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Alfonso Reyes

Introducción:
El sendero entre la vida y la ficción (4 de 4)

IV

Alfonso Reyes se estableció definitivamente en México en 1939. Allí colaboraría en la consolidación de la Casa de España y en su transformación en El Colegio de México. También dedicó atención y tiempo a reunir por fin todos sus libros y objetos artísticos en un sólo espacio, la casa-biblioteca que Enrique Díez-Canedo bautizaría con el nombre de la Capilla Alfonsina. Por otro lado Reyes se integró como catedrático en la Universidad Nacional y, como miembro numerario, en la Academia Mexicana de la Lengua, de la que llegaría a ser director. Asimismo participó, al lado de algunos de sus viejos compañeros del Ateneo de la Juventud, en la fundación de El Colegio Nacional.

Si desde los primeros años en papel de escritor y académico la obra de Reyes había venido siendo reconocida en Europa por parte de instituciones e individualidades, en esta nueva etapa de su vida fue en su propio país y en los Estados Unidos donde más se premiaron sus logros. La Universidad de California, campus Berkeley, lo haría Doctor of Laws. Mientras que las universidades de Tulane, Michoacán, Harvard y Princeton lo invistieron como Doctor Honoris Causa. Asimismo, la Universidad de Texas le extendió una invitación para que se integrara al cuerpo docente, distinción que él rechazó.

Al igual que en otros momentos, Reyes supo extraer literatura, en este caso de viajes, de experiencias tan poco literarias en apariencia como la entrega de un reconocimiento. Así, el viaje a la Universidad de California daría en resultado la divertida crónica, o «hazaña deportiva» en un Buick, Berkeleyana. Dentro de este mismo procedimiento, cursos impartidos, artículos periodísticos y experiencias personales mexicanas, junto con la reunión de materiales de diversa índole escritos en lugares y momentos anteriores, darían a la imprenta títulos como Los siete sobre Deva, Última Tule, La experiencia literaria, El deslinde, Tentativas y orientaciones, Romances y afines, A lápiz, Cortesía, Verdad y mentira, Árbol de pólvora, Marginalia y muchos libros más de diversos géneros.

Ya había sucedido en España y en Argentina, con Deva y Tandil respectivamente, que fueron por igual lugares de descanso y pretextos literarios. En esta última fase de su vida en México, y aunque ahora por motivos de salud —ya que padecía del corazón—, Reyes pasaría largos periodos de tiempo en la ciudad de Cuernavaca. De esas estancias de reposo y gozo útil nacería Homero en Cuernavaca, libro de sonetos o, como prefería llamarlo su autor, «recreo en varias voces —prosaico, burlesco y sentimental—, ocio o entretenimiento al margen de la Ilíada». Y por cierto que a la traducción de parte de la Ilíada y al estudio de la Grecia antigua dedicó el regiomontano mucho tiempo y esfuerzo en esos años.

Alfonso Reyes murió en 1959. Alcanzó a participar en la edición de una parte considerable de sus Obras completas y a dejar grabados, de viva voz, largos fragmentos de su poema dramático Ifigenia cruel y de Visión de Anáhuac.

Hoy resultaría interesante conocer la opinión que hubiera podido manifestar sobre la inserción de su producción literaria, que abarca más de veinticinco tomos, en el mundo contemporáneo. Por ejemplo, acerca de la adaptación cinematográfica del cuento «La venganza creadora», que daría como resultado el largometraje Anoche soñé contigo (1992), de Marisa Sistach. Sobre el montaje que haría Luis de Tavira, con música de Luis Rivero, de la pieza teatral La conspiración de la cucaña, de Alfonso de Maria y Campos, o la ya referida dramatización musical de su «Landrú-opereta» y del poema «El Halibut». O bien de la continua reedición de los discos que conservan su voz de cuidada dicción.

Pero también del surgimiento de nuevos productos. Es el caso de Alfonso Reyes digital, DVD coeditado por el Fondo de Cultura Económica y las fundaciones española Hernando de Larramendi y Mapfre Tavera, en el que se agrupan todos los volúmenes de sus Obras completas y dos importantes epistolarios. Estoy seguro de que Reyes, gran avanzado en el ejercicio de la valoración crítica de aquella novedad que alguna vez fue el cinematógrafo, hubiera disfrutado intensamente con el paseo virtual que hoy, gracias a la tecnología digital, podemos hacer dentro de la Capilla Alfonsina y sus más recónditos espacios.

Los elementos antes señalados, junto con recientes enfoques críticos sobre su trabajo, del corte de los ensayos incluidos en este catálogo, dan hoy una nueva dimensión y una vigencia renovada tanto a la obra como a la figura de Alfonso Reyes, uno de los autores más representativos de las letras hispanoamericanas.

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