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Delmira Agustini

Biografía de Delmira Agustini 2 de 2

Hasta el día de hoy no se sabe con seguridad cuándo conoció Delmira a su futuro marido, Enrique Job Reyes, quien no pertenecía al ámbito intelectual ya mencionado. Lo que sí consta es que hacia 1908 él ya la visitaba. Al principio, el romance se mantuvo en secreto ya que aparentemente la madre se oponía a esta relación amorosa, lo que indica que, contrariamente a lo que señalan sus biógrafos, su madre no controlaba su voluntad. En una de sus cartas de este periodo, Delmira le escribe a Reyes lo siguiente: Sigue formal como hasta ahora en tus cartas, nunca, ni por casualidad aludas a esta correspondencia. A veces cuando pienso en si llegara a descubrirse. No puedo añadir más ¡Peligro!. En las cartas de Delmira a Reyes sobresalen una jerga infantil y algunas frases terriblemente caprichosas, muy diferentes al tono apasionado y al estilo más literario de las cartas que cuatro años después le enviará a Manuel Ugarte. Sin embargo, las cartas a Reyes reflejan la primera etapa de aquel romance clandestino, donde no faltan los celos. Después de cinco años de noviazgo, la pareja finalmente se casa el 14 de agosto de 1913.

Boda de Delmira

Foto del casamiento de Delmira Agustini.

Un año mayor que Delmira, Reyes era, según testimonios, un joven guapo, de figura atlética y talante seguro, pero de una naturaleza emocional un tanto agresiva y sobre todo, alguien acostumbrado a dominar. Provenía de una familia acomodada de la provincia de La Florida y, cuando conoció a Delmira, estaba involucrado en el negocio de la compra y venta de caballos. Sin embargo, lo que se debe destacar es que Reyes nunca le dio importancia al talento poético de Delmira, más bien lo consideraba una «debilidad» de soltera; solía decir que, una vez casados, se encargaría de ver que abandonara la escritura. Pero Delmira venía publicando poesía desde los dieciséis años: era, sin duda, su gran pasión. No obstante, a pesar de lo obvio, Reyes no supo darse cuenta de que alejaría a Delmira de su lado si le exigía que abandonara la escritura.

Adicionalmente, cuando Delmira se casa con Reyes, la poeta ya no está enamorada de él. Para entonces ya siente un fuerte apasionamiento por el intelectual argentino Manuel Ugarte, quien irónicamente será uno de los testigos de la boda. Las dudas que atormentaron a Delmira el día de su boda han quedado nítidamente reflejadas en una dramática carta dirigida a Ugarte y escrita poco después de su separación de Reyes:

.Piense usted que esas dos palabras que yo pude en conciencia decirle el otro día de conocerlo, han debido ahogarse en mis labios ya que no en mi alma. Para ser absolutamente sincera yo debí decirlas; yo debí decirle que usted hizo el tormento de mi noche de bodas y de mi absurda luna de miel. Lo que pudo ser a la larga una novela humorística, se convirtió en tragedia. Lo que yo sufrí aquella noche no podré decírselo nunca. Entré a la sala como a un sepulcro sin más consuelo que el de pensar que lo vería. Mientras me vestían pregunté no sé cuántas veces si había llegado. Podría contarle todos mis gestos de aquella noche. La única mirada consciente que tuve, el único saludo inoportuno que inicié fueron para usted. Tuve un relámpago de felicidad. Me pareció un momento que usted me miraba y me comprendía. Que su espíritu estaba bien cerca del mío entre toda aquella gente molesta. Después, entre besos y saludos, lo único que yo esperaba era su mano. Lo único que yo deseaba era tenerle cerca un momento. El momento del retrato. Y después sufrir, sufrir hasta que me despedí de usted. Y después sufrir más, sufrir lo indecible..

Para cuando escribe esta carta, Delmira, quien no había soportado vivir más de un mes y medio al lado de Reyes, se había mudado a la casa de sus padres; aseguraba haber huido de la «vulgaridad». En noviembre de 1913, Delmira interpuso una demanda de separación aludiendo hechos graves sufridos por la conducta de su marido. El 27 de noviembre, Reyes respondió a la demanda negando los cargos; sin embargo, alegó que, puesto que había sido su esposa la que había abandonado su casa y luego lo había acusado de una conducta «impropia de un caballero», estaba dispuesto a aceptar sus deseos ya que, bajo esas circunstancias, la vida en común le resultaría, también a él, inaguantable. Pero esta actitud orgullosa contrastaba con la privada, mucho más desesperada y vehemente; según André Badot, Reyes estaba tremendamente afectado: acosaba a la poeta incesantemente escribiéndole cartas, golpeando su ventana, suplicándole con amenazas.

Sin duda, herido en su virilidad, Reyes no pudo soportar que Delmira no sólo lo abandonara, sino que además inaugurara la ley de divorcio en el Uruguay. El caso tuvo una enorme repercusión debido a que con ello se sentaba un precedente en el continente y a que quien solicitaba el divorcio era una célebre autora de versos eróticos. Por tanto, es fácil comprender hasta qué punto, en un medio tremendamente machista, el marido se sentía cuestionado en su masculinidad. Esto lo confirman los testimonios de la hermana de Reyes, Alina, recogidos en la biografía de Clara Silva, Genio y figura de Delmira Agustini.

Por su parte, Delmira, poco después de la separación, empieza a cartearse intensamente con Ugarte, y el sentimiento de amor se hace cada vez más explícito. En una carta del 9 de marzo de 1914, Ugarte le escribe: «Será vanidad o misterioso presentimiento, pero siempre he pensado que la serpiente ondularía mejor si yo la acariciara. No sea orgullosa y estrechémonos otra vez las manos fuertemente y déjeme que me acerque bien a usted, que la haga crujir apretándola contra mi cuerpo y que ponga al fin en su boca, largo, culpable, inextinguible, el primer beso que siempre nos hemos ofrecido». Ella le responde: «Todavía me dura la embriaguez deliciosa de su última carta. ¿Si le dijera que hoy sufro escribiéndole? Me da miedo de parecer decirle demasiado y siento que todo lo que le diga me parecerá poco. Sin embargo, el deseo intenso, hasta doloroso, de volver a ver su letra, lo vence todo.».

Delmira Agustini en 1914

Detalle. Foto de Delmira tomada por su padre en julio de 1914.

No obstante, estando el divorcio en pleno trámite, Delmira empieza a verse en secreto con su todavía marido en las habitaciones que este alquila en un edificio de la calle Andes, 1206. Unos dicen que Delmira perpetuó la intimidad con la esperanza de que el trámite de divorcio no se viera obstaculizado. Pero el divorcio se falla el 22 de junio de 1914 y ella vuelve a visitarlo el 6 de julio, la fecha fatídica en la que, requerida por su ya ex marido, es asesinada cuando este le dispara dos tiros a la cabeza y a continuación se suicida, todo en una habitación repleta de fotografías, pinturas y otros objetos de Delmira. Ella tenía 27 años, él tenía 28, ambos de familias acomodadas, por lo que los periódicos llenaron sus páginas con reseñas sensacionalistas. Ciertamente, la forma en que murió ha originado un mito en torno a la figura de la poeta, uno que pervive hasta el día de hoy.

Bibliografía:

  • — Visca, Alberto Sergio, Correspondencia íntima, Montevideo, Biblioteca nacional, 1969.
  • — García Pinto, Magdalena, «Introducción», en Poesías completas, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas), 2000.
  • — Rosembaum, Sidonia Carmen, Modern Women Poets of Spanish America: the precursors, Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, Hispanic Institute in the United States, 1945.
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