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El conjuro de los libros

Presencia de Cervantes en Colombia

Por Carlos José Reyes

Cuando Miguel de Cervantes Saavedra comienza a escribir, ha pasado cerca de un siglo desde el momento en que las tres carabelas comandadas por Cristóbal Colón llegaron a las tierras del Nuevo Mundo. Colón buscó los nombres que le indicaran a dónde había llegado: Catay, Cipango, la China del Gran Khan o las misteriosas islas del Japón, que constituían la referencia más remota hallada por Marco Polo algunos siglos atrás.

Colón tuvo que buscar las palabras que le permitieran definir y bautizar los lugares que encontraba a su paso. Llamó a las nuevas islas Fernandina e Isabela, mientras escuchaba a los naturales hablar de Guanahani o Cuba, territorios que, según él pensaba, tal vez hacían parte de los dominios del gran Khan de la China. Es posible que Colón buscara en sus viajes la huella de los que narra en sus textos Marco Polo, en la misma forma en que Don Quijote de la Mancha buscaba a los gigantes, doncellas y encantadores de las aventuras de Amadís de Gaula, relatadas por Garci Rodríguez de Montalvo.

Pronto llegarán a España y a Europa noticias de los primeros viajeros y cronistas de Indias, que incitarán a gentes de diversa condición a cruzar el océano y descubrir las maravillas del mundo nuevo.

[Grabado] La batalla de Lepanto: Cervantes peleando sobre la galera «Marquesa».

La batalla de Lepanto: Cervantes peleando sobre la galera «Marquesa».

Entre los hombres que solicitaron autorización para viajar a América, hacia fines del siglo xvi, se hallaba el propio Miguel de Cervantes Saavedra. Por aquellos días había publicado La Galatea, después de participar en la batalla de Lepanto y quedar privado del uso de un brazo, por lo cual, mal podía aspirar a convertirse en un aventurero o un caballero andante. Sólo podría hacerlo mediante la palabra, dejando volar la fantasía por medio de la pluma y no de la espada.

Por otra parte, después de regresar de la guerra y el cautiverio en Argel, Cervantes vivía en mala situación económica. Sus primeros escritos y los trabajos como Comisario Real de cereales y aceite, apenas le proporcionaban lo necesario para sobrevivir y comprar los pocos libros que fueron conformando su biblioteca y el imaginario que se traduce en sus novelas, relatos, comedias y entremeses.

[Grabado] Cautiverio de Cervantes en Argel. Interior de la prisión llamada Baño Real.

Cautiverio de Cervantes en Argel. Interior de la prisión llamada Baño Real.

Las historias que contaban los viajeros de Indias motivaron su curiosidad y ambiciones. ¿Por qué no intentar hacer fortuna en el Nuevo Mundo, como habían hecho otros indianos, que regresaban bien provistos de oro y perlas, para vivir en paz sus últimos años?

En un memorial dirigido al Consejo de Indias el 21 de mayo de 1590, Cervantes solicita un cargo en puestos de trabajo que por aquellos días se hallaban vacantes, como eran el de Contador del Reino en la Nueva Granada (lo que equivalía a viajar a Santafé de Bogotá), Gobernador de la provincia de Soconuco, en Guatemala, tesorero de las galeras de Cartagena de Indias o magistrado en La Paz, en el Alto Perú (hoy Bolivia). En respuesta, un funcionario del Consejo Indiano escribió sobre el documento una lacónica negativa, con estas palabras:

Busque por acá en que se le haga merced.

De este modo, Cervantes no pudo viajar a las tierras de Indias, no sabemos si para su bien y para nuestro mal, pero sus obras y los volúmenes de la biblioteca que organizó a lo largo de los años, como se desprende de la lectura del Quijote, pueden reconstruirse en las colecciones tanto de los padres jesuitas como de algunos granadinos y santafereños, que esperaban con verdadera ansiedad los libros que les llegaban de la península y les abrían una ventana hacia Europa y el mundo.

Con la creación de la Real Biblioteca del Nuevo Reyno de Granada, en tiempos del virrey Manuel Guirior, abrió sus puertas la primera biblioteca pública del continente americano, en el año de 1777, tres años antes de haber sido inaugurado el Archivo de Indias de Sevilla. En efecto, el último tercio del siglo xviii tuvo gran importancia para el incremento de las artes y las letras, la ciencia y la cultura en el virreinato de la Nueva Granada. La ilustración neogranadina fue un reflejo directo de la ilustración española, de los tiempos de Carlos III y Carlos IV.

[Grabado] Portada de una Segunda Parte de «Don Quijote».

Don Quijote, Caballero de los Leones.

A los nombres de Feijoo, el conde de Aranda, Ustariz, Campomanes y otros, habría que agregar los de Mutis, Antonio Nariño, Jorge Tadeo Lozano o Moreno y Escandón, en la Nueva Granada.

Por iniciativa del fiscal Moreno y Escandón, quien había concebido una importante reforma educativa, se abrió la Real Biblioteca, tomando como punto de partida los fondos bibliográficos y documentales que habían pertenecido a los padres jesuitas, expulsados de los reinos de España y de las provincias de ultramar, por medio de una pragmática de Carlos III, emitida en el año de 1767.

Poco a poco, otros volúmenes fueron a engrosar esta colección, de la cual forman parte no sólo los libros de teología o de oración, las versiones latinas de los filósofos, pensadores y escritores de la antigüedad clásica, sino también los escritores de finales de la Edad Media, italianos, portugueses, españoles, y de otras naciones de Europa, los libros de caballerías, crónicas de Indias, romances, novelas y relatos, y toda clase de libros de carácter sagrado y profano.

El filólogo y escritor Hernando Cabarcas ha realizado un minucioso trabajo de investigación sobre los libros que pudieron formar parte de la biblioteca de Cervantes, y que por extensión pudieron constituir la biblioteca que enloqueció a don Alonso Quijano hasta transformarlo en Don Quijote de la Mancha, el caballero de la triste figura, un héroe o antihéroe moderno, que transita sobre el tapiz de la imaginería caballeresca medieval, como un palimpsesto, grabando sus hazañas y aventuras sobre un imaginario construido con palabras hilvanadas en apasionadas lecturas.

Todo gran lector, como plantea Italo Calvino, va construyendo con muchos textos tomados de uno y otro lado, su biblioteca personal, o si se quiere, su propio libro. Al fin y al cabo, toda lectura es también una escritura.

La presente exposición, organizada por la Biblioteca Nacional de Colombia con la cooperación de la Embajada de España, en conmemoración del 450 aniversario del natalicio de Cervantes, busca reconstruir el mundo de las lecturas del escritor, de tal modo que se puedan dar a conocer no sólo los textos, la mayoría de los cuales cuentan con ediciones contemporáneas, sino también descubrir en las ediciones antiguas, que pertenecen a los fondos llamados «de libros raros y curiosos», el arte de los tipógrafos, impresores y grabadores de los siglos xvi, xvii y xviii, con sus hermosas letras capitales y su rica imaginería, ampliada por medio de las fotografías de Juan Camilo Segura.

Una mirada sobre la obra de don Miguel de Cervantes Saavedra, que es, sin duda alguna, el gran paradigma de las letras castellanas de todos los tiempos, es siempre reveladora de la complejidad y polisemia de un autor cuyas resonancias y significados no se agotan en las múltiples interpretaciones y estudios que se han hecho de sus textos. La obra de Cervantes recoge lo mejor de la herencia narrativa del pasado, y al mismo tiempo, más allá de la crítica y la parodia, crea el drama de la conciencia personal, e inaugura la novela moderna.

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