Por Marcos Maurel
Siempre se hace difícil hablar de un autor que ha alcanzado el marchamo de clásico vivo, de imprescindible. Si éste además atesora una obra tan amplia como sólida, la dificultad aumenta. Y es que los narradores de mayor calidad no sólo producen obras descollantes, que aquí serían El camino, Las ratas, Diario de un cazador, Cinco horas con Mario o Los santos inocentes, sino que acompañan a éstas de una serie de novelas en apariencia más modestas, o menos ambiciosas si se quiere, pero que definen, matizan y coadyuvan con las mayores para generar un universo ficcional completo en su coherencia. Son esas novelas no tan renombradas, quizás algo injustificadamente, las que también merecen atención porque encierran no poca significación e iluminan en sus tramas el pensamiento y el sentimiento de su creador. Por eso me he decidido a hablarles de Desi Sanjosé, protagonista femenina de La hoja roja (1959), deliciosa novela menor de Miguel Delibes.
Con este personaje, Delibes llevó a cabo una rotunda y cordial actualización del mito del buen salvaje. Salida del pueblo con 18 años, analfabeta y algo cerril, la muchacha pasará a servir en casa el viudo Eloy (otro personaje espléndido), estricto y algo esperpéntico funcionario del Ayuntamiento de la «pequeña ciudad» que sirve de escenario a la acción. Desi no alberga en su interior un gramo de maldad. Bruta y decente, honrada y creyente a su manera (no acaba de entender los misterios de la religión), trabajadora y comprensiva, enternecedora en su simpleza y en su amor incondicional por el farruco Picaza, un mozo de su pueblo con el que nuestra heroína planea casarse y que acabará perdiéndose de la manera más absurda, Desi resume en su existencia la experiencia vital de muchas jóvenes de su época, muchachas que abandonaban su pueblo natal en los primeros años 50 para ser chicas de servicio en las capitales. Delibes derrocha irónica ternura al dibujar a sus protagonistas. Su precisa y aparentemente sencilla lengua literaria nunca se permite caer en el burdo patetismo (tan fácil este riesgo al encarar el tema de la soledad abisal del viejo Eloy) o en lo sentimentalón. Todo sucede en esta novela (hasta el desangelado pero feliz a su manera final) sin aspavientos ni pirotecnias. El autor se esfuerza, y más que logra, retratar unas vidas cotidianas mediocres y anodinas, para lo que recurre a la constante repetición de acciones, parlamentos y sentimientos de los personajes, es decir, un uso abierto y muy sabio del leitmotiv. Por ejemplo, Eloy, de 70 años, al iniciar la novela sabe que le queda poco tiempo de vida. De un acertadísimo símil se servirá el autor para acentuar esa sensación de inminencia de la muerte que se apodera del anciano. Me refiero a esa hoja roja que da título a la novela y que no es más que el aviso que en los librillos de papel de fumar ponen los fabricantes para que el consumidor sepa que sólo le quedan cinco hojas, que eso se acaba. Delibes pone en boca de su personaje esta comparación hasta diez veces. Con estas y otras recurrencias, en reflexiones y temas, logra el autor que la costumbrista representación de la chata vida en una ciudad provinciana se convierta en un espejo vital para cualquier lector.
Pero si entrañable es el jubilado Eloy, más lo es nuestra chacha Desi. Su aciago destino, por estar enamorada del Picaza, sus sentimientos transparentes, su vasta sinceridad, su inocente bondad la convierten en un personaje tan difícil de resolver literariamente como agradecido. A su vez, la peripecia vital de la muchacha, le sirve al autor para ilustrar lo que fueron los usos amorosos de la posguerra española (tomo prestada esta frase del título del excelente ensayo que publicara Carmen Martín Gaite). No se pierdan a los quintos ante el escaparate de don Leo, ni los forcejeos de Desi por desasirse del pulpo Picaza. Aquí leo una crítica indirecta de los usos y costumbres de una España gris, pazguata y todavía doliente. Desi, con su sana jovialidad, con sus ilusiones de matrimonio y sus pequeños tesoros, con su primario discernimiento es un personaje muy humano, de los que solo pueden salir de la pluma de un escritor que sepa de la inteligencia y de la compasión, como sabía otro Miguel: Miguel de Cervantes. De eso nos habla esta novela de Miguel Delibes, de que el ser humano necesita del calor de los demás, de que necesita comunicarse para sentirse vivo, de que la soledad es la enfermedad incurable del alma, de que todos tendremos el mismo final.