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Don Quijote de la Mancha

Capítulo XLV
De cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de su ínsula y del modo que comenzó a gobernar (1 de 3)

¡Oh perpetuo descubridor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo1, meneo dulce de las cantimploras2, Timbrio aquí3, Febo allí, tirador acá4, médico acullá, padre de la poesía, inventor de la música, tú que siempre sales y, aunque lo parece, nunca te pones5! A ti digo, ¡oh sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre6!, a ti digo que me favorezcas y alumbres la escuridad de mi ingenio, para que pueda discurrir por sus puntos en la narración del gobierno del gran Sancho Panza7, que sin ti yo me siento tibio, desmazalado y confuso8.

Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender que se llamaba «la ínsula Barataria», o ya porque el lugar se llamaba «Baratario» o ya por el barato con que se le había dado el gobierno9. Al llegar a las puertas de la villa, que era cercada10, salió el regimiento del pueblo a recebirle11, tocaron las campanas y todos los vecinos dieron muestras de general alegría y con mucha pompa le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios, y luego con algunas ridículas ceremonias le entregaron las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria.

El traje, las barbas, la gordura y pequeñez del nuevo gobernador tenía admirada a toda la gente que el busilis del cuento no sabía12, y aun a todos los que lo sabíanI, que eran muchos. Finalmente, en sacándole de la iglesia le llevaron a la silla del juzgado y le sentaron en ella, y el mayordomo del duque le dijo:

—Es costumbre antigua en esta ínsula, señor gobernador, que el que viene a tomar posesión desta famosa ínsula está obligado a responder a una pregunta que se le hiciere que sea algo intricada y dificultosa, de cuya respuesta el pueblo toma y toca el pulso del ingenio de su nuevo gobernador y, así, o se alegra o se entristece con su venida.

En tanto que el mayordomo decía esto a Sancho, estaba él mirando unas grandes y muchas letras que en la pared frontera de su silla estaban escritas, y como él no sabía leer, preguntó que quéII eran aquellas pinturas que en aquella pared estaban. Fuele respondido:

—Señor, allí está escrito y notado el día en que vuestra señoría tomó posesión desta ínsula, y dice el epitafioIII, 13: «Hoy día, a tantos de tal mes y de tal año, tomó la posesión desta ínsula el señor don Sancho Panza, que muchos años la goce».

—¿Y a quién llaman don Sancho Panza? —preguntó Sancho.

—A vuestra señoría —respondió el mayordomo—, que en esta ínsula no ha entrado otro Panza sino el que está sentado en esa silla.

—Pues advertid, hermano —dijo Sancho—, que yo no tengo don, ni en todo mi linaje le ha habido: Sancho Panza me llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni donas14; y yo imagino que en esta ínsula debe de haber más dones que piedras; pero basta: Dios me entiende, y podrá ser que si el gobierno me dura cuatro días yo escardaré estos dones15, que por la muchedumbre deben de enfadar como los mosquitos. Pase adelante con su pregunta el señor mayordomo, que yo responderé lo mejor que supiere, ora se entristezca o no se entristezca el pueblo.

A este instante entraron en el juzgado dos hombres, el uno vestido de labrador y el otro de sastre, porque traía unas tijerasIV en la mano, y el sastre dijo:

—Señor gobernador, yo y este hombre labrador venimos ante vuestra merced en razón que este buen hombre llegó a mi tienda ayer16, que yo, con perdón de los presentes, soy sastre examinado, que Dios sea bendito17, y poniéndome un pedazo de paño en las manos, me preguntóV: «Señor, ¿habría en estoVI paño harto para hacerme una caperuza?». Yo, tanteando el paño, le respondí que sí; él debióse de imaginar, a lo que yo imagino, e imaginé bien, que sin duda yo le quería hurtar alguna parte del paño, fundándose en su malicia y en la mala opinión de los sastres, y replicóme que mirase si habría para dos. Adivinéle el pensamiento y díjele que sí, y él, caballero en su dañada y primera intención18, fue añadiendo caperuzas, y yo añadiendo síes, hasta que llegamos a cinco caperuzas, y ahora en este punto acaba de venir por ellas: yo se las doy, y no me quiere pagar la hechura19, antes me pide que le pague o vuelva su paño.

—¿Es todo esto así, hermano? —preguntó Sancho.

—Sí, señor —respondió el hombre—, pero hágale vuestra merced que muestre las cinco caperuzas que me ha hecho.

—De buena gana —respondió el sastre.

Y sacando encontinente la mano de bajo del herreruelo20 mostró en ella cinco caperuzas puestas en las cinco cabezas de los dedos de la mano, y dijo:

—He aquí las cinco caperuzas que este buen hombre me pide, y en Dios y en mi conciencia que no me ha quedado nada del paño, y yo daréVII la obra a vista de veedores del oficio21.

Notas:

  • (1) antípodas: ‘los habitantes de la tierra opuestos por un eje que pase por el centro de esta’. El valor de hacha (‘antorcha’) se completa pleonásticamente con la siguiente imagen, ojo del cielo, y las tres componen una invocación al sol, que ilumina día a día todos los puntos del globo terrestre. La invocación a las musas o a Apolo es asimismo usual en la épica culta. Nótese que aunque en II, 48 la narración volverá a centrarse en DQ, Sancho, cada vez más autónomo, tiene ya capítulos propios. º volver
  • (2) Porque en ellas se ponía el agua o vino a enfriar, bien en un cubo con nieve, bien colgadas de algún árbol, cubiertas con un paño húmedo; el sol obligaba a menearlas en el cubo para enfriarlas y para beber. La frase es un endecasílabo, que puede haberse tomado de algún poema no localizado. º volver
  • (3) Epíteto común de Apolo, por Timbra, lugar cercano a Troya consagrado a él porque construyó las murallas de la ciudad, ayudado por Neptuno. º volver
  • (4) Arco, flechas, cítara o lira y laurel eran los atributos de Apolo. Era también inventor de la medicina y padre de Esculapio. º volver
  • (5) Parece parodiar unos versos del Carmen saeculare de Horacio. º volver
  • (6) Frase de origen aristotélico (Física, II, 2), que se transformó en lugar común. º volver
  • (7) discurrir por sus puntos: ‘explicar según su desarrollo’, narrando ordenadamente los episodios; por probable analogía con el puntar de los músicos. º volver
  • (8) desmazalado: ‘débil’, ‘falto de estímulos’ (véase II, 43, 973, n. 5). volver
  • (9) barato: ‘propina que se da a los mirones en los garitos de juego’ o ‘engaño’ (II, 49, 1026); Baratario podría ser ‘lugar donde se dan baratos o se hacen baratas (ventas dolosas)’; Barataria se ha querido identificar con Alcalá de Ebro (Zaragoza). º volver
  • (10) ‘amurallada’. volver
  • (11) regimiento: ‘junta de regidores del pueblo’, ‘concejo municipal’. º volver
  • (12) ‘que no estaba en el secreto de la historia’ (II, 62, 1138). º volver
  • (13) ‘inscripción’. º volver
  • (14) Con juego de palabras: dones ‘regalos’; donas ‘bienes que se capitulan en la promesa de matrimonio’. Sobre el tratamiento de don, véase I, 1, 42, n. 60. º volver
  • (15) ‘arrancaré estos dones’, como si fuesen malas hierbas. º volver
  • (16) buen hombre es tratamiento despectivo; véase I, «Gandalín...», p. 28, v. 12. º volver
  • (17) Es examinado porque ha pasado la categoría de aprendiz y, tras el examen de los oficiales, ha sido admitido en el gremio. La petición de perdón que Dios sea bendito, que se dice cuando se ha oído una blasfemia, se debe a la mala fama que rodeaba al oficio de sastre. El cuento es de origen popular. º volver
  • (18) caballero en: ‘sin apearse de’, ‘firme’. º volver
  • (19) ‘el trabajo’ del oficial. º volver
  • (20) encontinente: ‘en seguida’, ‘en el acto’; véase I, 21, 230, n. 52. º volver
  • (21) ‘para que la juzguen los inspectores que se nombran para ver si la obra y su precio corresponden a lo pactado’ (I, 22, 239, n. 39). º volver

Notas críticas:

  • (I) 992.9 lo sabían edd. los sabían A MA volver
  • (II) 992.20 que qué edd. qué V MA volver
  • (III) 992.24 epitafio edd. epitafioo A volver
  • (IV) 993.7 unas tijeras edd. una tijeras A [En el Q. no se usa sino tijeras. volver
  • (V) 993.13 preguntó edd. prguntó A volver
  • (VI) 993.13 esto A este edd. [La -o podría ser contaminación de paño harto (menos probable es que naciera por asimilación al continuo en esto narrativo), pero el neutro resulta singularmente adecuado a la acción de mostrar y hacer tantear el paño. volver
  • (VII) 994.2 daré edd. daté A volver

Notas complementarias:

  • (1) 991.1—CL, RM. Marasso [1947/54:117-120] estudia la invocación y cree que el punto de partida inmediato es el comentario de Ovidio escrito por Sánchez de Viana. ¶ Sobre la imagen del sol como ojo del cielo, cf. Lope de Vega, El caballero de Olmedo, III, vv. 2683-2684: «Porque a los ojos divinos / no hubiese humanos secretos», donde se observa un claro sentido microcósmico (cf. Rico 1970/86:s.v. «cielo»); complétese con Vilanova [1959:II, 602-605]. ¶ Sobre la progresiva autonomía de Sancho Panza, cf. Lecturas, II, 48. volver
  • (2) 991.2—BW, PE, CL, CT, SB, RM; Rodríguez Marín [1935b:241]. Cf. Covarrubias, Tesoro. «Paréceme que siento chapines. –Ese ruido y el de las cantimploras dicen que es el mejor» (Lope de Vega, La Dorotea, p. 92). volver
  • (3) 991.3—BW, CL, VG. volver
  • (4) 991.4—CL, RM, VG, Marasso [1947/54:117-120]. Cf. Pérez de Moya, Philosofía, II, 19, pp. 246-263. volver
  • (5) 991.5—PE. «Alme Sol, curru nitido diem qui / promis et celas aliusque et idem / nasceris...» (Horacio, Carmen saeculare, vv. 9-11). volver
  • (6) 991.6—RM, SB, Marasso [1947/54:118]. volver
  • (7) 991.7—Ya en el Libro de buen amor, 69c-d y 70, se presenta el ambiguo puntos: los de una partitura, que han de interpretarse bien, y las posibles divisiones del libro. volver
  • (8) 991.9—CL, CT, RM, Alonso Hernández [1976]. Cf. Correas, Vocabulario, p. 679b. Para la costumbre del barato y los contextos de la palabra, Étienvre [1987:131-147]. ¶ Redondo [1978:51], a través del encadenamiento de diversas entradas del Tesoro de Covarrubias, y de la posible relación con el italiano baratto, vincula el nombre de la ínsula con el escenario de «el mundo al revés» y ve en Sancho una representación del personaje que simbolizaba al Carnaval en el comienzo de las fiestas; >Lecturas. Cf. Abrams [1964]. volver
  • (9) 992.11—CT. ¶ García Marín [1974:169-172], Salazar Rincón [1986:22-23], Lunenfeld [1987:24-25]. Téngase en cuenta que Sancho como gobernador tendrá que ocuparse de las funciones propias del alcalde o corregidor del lugar, y estrenará su cargo con una de sus misiones fundamentales: la vista de pleitos en audiencia pública. volver
  • (10) 992.12—BW, CL, CT, RM, Iribarren [1974:230-231]. R. Ménendez Pidal [1963b:138-141] explica la tradición española y europea a partir de Correas, Vocabulario, quien recuerda a uno «que examinaba para órdenes, el cual dudó en declarar “In diebus illis” y dijo “Indiae”, las Indias, el “busillis” no entiendo». volver
  • (11) 992.13—CL, RM. volver
  • (12) 992.14—CZ. ¶ Bell [1982] enmarca la actitud de Sancho en el tema genérico de la vanidad. volver
  • (13) 993.15—PE, CL, CT. volver
  • (14) 993.16—VG. volver
  • (15) 993.17—CT, RM, Guilbeau [1962], Crosby [1993:s.v. «sastre»]. ¶ Moner [1989a:232-236] estudia los casos litigiosos en el Q. volver
  • (16) 993.18—PE. volver
  • (17) 993.19—MZ, MU; cf. Covarrubias, Tesoro. volver
  • (18) 993.20—CL, MZ. volver
  • (19) 994.21—BW, MZ. volver
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