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Delmira Agustini

La dualidad erótica de Delmira Agustini

Por M. Ángeles Vázquez

El libro blanco (1907), Cantos de la mañana (1910) y Los cálices vacíos (1913), son los tres poemarios que publica y póstumamente, Delmira Agustini, Las mejores poesías de los mejores poetas, (1923), Los astros del abismo, con prólogo de Alberto Zum Felde (1924) y sus Obras completas (1924) donde se incorpora Los astros del abismo y El rosario de Eros.

De personalidad múltiple, el estilo de Agustini pendula desde el cuidado formal hasta el más trivial e infantil lenguaje, pero aunque intenta superar la manidas formas modernistas, sus elementos expresivos se pueblan de perlas y mármoles, de cisnes y lagos. Esta exaltación lírica puede observarse en El libro blanco, su primera publicación.

«Fiera de amor» es tal vez uno de los poemas más apasionantes de la escritora, poema publicado en Los cálices vacíos, prologado por Rubén Darío que escribe de ella: De todas cuantas mujeres hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini [...]. Es la primera vez que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa por su exaltación divina [...]. El objeto central es el amor y su gran vacío, el hombre, aunque delinea su aureola a lo largo del texto, pero el sometimiento de los sentidos provoca el uso constante de la metonimia para objetivar unas sensaciones que no puede expresar directamente. El crítico Zum Felde asegura que no puede juzgarse la obra de Delmira solo desde la perspectiva erótica, ya que su pasión y expresión del erotismo es subliminal, es, en definitiva, una «amante onírica». Y efectivamente, su dinámica sexual se desarrolla en el plano literario, ya que en el real no tiene espacio vivible, por eso en su obra modula conjuntamente carne y mármol, infierno y paraíso, la mística del erotismo encarcelada en el cuerpo, en la materia.

Su poética manifiesta la exaltación del amor y la sexualidad, hasta este momento histórico nunca presente ni posible en la poesía femenina. Así, El rosario de Eros, es un conjunto de voluptuosidad y pasión vital. El punto de vista de una mujer nacida para el amor, pero que a la postre lo vive como pura entelequia. Por ello la tristeza, por deseo inalcanzable, se desborda en su obra. Su erotismo es trascendental, por la insinuación de sus enérgicas y originales imágenes y la dualidad de lo tormentoso y lo sombrío que, engarzados al señuelo sensual que nutre sus versos, consiguen desgarrar la moral impuesta secularmente a la voz femenina. Su tono íntimo y lacerado trasmite al lector el alma vehemente e insatisfecha de una mujer que muere como vive, trágicamente.

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