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Clásicos hispánicos > Don Quijote > Edición. Segunda parte > Capítulo XLV (2 de 3)
Don Quijote de la Mancha

Capítulo XLV
De cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de su ínsula y del modo que comenzó a gobernar (2 de 3)

Todos los presentes se rieron de la multitud de las caperuzas y del nuevo pleito. Sancho se puso a considerar un poco, y dijo:

—Paréceme que en este pleito no ha de haber largas dilaciones, sino juzgar luego a juicio de buen varón22; y, así, yo doy por sentencia que el sastre pierda las hechuras, y el labrador el paño, y las caperuzas se lleven a los presos de la cárcel23, y no haya más.

Si la sentencia pasadaVIII de la bolsa del ganadero movió a admiración a los circunstantes24, esta les provocó a risa, pero, en fin, se hizo lo que mandó el gobernador. Ante el cual se presentaron dos hombres ancianos; el uno traía una cañaheja por báculo25, y el sin báculo dijo:

—Señor, a este buen hombre le presté días ha diezIX escudos de oro en oro26, por hacerle placer y buena obra, con condición que me los volviese cuando se los pidiese. Pasáronse muchos días sin pedírselos, por no ponerle en mayor necesidad de volvérmelos27 que la que él tenía cuando yo se los presté; pero por parecerme que se descuidaba en la paga se los he pedido una y muchas veces, y no solamente no me los vuelve, pero me los niega y dice que nunca tales diez escudos le presté, y que si se los presté, que ya me los ha vuelto. Yo no tengo testigos ni del prestado ni de la vuelta28, porque no me los ha vuelto. Querría que vuestra merced le tomase juramento, y si jurare que me los ha vuelto, yo se los perdono para aquí y para delante de Dios.

—¿Qué decís vos a esto, buen viejo del báculo? —dijo Sancho.

A lo que dijo el viejo:

—Yo, señor, confieso que me los prestó, y baje vuestra merced esa vara29; y pues él lo deja en mi juramento, yo juraré como se los he vuelto y pagado real y verdaderamente.

Bajó el gobernador la vara, y, en tanto, el viejo del báculo dio el báculo al otro viejo, que se le tuviese en tanto que juraba, como si le embarazara mucho, y luego puso la mano en la cruz de la vara, diciendo que era verdad que se le habían prestado aquellos diez escudos que se le pedían, pero que él se los había vuelto de su mano a la suya, y que por no caer en ello se los volvía a pedir por momentos30. Viendo lo cual el gran gobernador, preguntó al acreedor qué respondía a lo que decía su contrario, y dijo que sin duda alguna su deudor debía de decir verdad, porque le tenía por hombre de bien y buen cristiano, y que a él se le debía de haber olvidado el cómo y cuándo se los había vuelto, y que desde allí en adelante jamás le pidiría nada. Tornó a tomar su báculo el deudor y, bajando la cabeza, se salió del juzgado. Visto lo cual por SanchoX, y que sin más ni más se iba, y viendo también la paciencia del demandante, inclinó la cabeza sobre el pecho y, poniéndose el índice de la mano derecha sobre las cejas y las narices, estuvo como pensativo un pequeño espacio, y luego alzó la cabeza y mandó que le llamasen al viejo del báculo, que ya se había ido. Trujéronsele, y en viéndole Sancho le dijo:

—Dadme, buen hombre, ese báculo, que le he menester.

—De muy buena gana —respondió el viejo—: hele aquí, señor.

Y púsosele en la mano. Tomóle Sancho, y, dándoseleXI al otro viejo, le dijo:

—Andad con Dios, que ya vais pagado.

—¿Yo, señor? —respondió el viejo—. Pues ¿vale esta cañaheja diez escudos de oro?

—Sí —dijo el gobernador—, o, si no, yo soy el mayor porro del mundo, y ahora se verá si tengo yo caletre para gobernar todo un reino.

Y mandó que allí, delante de todos, se rompiese y abriese la caña. Hízose así, y en el corazón della hallaron diez escudos en oro; quedaron todos admirados y tuvieron a su gobernador por un nuevo Salomón31.

Preguntáronle de dónde había colegido que en aquella cañaheja estaban aquellos diez escudos, y respondió que de haberle visto dar el viejo que juraba a su contrario aquel báculo, en tanto que hacía el juramento, y jurar que se los había dado real y verdaderamente, y que en acabando de jurar le tornó a pedir el báculo, le vino a la imaginación que dentro dél estaba la paga de lo que pedían. De donde se podía colegir que losXII que gobiernan, aunque sean unos tontos, tal vez los encamina Dios en sus juicios32; y más que él había oído contar otro caso como aquel al cura de su lugar33, y que él tenía tan gran memoria, que a no olvidársele todo aquello de que quería acordarse, no hubiera tal memoria en toda la ínsula. Finalmente, el un viejo corrido y el otro pagado se fueron, y los presentes quedaron admirados, y el que escribía las palabras, hechos y movimientos de Sancho no acababa de determinarse si le tendría y pondría por tonto o por discreto.

Luego acabado este pleito, entró en el juzgado una mujer asida fuertemente de un hombre vestido de ganadero rico, la cual venía dando grandes voces, diciendo:

—¡Justicia, señor gobernador, justicia, y si no la hallo en la tierra, la iré a buscar al cielo34! Señor gobernador de mi ánima, este mal hombre me ha cogido en la mitad dese campo y se ha aprovechado de mi cuerpo como si fuera trapo mal lavado, y, ¡desdichada de mí!, me ha llevado lo que yo tenía guardado más de veinte y tres años ha, defendiéndolo de moros y cristianos, de naturales y estranjeros, y yo siempre dura como un alcornoque, conservándome entera como la salamanquesa en el fuego35 o como la lana entre las zarzas36, para que este buen hombre llegase ahora con sus manos limpias a manosearme37.

—Aun eso está por averiguar, si tiene limpias o no las manos este galán —dijo Sancho.

Notas:

  • (22) ‘como hacen los hombres buenos, por equidad, sin recurrir a las leyes’. º volver
  • (23) Es posible que mediante la disposición de Sancho C. esté censurando la costumbre de asignar a los presos pésimos comisos, como alimentos en mal estado y semejantes. º volver
  • (24) De hecho, la sentencia en cuestión se cuenta un par de páginas más abajo.VIII volver
  • (25) cañaheja: ‘especie de caña, de cogollos comestibles’. El cuento del juicio es tradicional. º volver
  • (26) ‘el valor de diez escudos de oro en monedas de oro’, no en plata ni en vellón. El escudo de oro era moneda escasa, que equivalía a trece reales. Véase I, 23, 251, n. 27. º volver
  • (27) ‘si me los devolvía’. º volver
  • (28) ‘ni del momento del préstamo ni del de la devolución’. volver
  • (29) Para jurar sobre la cruz que tenía incrustada o grabada; el procedimiento era normal. º volver
  • (30) ‘por no acordarse de ello se los volvía a pedir muchas veces, insistentemente’. º volver
  • (31) Alude explícitamente al Antiguo Testamento (I Reyes, III, 16-28). º volver
  • (32) tal vez: ‘alguna vez’, ‘a veces’. volver
  • (33) Puede tratarse de un cuento sobre la vida de San Nicolás de Bari que ya recogió Jacobo de Vorágine en la Leyenda áurea. º volver
  • (34) En esta aparición y petición puede verse un recuerdo de la historia de Astrea. º volver
  • (35) Era creencia común que la salamanquesa o ‘salamandra’ podía vivir en el fuego; con tal significado aparece en la tradición poética y muchos libros de emblemas. El cuento también es tradicional. º volver
  • (36) Posible alusión maliciosa al refrán «Poca lana, y tendida en zarzas». º volver
  • (37) con sus manos limpias: ‘sin merecerlo’, ‘por las buenas’; por las siguientes palabras de Sancho, manos limpias también puede referirse, irónicamente, a la limpieza de sangre del interpelado. º volver

Notas críticas:

  • (VIII) 994.9 pasada edd. que pasó después LO que se referirá después MA1741 om. BAE [SB aventura que el original rezaría pasada después, y el adverbio fue omitido por atracción del de siguiente; en dirección análoga van quienes entienden pasada como ‘inapelable’ y no ven aquí «ni errata ni olvido», sino la «anticipación» de una escena todavía no presentada (VG). Como, sin embargo, el inmediato movió (y no había de mover o cosa semejante; Cádiz, lee con la BAE y a continuación imprime movió después) implica también una acción pasada, y como no hay paralelos cervantinos de una comparación tan precisa entre un episodio por venir y otro recién contado (confróntese, por ejemplo, la duda sobre «la primera aventura que le avino» a DQ; I, 2, 48), ni una alusión de esa índole entra en la lógica narrativa del Q., comúnmente se ha creído que el novelista «se propuso en su imaginación referir el lance del ganadero antes que el de las caperuzas, y al tiempo de escribirlos mudó el orden que se había propuesto» (RAE), o bien «cambió el orden de los incidentes después de redactado» el pasaje (JA), olvidándose «de enmendar esta frase» (RQ), si no es que se produjo un «trastrueque de cuartillas» (CT). volver
  • (IX) 994.14 [A pone 10. volver
  • (X) 995.15 por Sancho LO PE Sancho edd. [Visto lo cual y Lo cual visto aparecen docenas de veces en el Q., siempre con por (o, un par de veces, con de: I, 32, 375, y II, 60, 1123). No pueden equipararse esa fórmula fija y los casos de omisión de habiendo que alegan HZ3, RM y VG. volver
  • (XI) 995.24 dándosele edd. dándesele A volver
  • (XII) 996.7 que los edd. que a los LO HZ FL volver

Notas complementarias:

  • (20) 994.22—RM; cf. Covarrubias, Tesoro. ¶ Para Redondo [1978:60-61], se ubica en la tradición carnavalesca del «juego del tribunal». Eisenberg [1987a:161] señala la antigüedad del «hombre bueno» como juez que recibe personalmente a los pleiteantes y administra justicia rápidamente, y subraya su pervivencia en el mundo árabe; pero en algunas partes de España se ha conservado para disputas menores la institución del hombre bueno o juez de paz. ¶ Abrams [1964] busca la fuente del primer juicio en Italia. volver
  • (21) 994.23—RM. volver
  • (22) 994.25—cañaheja: CL la confunde con la férula, pero Laguna dice: «cómense los cogollos floridos, de la que se parece al hinojo [por el sabor y el olor], fritos y asados en Roma... esta produce un solo tallo derecho, y dividido en muchos cañutos, de los ñudos del cual nacen sus ramos poblados de ciertas hojas menudas y caídas hacia tierra en forma de cabellera» (Laguna, Pedacio Dioscórides Anazarbeo, pp. 322-323). BW anota un cuento semejante en la Lombardica historia de la Legenda aurea, de Jacobo de Vorágine; <PE, SBb, RM. Cf. Sánchez de Vercial, Libro de los enxenplos. ¶ Menéndez Pelayo [1905-1915/62:IV, ap. I, 213] encuentra la historia en una traducción del Bibliomirion de Focio; Guilbeau [1962] lo identifica con el motivo J1161-4 de S. Thompson [1955-1958]; Lida de Malkiel [1976:48-49] aduce la autoridad de Letterio de Francia, Novellistica, para señalar la raíz en el Midrash Raba Levítico; Chevalier [1981:884], tras citar recopilaciones medievales que incluyen el cuento (Espéculo de los legos, Isopete, etc.), niega su transmisión oral y se inclina por la literaria en ejemplarios para uso de predicadores; cf. Ricard [1964:271] y Lecturas. volver
  • (23) 994.26—RM. «El escudo de oro es uno en número, pero vale trece reales» (Pérez de Herrera, Enigmas, p. 138). Cf. Correas, Vocabulario, p. 682b. volver
  • (24) 994.27—RM, MZ. volver
  • (25) 995.29—RM, Salazar Rincón [1986:240]. Cf. Autoridades. volver
  • (26) 995.30—CT. volver
  • (27) 995.31—MZ. volver
  • (28) 996.33—BW, CL, RM, MZ. ¶ Egido [1991b:36-37] comenta la función de la memoria. volver
  • (29) 996.34—Crosby [1993:II, 1097]. volver
  • (30) 996.35—CL, Manero Sorolla [1990]; cf. Ripa, Iconología, I, 304; Covarrubias, Tesoro; DCECH, y Fisiólogo, donde se reproduce el emblema de Francisco I. Puede ser interesante la explicación que se da del emblema, cuando se refiere a las mujeres, en la Hierographia, Egidius Sadeler, Praga, 1600, I, p. 82: «Si de muliere, leviter et amatorie». ¶ Para la tradición del cuento, PE, CL, CT, SBb, RM, que citan El norte de los estados, de fray Francisco de Osuna. Cf. también Marasso [1947/54:163] y Lida de Malkiel [1976:48]. Guilbeau [1962] lo identifica con el motivo J1174-3 de S. Thompson [1955-1958]. Huerga [1981:210-211] señala como fuente inmediata el Aviso de gente recogida, de Diego Pérez de Valdivia. volver
  • (31) 996.36—VG. Correas, Vocabulario, p. 482b, comenta: «Moteja de poca hacienda y caudal, y ese mal empleado y mal gobernado, y enredado». Cf. Autoridades, s.v. «lana». volver
  • (32) 996.37—MZ, RM. ¶ Sobre otros usos irónicos de manos limpias, Rico [1987a:74-75]b. volver
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