografía delibeana se enriquece con tres nuevos volúmenes: Dos viajes en automóvil, Tres pájaros de cuenta y El otro fútbol.
El escritor vallisoletano y su colega Gonzalo Torrente Ballester reciben el 21 de abril el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
Investido doctor honoris causa por la Universidad de Valladolid, completa las glorias de este año con una nueva entrega novelesca, Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso.
Reconociendo los méritos de su paisano, los responsables de la Junta de Castilla y León le otorgan el Premio de las Letras.
Publica la novela El tesoro y el ensayo La censura de prensa en los años 40 (y otros ensayos).
Es nombrado por el Gobierno francés Chevalier de l'Ordre des Arts et des Lettres.
Nuevos honores van sucediéndose en la agenda del escritor: desde el 6 de septiembre es ya Hijo Predilecto de la Ciudad de Valladolid. Reiterando su interés por la esencia castellana y las inquietudes más acuciantes de la región, da a conocer el libro Castilla habla.
Publica una nueva novela, 377a, madera de héroe, que coincide en las librerías con el texto de la versión teatral de La hoja roja.
Es investido doctor honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid.
Atento como siempre a los niños lectores, les dedica el libro Mi querida bicicleta.
Publica Mi vida al aire libre. Memorias deportivas de un hombre sedentario y asiste al éxito de la versión teatral de Las guerras de nuestros antepasados.
Otro volumen misceláneo, Pegar la hebra, se añade a la biblioteca delibeana.
Como tributo de admiración de los lectores alemanes, es investido doctor honoris causa por la Universidad de El Sarre.
Inevitablemente, los lectores de la nueva novela de Delibes, Señora de rojo sobre fondo gris, advierten que, aun en medio de la ficción, sobrevuela sus páginas la memoria de Ángeles, la esposa del escritor.
Por decisión del Ministerio de Cultura, Delibes recibe el Premio Nacional de las Letras Españolas. Asimismo, protagoniza el curso El autor y su obra, que dirige José Jiménez Lozano en los Cursos de Verano de El Escorial. Por otra parte, el V Congreso de Literatura Española Contemporánea, celebrado en las aulas de la Universidad de Málaga, también centra toda su atención en el escritor. En este caso, la actividad congresual es coordinada por Cristóbal Cuevas García.
El Centro de las Letras Españolas organiza en Madrid un encuentro con el novelista, motivado por la reciente concesión del Premio Nacional de las Letras Españolas.
Año éste de reconocimientos públicos, cumplidos y homenajes, que incluye citas como la concesión de la Medalla de Oro de la Provincia de Valladolid, a la cual sigue un ciclo de conferencias, una exposición conmemorativa y, ya en el costado cinematográfico, un ciclo sobre las adaptaciones de la obra delibeana en la Semana Internacional de Cine de Valladolid. Dichas proyecciones concluyen con la entrega de la Espiga de Oro a Delibes, quien de ese modo recibe el máximo premio de tan prestigioso certamen.
La cosa no acaba ahí, pues la Universidad de Valladolid da el nombre de Miguel Delibes a su nuevo campus, y ya en diciembre, el escritor recibe la noticia de que se le ha concedido el Premio Cervantes.
El rey Juan Carlos I entrega a don Miguel el Premio Cervantes. Con ocasión de este acontecimiento, se publica un volumen colectivo, Miguel Delibes, Premio Miguel de Cervantes 1993, en el que toman la palabra el escritor y sus amigos y los más destacados analistas de su obra.
Recuperando al personaje central de Diario de un cazador y Diario de un emigrante, Delibes da forma a su nueva entrega novelesca, Diario de un jubilado.
La colectánea He dicho sale al mercado pocos meses después de que la Universidad de Alcalá de Henares celebre los méritos del novelista durante su investidura como doctor honoris causa.
La Asociación de la Prensa de Valladolid crea el Premio de Periodismo Miguel Delibes.
Al tiempo que aparece su admirable novela El hereje, el destino le depara una contrapartida cruel: una dolencia cancerígena.
Gracias a El hereje, obtiene el Premio Nacional de Narrativa. Asimismo, le es concedida la Medalla de Oro del Trabajo.
Aunque sus paisanos le homenajean y procuran alegrar su ánimo con una lectura pública de El hereje durante la Feria del Libro de Valladolid, el escritor confiesa a su amigo César Alonso de los Ríos las penas que le afligen una vez superada la enfermedad: «Yo puse fin a El hereje el mismo día que me diagnosticaron un cáncer. Esto fue en mayo de 1998. Pensé que acababa de cerrar mi carrera, es decir, que dentro de la contrariedad, la declaración de la enfermedad al concluir El hereje había sido oportuna. La operación —que en realidad fueron tres— terminó en 1999. ¿Qué había ocurrido? La cirugía ha progresado, y al despedirme, el doctor me dijo: “Delibes, no le he operado a usted, le he curado” y, en efecto doy por buenas sus palabras. El cáncer ha pasado a la historia. Es una anécdota en mi vida. Pero ¿quedó todo como estaba? Evidentemente no. Los trastornos, las molestias, los dolores que acompañan a las funciones más elementales del cuerpo humano en un lento proceso de adaptación se prolongan ya demasiado. De momento, he tenido que cambiar de vida, aislarme. Pero ya no he vuelto a ser el que era. No puedo escribir. No me atrevo a afrontar una entrevista mano a mano. Mi pesimismo, con el que ya nací, ha ido en aumento. Me ha confirmado que la vida es corta, que da poco y que, en general, salvo momentos fugaces, es poco agradable. Viudo desde 1974, la soporto gracias a la compañía de mis hijos y mis nietos, con muchos de los cuales ya se puede hablar de todo. Solo, mi situación hubiera sido irresistible» (Entrevistado por César Alonso de los Ríos, El Semanal, 2 de abril de 2000, s. p.).
Lee el discurso que sirve de colofón al Segundo Congreso de la Lengua Española. En sus palabras queda de manifiesto su interés por la oralidad: «Debo confesar una limitación: siempre he escrito de oído, con la regla y el estilo de aquellos a quienes previamente he escuchado para luego cederles la palabra. Si los comentaristas literarios han dicho que soy antes que nada creador de personajes, son estos personajes los que ponen voz a mi literatura. No en vano, he pasado más de seis décadas siguiendo el rastro de las palabras y expresiones ajenas, para intentar encontrar las mías propias. Y a estas alturas puedo decir que, en buena medida, una manera de ser es una manera de hablar» (Discurso de clausura del II Congreso de la Lengua Española, Valladolid, 19 de octubre de 2001).
El Día Mundial del Teatro es festejado en Valladolid con una Trilogía teatral Delibes, integrada por las celebradas adaptaciones escénicas de La hoja roja, Cinco horas con Mario y Las guerras de nuestros antepasados.
Para los estudiosos del escritor supone todo un acontecimiento la publicación de su Correspondencia con el editor José Vergés, fechada entre 1948 y 1986.
Se reeditan varios de sus relatos en el volumen Tres pájaros de cuenta y tres cuentos olvidados.
El 12 de marzo fallece Miguel Delibes, a la edad de 89 años, en su casa de Valladolid.