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Miguel Delibes

Delibes y la caricatura

Por Guzmán Urrero Peña

A poco que se lo proponga, el lector curioso tendrá ocasión de ampliar noticias en torno a un fenómeno singular: la formidable habilidad plástica de ciertos escritores. Si ahora, animados por este fenómeno, repasamos dicha confluencia de intereses, comprobaremos que entre nuestros hallazgos figuran, sin ir más lejos, los chistes gráficos de Miguel Mihura, aquellos inefables garabatos de Ramón Gómez de la Serna y las caricaturas de Miguel Delibes. En el caso de este último, la práctica del dibujo satírico acarrea otras dos pasiones: el deporte y, sobre todo, la cinefilia. Véase ahora el porqué.

El joven escritor hace su debut profesional en El Norte de Castilla, ocupando la plaza de caricaturista desde el 10 de octubre de 1941. El periodista Ramón García Domínguez, colaborador de la misma cabecera y amigo del novelista castellano, precisa que el 14 de octubre de ese mismo año Delibes publica sus primeros dibujos: dos viñetas de asunto futbolístico. Añadamos aquí otro dato que proviene de la misma fuente: tras obtener el carné de periodista, accede al puesto de redactor del periódico el 9 de febrero de 1944, y es entonces cuando da a conocer sus primeras reseñas cinematográficas, ilustradas con caricaturas de los actores mencionados en ellas. El recién estrenado crítico firma esos esbozos con el seudónimo de Max.

Por elementales razones, las caricaturas que realizó en El Norte de Castilla figuran en el catálogo delibeano como una simple curiosidad biográfica. No obstante, permiten detallar algún que otro parentesco marginal. Con ese fin, viene al caso identificar los principales antecedentes de Delibes en estos dominios de la sátira cinematográfica. En el ámbito estaodunidense, la página más popular de caricaturas hollywoodenses fue Seein' Stars, vendida a distintos periódicos por el King Features Syndicate. Alternando chistes, noticias, retratos realistas y cotilleos, Seein' Stars se dio a conocer en 1933 y mantuvo la fidelidad de sus lectores hasta comienzos de los cincuenta. Su dibujante, Frederic «Feg» Murray, combinaba —al igual que Delibes, pero con menor seriedad— la ilustración y el comentario escrito. En España, la caricatura de asunto cinematográfico fue cultivada por la misma época en revistas como Cinegramas y atrajo sobremanera a los colaboradores de Madrid Cómico, Gutiérrez y Buen Humor. Es más: hubo caricaturistas que llegaron a especializarse en ciertos márgenes del negocio del espectáculo. Así, Fernando Gómez-Pamo del Fresno, apodado «Fresno», insistía en abocetar a los grandes de la escena dentro de una sencillez inimitable. Este gusto por los rostros teatrales tiene su explicación, y es que Fresno fue actor en las compañías de Lola Membrives, Irene López Heredia, Margarita Xirgu y María Guerrero.

Ni que decir tiene que la lista de caricaturistas españoles, nutrida y prolongada en el tiempo, requeriría una mención más consistente. Ahora bien, atendiendo al perfil de Delibes dentro de este gremio del humor gráfico, la mención de artistas no parece tan necesaria, pese a lo mucho que pueda fascinar aquella generación de caricatos que hizo suya La Codorniz. Aunque eficaz y entrenado, el trazo del joven dibujante era, en 1944, inferior a su aptitud periodística. De ahí que sus retratos del cómico Groucho Marx o del galán Alfredo Mayo resulten hoy más interesantes como indicios de esa inclinación por el celuloide que tan admirablemente supo expresar por escrito.

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