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Camilo José Cela

Acerca de Cela

El Cela de Mazurca para dos muertos

Por Concepción Bados Ciria

Mazurca para dos muertos se ha considerado una novela híbrida en el sentido que inscribe y participa de ciertos artificios retóricos ya existentes en la obra ficticia anterior de Camilo José Cela. Por un lado, plasma elementos de la vida rural y del folclore gallegos un tanto similares a los desplegados en su primera novela La familia de Pascual Duarte (1942); por otro lado, Mazurca se complementa con aspectos reconocibles en los múltiples personajes que Cela creó de manera tan magistral y artística en La colmena (1951), de ahí que se pueda asegurar que la novela inicia un camino autorreferencial a la experiencia de vida colectiva; por último y, de modo semejante a San Camilo, 1936 (1969), Mazurca resiste los totalitarismos y la comodidad de la metaficción a través del uso continuado de estructuras discursivas fragmentadas que resultan, a veces, incluso caóticas.

Sin duda, se trata de una novela dialógica en la más pura acepción de este concepto y su fuerza emerge de la forma en que convoca, para luego dispersarlas, múltiples voces que, a través de diferentes niveles simultáneos y yuxtapuestos, constituyen y revelan la asfixiante tensión que se establece en la conjugación del tiempo y el espacio novelescos. Un tiempo y un espacio situados en la Galicia venerada por el autor, quien quiso inaugurar con esta obra la trilogía-homenaje a su tierra natal para recorrerla como una alabanza a la vida rural; a Mazurca para dos muertos le siguen diferentes atisbos a sus ciudades en La Cruz de San Andrés (1994), y se cierra, de forma poderosa, con un canto a su cotidianeidad marinera en Madera de boj (1999).

Si bien Mazurca para dos muertos inscribe el tiempo histórico de la Guerra Civil española como recurso central instigador de los distintos fragmentos narrativos, no se puede afirmar que sea una novela centrada en tal acontecimiento; antes bien, y como ya dije más arriba, se trata de una loa, un canto a la vida rural gallega, la más ancestral y folclórica, también la más genuina y profunda. En este sentido, la novela plasma a la perfección (y de una manera como sólo Camilo José Cela ha sabido hacer), el léxico, la sintaxis, las costumbres, en suma, los modos de vida tan peculiares de la Galicia rural en torno a los años treinta y cuarenta.

Con el fin de convertir el espacio y el tiempo rurales gallegos en un cronotopo atemporal y mítico, Cela establece como motivo dominante y soberano del mismo a la lluvia: una lluvia perenne, sin fin, paciente como la eternidad. El recurso a la lluvia es, en mi opinión, el mayor logro de la novela, ya que permite borrar cualquier posibilidad de cambio y de movimiento, afirmando, de manera dramática, la monotonía y la impasibilidad de la existencia en el ámbito rural de Galicia.

Camilo José Cela conocía muy bien y amaba, más todavía, a las gentes, las tierras, las costumbres, que tan magníficamente retrata en Mazurca para dos muertos.

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