Capítulo XLVII
Donde se prosigue cómo se portaba
Sancho Panza
en su gobierno (1 de 3)
Cuenta la historia que desde el juzgado
llevaron a Sancho Panza a un suntuoso palacio, adonde
en una gran sala estaba puesta una real y
limpísima mesa; y así como Sancho
entró en la sala, sonaron chirimías y
salieron cuatro pajes a darle aguamanos, que Sancho
recibió con mucha gravedad.
Cesó la música, sentóse
Sancho a la cabecera de la mesa, porque no había
más de aquel asiento, y no otro servicio en toda
ella. Púsose a su lado en pie un personaje, que
después mostró ser médico, con una
varilla de ballena en la mano1.
Levantaron una riquísima y blanca toalla2
con que estaban cubiertas las frutas y mucha
diversidad de platos de diversos manjares. Uno que
parecía estudiante echó la bendición y
un paje puso un babador randado a Sancho3; otro que
hacía el oficio de maestresala llegóI
un plato de fruta delanteII, 4,
pero apenas hubo comido un bocado, cuando, el de la
varilla tocando con ella en el plato, se le quitaron
de delante con grandísima celeridad; pero el
maestresala le llegó otro de otro manjar. Iba a
probarle Sancho, pero, antes que llegase a él ni
le gustase, ya la varilla había tocado en
él, y un paje alzádole con tanta presteza
como el de la fruta. Visto lo cual por Sancho,
quedó suspenso y, mirando a todos, preguntó
si se había de comer aquella comida como juego
de maesecoral5. A lo
cual respondió el de la vara:
—No se ha de comer, señor
gobernador, sino como es uso y costumbre en las otras
ínsulas donde hay gobernadores. Yo, señor,
soy médico y estoy asalariado en esta
ínsula para serlo de los gobernadores della, y
miro por su salud mucho más que por la mía,
estudiando de noche y de día y tanteando la
complexión del gobernador, para acertar a
curarle cuando cayere enfermo; y lo principal que
hago es asistir a sus comidas y cenas, y a dejarleIII
comer de lo que me parece que le conviene y a
quitarle lo que imagino que le ha de hacer daño
y ser nocivo al estómagoIV;
y así mandé quitar el plato de la fruta,
por ser demasiadamente húmeda, y el plato del
otro manjar también le mandé quitar, por
ser demasiadamente caliente y tener muchas especiesV, 6,
que acrecientan la sed, y el que mucho bebe mata y
consume el húmedo radical7, donde
consiste la vida.
—Desa manera, aquel plato de perdices que
están allí asadas y, a mi parecer, bien
sazonadas no me harán algún daño.
A lo que el médico
respondió:
—Esas no comerá el
señor gobernador en tanto que yo tuviere
vida.
—Pues ¿por qué?
—dijo Sancho.
Y el médico respondió:
—Porque nuestro maestro
Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un
aforismo suyo dice: «Omnis saturatio mala,
perdicisVI
autem pessima8».
Quiere decir: ‘Toda hartazga es mala, pero la
de las perdices malísima’.
—Si eso es así —dijo
Sancho—, vea el señor doctor de cuantos
manjares hay en esta mesa cuál me hará
más provecho y cuál menos daño, y
déjeme comer dél sin que me le apalee9;
porque por vida del gobernador, y así Dios me le
dejeVII
gozar10, que me
muero de hambre, y el negarme la comida, aunque le
pese al señor doctor y él más me diga,
antes será quitarme la vida que
aumentármela.
—Vuestra merced tiene razón,
señor gobernador —respondió el
médico—, y, así, es mi parecer que
vuestra merced no coma de aquellos conejos guisados
que allí están, porque es manjar peliagudo11. De
aquella ternera, si no fuera asada y en adobo, aun se
pudiera probar, pero no hay para qué.
Y Sancho dijo:
—Aquel platonazo que está
más adelante vahando me parece que es olla
podrida12, que,
por la diversidad de cosas que en las tales ollas
podridas hay, no podré dejar de topar con alguna
que me sea de gusto y de provecho.
—¡Absit13!
—dijo el médico—. Vaya lejos de
nosotros tan mal pensamiento: no hay cosa en el mundo
de peor mantenimiento que una olla podrida. Allá
las ollas podridas para los canónigos o para los
retores de colegios o para las bodas labradorescas, y
déjennos libres las mesas de los gobernadores,
donde ha de asistir todo primor y toda atildadura14; y la
razón es porque siempre y a doquiera y de
quienquiera son más estimadas las medicinas
simples que las compuestas, porque en las simples no
se puede errar, y en las compuestas sí,
alterando la cantidad de las cosas de que son
compuestas15. Mas lo
que yo sé que ha de comer el señor
gobernador ahora para conservar su salud y
corroborarla, es un ciento de cañutillos de
suplicaciones16 y unas
tajadicas subtiles de carne de membrillo, que le
asienten el estómago y le ayuden a la
digestión.
Oyendo esto Sancho, se arrimó
sobre el espaldar de la silla y miró de hito en
hito al tal médico, y con voz grave le
preguntó cómo se llamaba y dónde
había estudiado. A lo que él
respondió:
—Yo, señor gobernador, me
llamo el doctor Pedro Recio de Agüero, y soy
natural de un lugar llamado Tirteafuera, que
está entre Caracuel y Almodóvar del Campo17, a la
mano derecha, y tengo el grado de doctor por la
universidad de Osuna18.
A lo que respondió Sancho, todo
encendido en cólera:
—Pues, señor doctor Pedro
Recio de Mal Agüero, natural de TirteafueraVIII,
lugar que está a la derecha mano como vamos de
Caracuel a Almodóvar del Campo, graduado en
Osuna, quitéseme luego delanteIX:
si no, voto al sol que tome un garrote y que a
garrotazos, comenzando por él19, no me
ha de quedar médico en toda la ínsula, a lo
menos de aquellos que yo entienda que son ignorantes,
que a los médicos sabios, prudentes y discretos
los pondré sobre mi cabeza20 y los
honraré como a personas divinas21. Y
vuelvo a decir que se me vaya Pedro Recio de
aquí: si no, tomaré esta silla donde estoy
sentado y se la estrellaré en la cabeza, y
pídanmelo en residencia22, que yo
me descargaré con decir que hice servicio a Dios
en matar a un mal médico, verdugo de la
república23. Y denme
de comer o, si no, tómense su gobierno, que
oficio que no da de comer a su dueño no vale dos
habas.
Notas:
- (1) ‘una barba de
ballena, flexible, como varilla, que le
servía de puntero’. º volver
- (2)
‘servilleta’ y, en general,
‘cualquier tipo de lienzo con que se pone la
mesa’. º volver
- (3) babador
randado: ‘servilleta con randas o encajes que
se ata al cuello’. volver
- (4) Las comidas de los
grandes señores en el Siglo de Oro comenzaban
por algunas frutas. º volver
- (5) ‘juego de
prestidigitación’, a veces usado en
apuestas, como en el juego de los actuales trileros.
º volver
- (6)
‘especias’. volver
- (7)
‘semen’; hasta el siglo XVII, se solía
denominar así, eufemísticamente, al
intangible ‘soporte líquido de los cuatro
humores fundamentales’, sin el que no
podía haber vida. Galeno no lo consideró,
lo que dio lugar a la indefinición posterior.
º volver
- (8) Aforismo
médico usual, en que el médico Pedro
Recio sustituye el panis original por
perdicis. En los tiempos de C. tuvieron gran
difusión ciertos epítomes que
recogían en forma de aforismos algunas
máximas sobre la salud que servían de
memorandos a los médicos y que se
atribuían a Hipócrates, padre de la
medicina y autor de los Aforismos médicos
por antonomasia.VI, º volver
- (9) La frase es ambigua,
pues apalear puede derivar de pala y
valer ‘mover o sacar el grano con la pala’,
y Sancho le estaría diciendo al médico
‘sin que me lo saque fuera’; pero
también puede hacerse derivar de palo,
con lo que el sentido sería ‘sin que lo
toque con la varilla’, con comprensible
exageración. º volver
- (10) Hay que entender
‘a Él’, ‘a Dios’.VII volver
- (11) ‘de animal de
pelo fino’, que se creía de difícil
digestión. º volver
- (12) ‘cocido
lento, en poca agua, de diversas clases de carne, a
veces acompañadas de alguna legumbre y de
verduras’; vahando:
‘humeante’. º volver
- (13)
‘¡Fuera!’; literalmente
‘¡auséntese!’. º volver
- (14)
‘cuidado’. volver
- (15) cosas:
‘sustancias’, ‘componentes’,
como los que trae Juan Fragoso en Catalogus
simplicium medicamentorum (1566) o en su De
succedaneis medicamentis (1575). Véase
también I, 17, 180, n. 21. º volver
- (16) ‘barquillos
de oblea en forma de tubo fino’. º volver
- (17) Villa de la
provincia de Ciudad Real, en el Campo
de CalatravaLas comarcas manchegas (Mancha, Campo de Montiel y Campo de Calatrava), según las «Relaciones topográficas» ; muy cerca están el lugar de
Caracuel y la aldea de Tirteafuera (a orillas del
río homónimo), nombre y sitio elegidos
por C. para jugar con el uso popular de la
expresión Tirte afuera
‘¡Vete!’, empleada a veces para
conjurar la mala suerte. º volver
- (18) Sede de una
universidad menor, que, a la vista de otros pasajes
(II, 1, 630, n. 40), no debía de ser demasiado
grata a C.; sin embargo, en este caso la burla es
mayor, pues al parecer no hubo Facultad de Medicina en
dicha universidad. º volver
- (19) ‘comenzando
por vuestra merced’; el uso de la tercera persona
implica desdén (véase II, 33, 911, n.
54). volver
- (20) Véase I, 6,
80, n. 31. volver
- (21) En las palabras de
Sancho hay un posible eco del Eclesiástico,
XXXVIII, 1: «Honora medicum propter necessitatem,
etenim creavit eum Altissimus». º volver
- (22) En el juicio de
residencia, cuando se acabe mi mandato (II, 42,
971, n. 30). volver
- (23) Llamar
verdugos a los médicos se acabó
convirtiendo en lugar común. º volver
Notas críticas:
- (I) 1004.19 llegó
edd. le llegó HZ1 FL [La enmienda no
debía sentirse como necesaria, porque es del tipo
que frecuentemente hacen las edd. antiguas, pero no la
hemos visto en ninguna del siglo XVII. volver
- (II) 1004.20 delante edd. del
ante RM MZ AA [Cf. SB, VG; para ante, I, 1,
42, n. 59. volver
- (III) 1005.4 y a dejarle
edd. y dejarle MA volver
- (IV) 1005.6 estómago
edd. estómogo A volver
- (V) 1005.9 especies edd.
especias MA volver
- (VI) 1005.19 perdicis FK
perdizes edd. perdix MA LO RAE [No
se ve por qué para «burlarse de la falsa
erudición y pedantería» (VG) C.
pondría en boca de Pedro Recio un error tan
elemental: es sin duda un descuido del componedor, que
acababa de escribir la palabra en castellano; y si el
autor hubiera escrito perdicis con -z-,
habría de entenderse como un lapsus. volver
- (VII) 1005.25 le deje
edd. la
deje RAE [Contra la opinión general (cf.
Rosenblat 1971:157), no nos parece que le recoja
un ‘gobierno’ implícito en
gobernador, ni haya que corregir con un la
referido a vida. volver
- (VIII) 1007.3 Tirteafuera edd. Triteafuera A Tristeafuera
FL volver
- (IX) 1007.5 delante edd. de
delante LO FL [Cf. I, 6, 84.15
Véase la nota crítica XVIII ubicada en el capítulo 06. volver
Notas complementarias:
- (1) 1004.1—Las sátiras contra los
médicos son frecuentísimas en el Siglo de
Oro; cf. Arco y Garay [1951a:462-467], David-Peyre
[1971], Chevalier [1984], Moraga Ramos [1991]. ¶
Para la presencia real de los médicos en la mesa
de los señores, RM y Givanel y Mas [1943a].
¶ Rodríguez Marín [1920:118] y A.
Castro [1925/87:115-116] analizan la opinión
general que le merecen los médicos a C. ¶
Para sopesar la popularidad del relato de la comida
escamoteada, cf. Lecturas.
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- (2) 1004.2—«Acariciéle y
servíle, / cenó sin mesa y
toallas»; «Aquí tienes agua y
plato. / –Toalla tienes aquí»
(Lope de Vega, Los Benavides y Los melindres
de Belisa, apud Fernández
Gómez 1971).
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- (3) 1004.4—CL, RM. ¶ Puede verse la
descripción de un banquete en Pinheiro da Veiga,
Fastigimia, pp. 141-142. Cf. Avalle-Arce
[1988a].
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- (4) 1004.5—BW, PE, CL, CT, RM, MZ, A. Salazar
[1948:167-168]. Cf. Covarrubias, Tesoro,
s.v. «coral»; Caro, Días
geniales, II, pp. 137-138. ¶ Sobre el
simbolismo de la varilla, cf.
Lecturas.
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- (5) 1005.7—BW, CL, CT, SB, RM no
aciertan a definirlo como semen; pero basta ver
Serés [1989:180-181]b. Lo mismo
ocurre con la medicina de aquellos tiempos: Arnau de
Vilanova escribió un tratado llamado De
humido radicali, publicado en Lyon, por B.
Guillermo Huyon, según Hernández
Morejón [1842-1852:I, 221]; cf. también
López de Villalobos, Sumario, pp.
234-235, o Mexía, Silva, II, p. 359:
«Y porque este calor natural es de natura de
fuego, y gasta siempre y ha menester en que
sustentarse, fue cosa necesaria y puso Dios en su
compañía la humidad (que llaman los
médicos húmido radical y yo
llamaré humedad natural), en la cual se
mantiene y sustenta como el fuego en el aceite de la
lámpara». Cf. la descripción de
Luis Lobera de Ávila en Hernández
Morejón [1842-1852:II, 318-320]; Reverte Coma
[1992:44].
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- (6) 1005.8—BW, PE, CL, SB, Marasso
[1947/54:188]. ¶ Sobre la difusión de
Hipócrates en España, Santander
Rodríguez [1971]; Granjel [1972] estudia y
describe las traducciones del Corpus
hippocraticum; Serés [1989:70-86,
99-107]b, la
influencia de la medicina hipocrática,
directamente o a través de Galeno y los
galenistas.
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- (7) 1005.9—RM.
volver
- (8) 1006.11—BW, CL, RM.
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- (9) 1006.12—BW, SB, RM. Cf. Covarrubias,
Tesoro; Martínez Montiño, Arte
de cocina, pp. 81-82.
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- (10) 1006.13—RM.
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- (11) 1006.15—Sobre la composición de
medicamentos, baste ver García Ballester
[1984:193-194].
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- (12) 1006.16—BW, CL, RM; Rodríguez
Marín [1914a]. «Muchachos barquilleros con
tablillas y suplicaciones» (Herrero
García 1977:138, que aduce un documento de la
época). ¶ PE documenta cómo se
revisaban las dietas de la alta nobleza.
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- (13) 1006.17—PE, CL, SB, RM; Sánchez
Cantón [1940]. Cf. Correas, Vocabulario,
p. 500b. El propio nombre de Caracuel puede
conllevar un juego por semejanza fónica. ¶
Arco y Garay [1951a:10-11] señala que C.
conocería los pueblos personalmente.
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- (14) 1007.18—A. Sánchez [1976:855] es quien
indica que muy probablemente en Osuna no había
Facultad de Medicina; <VG. Si así fuese, se
trataría de un chiste parecido al de El
caballero de Olmedo, de Lope de Vega, vv.
1488-1489: «¿Dónde estudió?
En La Coruña, / y soy por ella maestro»,
pues en La Coruña no había
universidad.
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- (15) 1007.21—RM, VG.
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- (16) 1007.23—«No hay gente más
dañosa a la república que los malos
médicos... nos pueden matar y nos matan sin
temor y a pie quedo» (El licenciado
Vidriera, f. 120v); antes ha citado el pasaje
bíblico de la nota 21 de este mismo
capítulo.
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